domingo, 21 de marzo de 2021

Sin saliva con sabor a alcohol y tabaco, no hay paraíso

Estoy sentado en la cama y la miro a través del espejo donde se está maquillando. Me encanta. 
No sé si me gusta más en este momento o cuando busca mi mirada a través de ese mismo espejo y me pide que la folle más fuerte. 
Le encanta sentir que mis piernas empiezan a claudicar y que mi corazón late desbocado intentando enviarles oxígeno. Y, justo en ese momento, me mira y me lo pide más fuerte. 
Lo hace con una imperceptible sonrisilla asomando en esa expresión de vicio que me tiene enganchado desde el día que la conocí. No siempre lo necesita, pero sabe que me pone.

Mientras la sigo mirando pintarse los labios y ella simula no darse cuenta, me vienen a la cabeza flashes de ayer. Mientras la follaba de pie de espaldas, se estuvo tocando, y se acabó corriendo un par de veces.
Me pidió que llegara en su boca. Que lo necesitaba...que, por favor, no pudiera ni hablar luego. Lo hice, mientras me miraba a los ojos fijamente. Se fue al lavabo y lo escupió.
El suelo había acabado lleno de su flujo. A mí mejor amigo le diré que pude haber chapoteado allí. Él se reirá y me dirá que mi imaginación es admirable.
Volvió del lavabo y, aún desnuda, se arrodilló en el suelo y lo limpió con papel. Me miraba con esa sonrisa de no haber roto un plato, que sabe que me encanta, y me dijo: "¿estarás contento, no?". Asentí sonriéndole, la besé y me fui a la cocina a hacerle su cena preferida.

Me gustan sus senos naturales. Yo los veo perfectos. 
Sé que si ahora mismo le dijera que me encanta mirar sus perfectas tetas de talla noventa, ella me contestaría que no son para nada perfectas y que son una ochenta...y que a ella no le gustan demasiado. 
Recuerdo el primer día que lo hicimos con algo más de luz de la que dan unas velas. Me paró cuando quise besárselas. Me dijo que tenía una cicatriz y que le daba vergüenza. 
No se las operó por estética. La abracé, la besé suave y le dije que estaba increíble. Que se relajara.
Momentos como aquel me llevan a pensar en lo irrelevante de las imperfecciones que a uno le incomodan de si mismo, ante los ojos de quien te mira con los ojos adecuados.

Pero más que sus senos, me gustan sus ojos. Marrones tirando a negros. Grandes y expresivos. Suelen decir mucho más de lo que dice su boca.
El pelo le llega hasta la curvatura donde la espalda pierde su nombre. Lo tiene super bonito. Me refiero al pelo. Pero bueno, ya que estamos, su culo también me encanta. Ella dice que lo tiene "de pato".
Hablaba de su pelo. Es moreno y liso. Se vanagloria de no recordar la última vez en que visitó una peluquería.

Solo hay un problema. Creo que se está arreglando para salir con otro tío. ¿Bajón, eh?, ¿o no?. Sí, para mí también. 
La conocí así y me avisó de lo que había. No tengo nada que reprocharle, pero eso no hace que deje de notar mi corazón latiendo rápido como queriendo salirse de mi pecho.
Tal como se vaya, abriré una botella de vino y empezaré a escribir. Es lo único que podrá hacer que me evada parcialmente de todos mis pensamientos negativos. En realidad es una mierda de solución y lo sé. La botella caerá entera porque escribo lento y bebo rápido. Tan rápido como irán mis pulsaciones.
Me costará dormirme y, cuando lo haga, el alcohol hará que no entré en la fase REM del sueño. Así que me despertaré y, deseando un mensaje suyo, miraré el móvil varias veces.

Me odio. Hasta me he puesto para ella mi sudadera preferida. La que sé que le encanta. 
Una vez me dijo que me veía super guapo en ropa deportiva. Si me hubiera dicho además que le gustaba la marca Adidas con el logo antiguo, hoy por hoy parecería Ruso.
Me gustaría no haberme puesto esta ropa, y no tener estas ganas de estar con ella esta noche.
Tener ganas de sacar el móvil, buscar a alguna chica receptiva en mi agenda, y hacer lo mismo que va a hacer ella. Pero, más que eso, lo que de verdad me gustaría es pedirle que se quedara en casa, que cenáramos juntos y que viéramos una peli...y que hiciésemos el amor. Porque, aunque siempre acabemos follando, a ella le gusta que lo llame "hacer el amor".
He intentado hacerlo. Pero no me nace. Lo fuerzo y, si puedo improvisar algo en el corto plazo en que intuyo los planes que tiene ella y muevo ficha -y dudo mucho que suela intuirlos-, tampoco me da tiempo a quedar con alguna chica que me motive de verdad. A día de hoy, tampoco soy de disparar como el mono al que le das dos pistolas y le abres la jaula.
No sé. Quizás he perdido testosterona. También puede ser. ¿Y qué decir de la ley de la oferta y la demanda, de sus oportunidades y de las mías? "Es el mercado, amigo", que dijo una basura con ojos.

¿Qué cómo empezó todo?, ¿Qué en qué momento me planteé ser su novio?
Debo decir que, a veces, me encantaría ser de esos tíos que buscan a sus novias fuera de discotecas. De los que piensan que las mujeres que quieren llegar a presentar a sus madres, no están en discotecas, bebiendo, fumando y dando "putivueltas". Pero lo cierto es que a mí sí que me gustan ese tipo de chicas. Chicas normales al fin y al cabo, con sus vicios y sus desfases ocasionales. Como yo.
Y hay algo peor. He acabado pensando que yo soy metal y las chicas con novio, un imán para mí. 
Lo odio. Lo he intentando frenar a veces. Algo. No mucho, lo reconozco. No aprendo. Lo pagué. Pero volveré a tener que saldar mis deudas algún día.

Ania estaba increíblemente guapa aquella noche. 
La vi mientras esperaba en la barra para pedir el primer ron cola. Fue el último también. 
Había estado toda la tarde corrigiendo exámenes y comiendo mandarinas. Aquella mezcla de cítricos y alcohol, resultó letal y acabé vomitando como un cerdo en los lavabos de aquella discoteca.
Pero antes de que aquello sucediera y mientras esperaba mi copa, la vi riéndose a carcajadas junto a sus amigas. Con un Gin Tonic en una mano y un cigarro en la otra.
En su sonrisa, pude intuir a una chica feliz por naturaleza. Que si llegaba a compartir algo de tiempo conmigo, haría mi vida más bonita. Y si un día se iba, lo haría cargada de su alegría natural, sin hacer ruido y sin pisar las semillas de felicidad que pudiera haber querido plantar en mi vida.

Odio el tabaco, pero la noche me confunde. Así que mi pensamiento al verla fue algo así como "joder, mirala con todas las manos ocupadas. No le cabe más vicio encima...quiero besarla y que me llene la boca de sabor a alcohol y tabaco". Pero sí le cabía mas vicio encima. Fue casual, pero pude ver como una de sus amigas le metía una piedra, de lo que imaginé que era MDMA, en la copa. 
Ella la miró con una simpática expresión de "tía, te pasas tres pueblos!". Me cautivó esa pretendida falsa inocencia. También eso es un imán para mí. 
Algo sabía sobre aquella droga, también conocida como éxtasis. Básicamente que, por norma general, aumenta la lívido, la perceptibilidad sensorial y que maximiza el orgasmo.

A partir de ahí, no sé cuanto tiempo pasó. Salí del lavabo tras haber vomitado y, sin despedirme de mis amigos, me dirigí a la salida de aquel tugurio. Allí estaba ella. Nos miramos. Ella me sonrió súper pizpireta. Me giré y esperé ver detrás de mí a algún Adonis, pero no lo había. Después me diría que le encantó la broma. Pero yo lo había hecho en serio.
La miré de nuevo, me di la vuelta y di un par de pasos hacia la salida. "Vete, joder, vete...has estado vomitando hace cinco minutos. No es el momento", me dije a mí mismo. 
Me volví a girar y allí seguía. Mirándome sonriente. Caminé hacia ella. Le dije que me encontraba fatal, que me encantaría quedarme, pero que no quería vomitarle el vestido. Me puso su móvil en la mano y me dijo que le apuntara mi número. Noté sus esfuerzos para controlar la mandíbula al hablarme. "Eres tan adorable, como peligrosa para mí", pensé.
Hice lo que me pidió y salí de allí a toda prisa. Vomité otra vez antes de llegar al coche.
Ya en mi cama, desperté seis horas después. En mi móvil un mensaje de ella. Me invitaba a una fiesta aquella tarde.

Siete de la tarde. Llegué a la dirección indicada en el barrio de l'esquerra de L'eixample. 
Aquello era un bajo con una inscripción en la puerta donde ponía algo así como centro cívico de vecinos de L'Eixample. 
Llamé a la puerta. Nadie. Era evidente que ahí no podía haber una fiesta.
¿Me estaría vacilando? Su mensaje me había llegado a las cinco de la mañana. La imaginé drogada, riéndose con las amigas de aquel pringao que le había escrito su número en su móvil aguantándose la vomitina.
La puerta se abrió. Un tipo sin camiseta, con los pezones anillados y ataviado con unos pantalones de cuero, me recibió con dos besos. Ladeé bien la cara. Temí que buscase comisura. Mi estupefacción no me permitió ofrecerle la mano si quiera.
Me invitó a pasar. El local estaba oscuro. "Huye", pensé. Le seguí. Bajamos unas escalerillas y pude avistar una puerta. Adiviné música tras la misma. Era "more than friends" de Inna con Daddy Yankee. ¿Sabéis cuando relacionáis una canción con un momento y luego os eriza la piel ya siempre que la escucháis?
Allí estaba. Más guapa que la noche anterior, si cabía. Me miró sonriente mientras me saludaba con la mano. Hice "efecto túnel" y mi atención solo me permitió verla a ella. Le di dos besos.
No sé cómo pude ignorar así a aquella mole de metro noventa y pinta de tío duro que tenía al lado. 
"Te presento a mi novio", me dijo ella. Su novio me reventó la mano. "Finge naturalidad y sonríe igual que le has sonreído a ella", me dije.

El tipo descamisado, con pantalones de cuero y pezones anillados, que me había abierto la puerta, rompió la tensión del momento y me ofreció enseñarme el local.
¿Quién cojones iba a imaginar que tras aquella puerta con una inscripción donde ponía la palabra cívico, vecino y no sé que mierdas más, había un antro de semejante perversión? 
Desde una habitación "glory hole", pasando por otra con gente atada suspendida en el aire, y acabando por unas inquietantes mazmorras donde, de repente y con toda la naturalidad del mundo, Jordi - así se llamaba el tipo que me había abierto la puerta- me dijo: "Ahí en esa jaula está mi novio".
Jordi tenía pinta de ser concejal de CIU. Pinta de haber militado en las juventudes de Esquerra hace años, para después acabar poniéndose corbata de día y cuero de noche. Y de defender ideologías conservadoras, propias de la burguesía Catalana de rancio abolengo, a la luz del sol, mientras que por la noche montaba estas fiestas en un local, imagino que concedido por el ayuntamiento de Barcelona para fines decentes. No sé que pensaría de todo esto el alcalde de la honorable ciudad condal. Puede que pidiera ser invitado.
La jaula era pequeña. "Hola, soy Roger", me dijo. Roger estaba desnudo y a cuatro patas. 
Sacó una mano y me la dio. Agradecí que no pudiera sacar la boca a través de los barrotes. Ni la boca, ni otras cosas.

Aún consternado y en silencio, avancé de nuevo por aquellas estancias. 
Aquello era surrealista. ¿Qué hacía yo allí?, ¿Por qué Ania me había invitado a aquella fiesta?, ¿ y por qué lo había hecho teniendo novio? Quería un trío, supuse.
Llegamos a la estancia principal de nuevo. Sonaba "Starstrukk" de Kate Perry con 3OH!3.
Ania no estaba, pero sí su novio. Me empezó a hablar. Se mostraba amigable y cercano. Tenia tanta envergadura como corazón.
"Yo estaría tan ricamente en casa viendo alguna serie, pero a ella le gusta venir a estas movidas. Pues aquí estamos pasando la tarde y ella feliz" -me dijo.
"Aishhhh que loosercito" -pensé. Me vino a la cabeza una frase que suele pronunciar uno de mis mejores amigos: "Siendo un conductor mediocre, intenta conducir un Ferrari. Craso error".

En esta noche en que escribo esto, me acuerdo del tipo aquel. Ahora me parece tierno que quisiera ver una peli junto a ella. Ahora...solo ahora empatizo con él. Tarde.
En la noche que relato, acabé follando con Ania en un lavabo de aquel tugurio. Fue totalmente demencial. Muy loco. Tampoco me sorprendí. Tengo la capacidad de intuir cuando el sexo con una chica puede ser de diez. Fue de 9,5 el primer día. Una semana después, le pedí que fuera mi novia.

Ahora, acabando ya este escrito, solo deseo dormirme pronto y despertarme cuando ella vuelva a casa. Que se me siente al lado y me despierte besándome. Que me llene la boca de saliva con aroma a alcohol y tabaco. Si su saliva sabe así, me siento aliviado y pienso que realmente ha estado con sus amigas de fiesta y no con otro tío.
Sabe que me decepciona si no se quita los pantalones, se corre el tanga a un lado y se me sienta en la boca. Siempre lo hace. Hemos llegado al punto en que lo hace y encima siente que me está haciendo un favor.

N. del A.: Los hechos que relato, los personajes, las experiencias y cualquier de los componente que integran esta historia, no son ni autobiográficos ni reales, o al menos no lo son en su totalidad.
Puede que hayan algunos extractos de situaciones reales vividas por mí o por personas que conozca o haya conocido algún día. Puede que casi todo sea ficción aderezada con algún toque de realidad.

domingo, 14 de febrero de 2021

La educación de un futuro "empotrador educado"

Echo de menos trabajar de profesor. Mucho, pero mucho menos de lo que lo echaría si fuese capaz de sentir lo que era estar metido en la loca y extremadamente satisfactoria vorágine que suponía aquel trabajo.
Afortunadamente, ciertos mecanismos cerebrales, sumados a la voluntad real de utilizar la inteligencia emocional de la que dispongas, pueden hacer que te abstraigas con bastante efectividad de aquello que te gusta pero que, por lo que sea, no es aconsejable que siga en tu vida.
Volveré. Me jugaría un dedo. No sé cuando, eso sí. Los caminos del señor son inescrutables y esas mierdas. Y yo, además, soy de desorientarme ante bifurcaciones...incluso en las ya conocidas. Y de perderme y no saber cómo ha ocurrido. Pero suelo acabar orientado y pensando que fue divertido.

Intentaré trabajar en la enseñanza pública. Lo haré así porque creo que hacerlo en la privada es un deporte de riesgo que ya experimenté y en el que hubiese acabado haciéndome daño. Fue divertido, me puso los pelos de punta y no cambiaría por nada aquella experiencia a la que, por otra parte, hice bien en verle la fecha de caducidad.
Por otra lado, intentar aportar en lo público va más conmigo y con mis valores. Y está mejor pagado, que uno es comunista pero no tonto. Aunque bueno, es evidente que alguien que trabaja de profesor, no tiene el dinero situado muy alto en su escala de prioridades.

Recuerdo a algunos alumnos. Personas. Vidas que evolucionaban en edades que no son nada fáciles. Dudas, inseguridades, incertezas y zonas oscuras sin visos de iluminarse. 
Pensándolo bien no veía la vida de muchos de ellos demasiado diferente a lo que es la mía. Pero, eso sí, la edad y los recursos son diferentes. 
Se puede pensar que vaya tela entonces. Bueno, cuando empecé a trabajar de profesor, mi hermano me dijo que me daba tres meses. Luego reconoció que se había equivocado, pero que daba igual, que siempre sería un profesor de broma. Y no se refería a la falta de aptitudes o conocimientos.
En fin, sospecho que el día que me autoperciba muy diferente a un chaval de 20 años, mi vida será una puta mierda y habrá empezado el declive.

Quiero hablar de dos alumnos. De los cuatro años que trabajé en aquel colegio, los tuve tres. Tardaron un año más de lo "establecido" (mierda de concepto) en sacarse el ciclo de técnico en emergencias sanitarias. No fue culpa de ellos, y sí de una mierda de sector y una mierda de sistema capitalista que quiere mano de obra barata para poderla explotar y que te mete en un aula a un chaval de 16 años que no suele estar preparado para un complejo ciclo medio que, sin lugar a dudas, acabará siendo superior.
En el segundo año, les impartía una asignatura nuclear y decisiva. Una asignatura que, en aquel momento, no podían aprobar. No había más. Como me jodía, pero yo tampoco estaba preparado para sacar más de ellos. Y, ¿Qué hace un alumno normal a los 17 años cuando no puede aprobar?. Se frustra, se sienta con el que siente como semejante y se ríen por no follar. Aishhh, lo siento. Era por no llorar, pero es que aquellos dos cabrones eran unos "fuckers" de miedo, así que entre reírse de yo que sé que (de mí, también. Obvio) y mirar el móvil gestionando la "chorvagenda", que diría Will Smith, pasaban la clase como buenamente podían. Y yo los entendía. Joder, tenía que reprenderles de vez en cuando, pero es que no me lo creía.
¿Qué cómo acabó aquello? Se sacaron el ciclo en tres años y, tragándome mi ideología y atendiendo a la realidad, estoy convencido de que, a aquellos dos chavales, el sistema público los hubiera escupido en los primeros meses, mientras que en aquel centro privado se les cuidó gracias a varios profesores que amaban su trabajo y que, sobre todo, veían personas...no alumnos. Y que no entendían de horarios.
Así que aprobaron sin que se les regalase nada y yo fui muy feliz viéndoles disfrutar la fiesta de graduación y la celebración nocturna posterior, que solía ser bastante surrealista a la vez que divertida. 

Quiero hablar de un alumno más y con este acabo. Supongo que no me odia, o sí, yo que sé. El tema es que yo sí me odié en su momento por haberle dicho, delante de todos sus compañeros, algo que, de haber sido yo el alumno y con 16 años, me hubiera hundido en la miseria. Porque hablamos de un chaval que me recordaba bastante a mí a aquella edad: Sumamente tímido, vergonzoso y reservado
Durante una práctica de movilizaciones e inmovilizaciones de pacientes traumáticos, el alumno debía poner un collarín cervical a una de sus compañeras. Para ello era aconsejable desabrocharle algún botón de la blusa que llevaba puesta. Así que él, con absoluto decoro, buen gusto y elegancia, le preguntó si podía hacerlo, mientras procedía y le desabrochaba los botones con delicadeza. En este punto no huelga decir que la chica era atractiva y que él, sudando sangre, temblaba con la cara roja como el mismísimo infierno.

No pude evitarlo. Me salió del alma: "que grande eres...un verdadero empotrador educado". Joder, me olvidé del collarín y del procedimiento que aquel chaval me estaba intentado demostrar que dominaba, y pensé en que me alegraba realmente por él. Me daba igual si ponía bien el collarín o no, y pensé en él como persona. Y vi a un chaval de 16 años lleno de inseguridades, tratando de templar los nervios ante mí y sus quince compañeros, y siendo sumamente respetuoso y "mono" con aquella chica, tratando de hacerla sentir cuidada, cosa mucho más importante que cualquier técnica.

Y aquello, que debería haber pensado, lo dije en voz alta. Y sus compañeros irrumpieron en una sonora carcajada que duró demasiado. No para mí, sino para él, que rojo y no sabiendo donde meterse, también reía intentando que no se le notara demasiado el "tierra, tragame".
Joder, juro que no quise hacerme el gracioso a su costa, pero me enterneció un montón ver como lidiaba con sus inseguridades y lo bien que lo hizo todo. Y saber que, aunque él no lo supiera en aquel momento, dentro de unos años no tendrá ningún problema para estar con chicas, un miedo que a su edad, a mí me preocupaba mucho más que el de sacarme un título. 
Un tío con planta que se irá encontrando y que no sé si será un empotrador o no -creo que ese termino empieza a estar demasiado sobado y que algunas se deben descojonar viendo como, según que "pelapipas" se lo autoatribuye como adjetivo- , pero sí que acabará teniendo acceso a más mujeres de las que pueda necesitar.
Que las que, quizás en aquel momento, le rodeaban y buscaban "malotes" de aspecto más seguro que él, en unos años  estarán hartas de ese perfil y les encantará que él les pregunte con esa suavidad si puede desabrochar un botón. 
Espero que lo haga sin temblar y que no se ponga rojo, pero sobre todo espero que lo siga haciendo con esa delicadeza y educación. 

lunes, 8 de febrero de 2021

Metamorfosis

Cuando el concepto que titula este post es tratado en un libro de autoayuda, suele venir engalanado por una mezcla de positivismo impostado y falso naifismo, que dudo que ni el mismo autor se crea. Por eso no consumo ese tipo de literatura. Y, ¿Qué cojones?, porque, en los últimos años, he leído tan poco que me avergüenza el solo hecho de pensarlo.

Al igual que en la novela de Kafka, no siempre el sentido del cambio es positivo y engrandece el alma. Ojala siempre fuera de pusilánime (alma pequeña) a magnánimo (alma grande), pero no todo el mundo, ni en cada momento de su vida, está preparado para utilizar el dolor y el sufrimiento como detonantes de una evolución positiva.

Recuerdo la última vez en que creo haberlo hecho bien.
Me dolía la espalda. Me dolía mucho. Más de lo que nunca antes me había dolido.
No me acordaba de aquel dolor. Se había ido de mi vida unos años antes. A la vez que aquella chica. 
Ojala no tuviera un recuerdo tan oscuro de aquellos tiempos y una percepción tan cruda de cómo mejoró mi vida tras su marcha.

"Redundar en lo obsoleto, quedarse quieto
Renunciar a los servicios del esqueleto.
Crear un ghetto en el sofá
Despedirse del sol y del viento, morir despierto"

Basureta (tiempos raros) Kase-o.

Si algo bueno tuvo todo aquello, fue adquirir el aprendizaje de que una cosa es lo que te sucede, y otra cómo tú lo interpretes y cómo lo vivas. Y la metamorfosis que sufras dependerá de lo segundo, básicamente.
Esto es algo de lo que tomé conciencia, tras haber intentado no hacerlo (era más cómodo), durante las diferentes fases que se suelen experimentar en este tipo de procesos.


Otro conocimiento al que llegué, en este caso en la primera fase de aquel proceso, y gracias a la ayuda de un médico, fue que yo no necesitaba una mierda de pastilla para salir de aquello. No me dijo que no pudieran ser útiles o que alguien no pudiera necesitarlas en un momento dado. Tan solo que él me conocía y que yo no las necesitaba en aquel momento. Que él no iba a recetármelas.
"Su puta madre...", pensé. "¿tú sabes lo que me ha costado pedir ayuda y la vergüenza que me da esto?...no es un capricho, joder. Creerás conocerme, pero llevas toda la vida felizmente casado y no tienes ni puta idea de lo que estoy pasando". En realidad no estaba enfadado con él. Solo desesperado. Aún tengo relación con él y con su maravillosa mujer. De hecho, siento que son de esas personas que, por algún motivo, estaban predestinadas a llegar a mi vida.

Quizás, en vez de reproducir unos versos de Kase-o, algún día me apetezca escribir aquí mis propias líneas sobre aquellos días. Quizás no. Me llena más escribir sobre los innumerables bonitos recuerdos que han dejado en mí otras experiencias que la vida ha tenido a bien regalarme. Quizás es gracias a aquella experiencia, de la que prefiero no escribir más, que he logrado obtener bonitas y valiosas improntas de todo lo que vino después, pese a que no siempre tuviera un final perfecto.

Me he ido por las ramas. Hablaba de mi espalda. Me dolía mucho. El dolor se había extendido hacia mis abdominales y aquella noche de sábado no había llegado a conciliar el sueño aún. Eran las 2 de la madrugada y, sentado al filo de la cama, adoptaba posición fetal e imagino que me preguntaba porque no estaba en Castelldefels en aquel momento, dopado con risas, alcohol y "putivueltas" junto a mi amigo habitual en ese tipo de "quehaceres" nocturnos.
La compañera de trabajo (y amiga) que me había estado pinchando los días anteriores en el colegio, tenía miedo de que aquello pudiera ser una neoplasia abdominal fulminante, como la que había afectado recientemente a un conocido suyo, así que me había repetido varias veces que había hablado con la supervisora de urgencias del hospital de Manresa, y que, por favor, lo hiciera por ella y fuera ya a visitarme.
¿Os digo la verdad?. Puede que suene inconsciente y hasta algo idiota, pero me cuesta visualizarme muriendo y mucho menos me produce miedo la idea de que pueda suceder. Pero, ¿sabéis lo que sí me aterraba?. Que se presentara una chica en mi cama y mis prestaciones sexuales estuvieran a la altura de las de un viejo reumático. Y eso es lo que no había sucedido un par de noches antes. Lo cierto es que gracias al vino, a la analgesia -estupenda combinación- y a los esfuerzos invertidos, debido a mi enfermiza necesidad (parcialmente tratada por una pastilla llamada "paso de los años" ) por hacerme con un hueco en la memoria de chicas que puede que no vuelva a ver nunca, aquel miedo se había esfumado y ya no suponía una carga añadida, al dolor físico que padecía en aquellos días.

Como decía, acuciado por aquel dolor, y por respeto a las palabras y miedos de Esther, crucé Manresa caminando en aquella fría noche otoñal y me puse en manos de una maravillosa médico y una enfermera. Me hicieron pruebas, calmaron mi dolor y me hicieron sentir cuidado durante unas horas en las que, incluso, pude dormir. Eso sí, volví a casa con lo mismo con que había ido hacia allí: Sin un diagnóstico claro y con el convencimiento de que mis dolencias de espalda no tenían un origen orgánico y sí emocional. Bueno, miento. Volví con algo más: el triste convencimiento de que aquel curso debía ser el último que pasara en aquel centro educativo.
Y con una misión: Conseguir sintonizar lo que me decían mi cabeza y mi corazón. Y esa sí que es una de las metamorfosis más difíciles que el ser humano debe afrontar durante su vida.

sábado, 23 de enero de 2021

El post que no leí...con vistas a Montserrat

Sentado en la mesa del rincón del fondo de mi cafetería habitual, espero que la camarera me sirva el café "cortado" que he pedido.
Ya la conozco. Tardará. No ha nacido para este trabajo. Vete a saber en que circunstancias se ve obligada a ejercerlo. Pero eso sí, sonríe y le pone actitud. En todo caso, no tengo prisa, así que no seré uno de esos mezquinos que hagan su día peor. Escuché una frase: "Se conoce a las personas por cómo se comportan y cómo les hablan a los camareros". Me gustó. Pero me gustó más aquella que Kase-o dijo en una canción: "Quiero servirle un café a esa camarera cansada".

Antes de irme, espero acordarme de llevarle la bandeja al mostrador. Me lo enseñó una chica. Me dijo que a la camarera le haría un gran favor. Más tarde, cuando la vida separó nuestros caminos y yo no abandone el buen hábito, alguna sonrisa me hizo intuir que toda acción tiene, o puede llegar a tener, una reacción. Bueno, es otra forma, diferente y más elegante, de conseguir una sonrisa. El "sonríe guaaapa, que etaaa mu seriaa" es tan Español, como vomitivo y manido.

Me entretengo escuchando la música clásica del hilo musical del local. También miro el cuadro que tengo delante. Me gustó desde que lo vi. No me interesa saber quien es su autor. Hay temas sobre los que, a pesar de lo que me gustaría que no fuera así, siento un profundo desinterés.
Cuando llegue el café teclearé el sitio web de mi blogger favorito y leeré su último post. No antes. Es uno de mis grandes placeres en esta vida. A veces, si puedo, condiciono la visita a la cafetería al hecho de que él haya escrito algo nuevo.

Entra una pareja. Se me sientan a dos mesas. "Mierda, como hablen mucho, me joden el momento". 
Mis capacidades sociales han mejorado bastante en los últimos años, así que podría sacrificar el momento por un "amigue" (te jodes si eres un "antipodemita" y te molesta el termino. Yo no soy podemita, pero tampoco estúpido) que irrumpiera por aquí casualmente, pero no por aguantar cerca una conversación ajena.

No hablan. Bien. Él se levanta y coge el periódico. Ella saca el móvil. No se miran.
Dos minutos después llega mi café. Ya estoy tecleando el link y la escucho a ella proferir unas palabras casi guturales: "¿No quieres que hablemos?". Levanto la vista, disimuladamente. Él no lo hace. Por no haber respuesta, no la hay ni gestual.
Finjo que miro el móvil, pero acabo de perder todo interés por el post que quería leer. Puede esperar.
A ella se le están humedeciendo los ojos. Supongo que él le va mirando de reojo y se ha dado cuenta. "¿De qué quieres hablar?. Ya está todo claro", le acaba contestando sin mirarla apenas.
La humedad en los ojos de ella y el tono tosco en la boca de él, hacen que me posicione. No tengo fundamentos para ello. Creo que el carácter que recuerdo de mi padre y sus consecuencias, hacen que, instintivamente, me violente cuando veo a un hombre ser tosco con una mujer. Ni que yo no lo hubiera sido alguna vez. No soy capaz de recordar la ultima vez, eso sí.
Soy bastante más crítico con los hombres que con las mujeres, así que me centro en él. De mediana edad, "calvito" (no calvo. Vamos, que no es Jason Statham) y con aparente menos sangre que un paciente en shock hipovolémico de grado IV, flipo con su actitud.
Diría que ella es 5 o 6 años menor que él. También que se cuida más, y hasta me atrevería a decir que lo hace para él. A pesar de que diría que hace ya algún tiempo que apenas se la folla una vez cada quince días...con suerte. Bueno, mejor dicho, que tienen sexo, porque, en realidad, seguramente ella ya no sabría decir cuando fue la última vez que se la folló. Siento lo soez del termino, pero hay matices que deben ir asociados a según que palabra, aunque no sea la más elegante del mundo. Siento también el rol que parezco asignarles en la relación sexual. Ramalazos de haber nacido en los 80.
Intuyo en ella una fuerte sexualidad. No hay un porqué en este caso. No hay motivo objetivo. La intuyo y punto.

Una chica entra al local. Es de esas que si no te salta el radar, lo mejor que puedes hacer es donarla a la ciencia y que estudien el proceso que lleva a un hombre a convertirse en un mojón. Y en esas, me veo yo convertido en un mojón. Desactivo el radar y me centro en él. Ella va a pasar por delante y estoy deseoso por ver si se corta o decide mirarla pese a tener delante la mirada húmeda de su mujer.
"Toma, toooomaaaa!!". Resulta que el calvito tiene sangre, y también la nula decencia de no haber disimulado ni un ápice. Yo que sé, quizás son swingers y no le dan importancia a aquello de los radares y la monogamia. Pero hay momentos y momentos.

Game over. Las obligaciones me llaman y no hay tiempo para más. Me levanto, llevo la bandeja al mostrador y pienso que la que me lo enseñó, me habría dicho:"Naisssssssssss!!" (de nice en inglés). 
Camino por la calle sintiéndome la mismísima bruja Lola. Puedo ver el futuro. Le veo a él cocinando un par de huevos fritos (unos Espaguetis a lo sumo), mientras llora pensando en a ver si reúne ánimos para apuntarse a salsa y algo de dinero para un viajecillo a Turquía.
A ella la visualizo haciendo el "click" en 4 días e invocando a la jodida virgen del tiempo perdido, mientras, entre gemidos y alguna palabra malsonante, mira a Montserrat.
 
Me doy cuenta de que, a lo tonto, no he leído mi post. "Puta Bida"

P.d: La historia sucedió en Manresa. De ahí lo de Montserrat. En todo caso, la misma historia podría haber sucedido en Cuenca.

sábado, 9 de enero de 2021

Un viaje por Antioquia sobre la bicicleta de Hofmann

Albert Hofmann fue un científico Suizo que, el 19 de abril de 1943 y de forma totalmente accidental, sintetizó una sustancia llamada dietilamida de ácido lisérgico, más conocida como LSD.
Tras manipular la sustancia sin guantes y absorber una mínima cantidad a través de la piel, Hofmann empezó a sufrir sus efectos alucinógenos, así que decidió volver a casa en Bicicleta. 
Aquello ocurrió en el contexto de la segunda guerra mundial y, aunque en Suiza apenas cayeron bombas, en el cerebro de Hofmann hubo una explosión de nuevas sensaciones y percepciones.
Murió a los 102 años de un infarto de miocardio y, si eres aficionado a la bici, quizás te hayas dado cuenta de que el día mundial de la bicicleta se celebra el mismo día en que Hofmann hizo su descubrimiento
Hofmann saliendo "colocado" de la actual farmacéutica Novartis, antes Sandoz

A parte de lo interesante que pueda resultar lo escrito aquí arriba, espero que también haya supuesto una buena introducción a la verdadera historia protagonista de este post:

Mientras aún corría, sin haber llegado a detener aquella última zancada, supe que los dientes de aquel perro se acababan de clavar por encima de mi tobillo. 
Lo sentí como una pedrada que no me esperaba. Y es que no me suelo esperar lo malo que me sucede, aunque sea evidente que va a suceder. Como lo había sido cuando aquel perro había empezado a perseguirme y, mientras yo me alejaba de su propiedad, iba escuchando sus ladridos cada vez más cerca. Justo después, el silencio. A continuación, mis tejido epitelial y adiposo se desgarraron..
El hecho de haber podido acabar aquella zancada y haber hecho alguna más para abandonar su territorio y alejarme del peligro, era tan buena señal como motivo del desgarro. 

A pesar de estar bajo los efectos de la adrenalina y del LSD y, en consecuencia, de tener alterada la sensibilidad, no hubiera podido acabar aquellas zancadas si la mordedura hubiera sido mas profunda y hubiera lesionado algún músculo o tendón.
Paré, me miré y vi cómo la sangre manaba con alegría y empezaba a manchar mi calcetín.
El perro se dio la vuelta, deshizo unos cuantos metros y me seguía ladrando amenazante. Era pequeño. Me alegré de que el LSD no hubiera convertido a aquel "little shit" en un Pit Bull, dentro de aquella percepción semialterada que, desde unas horas antes, estaba teniendo del mundo que me rodeaba.
Me sentí vulnerable. Me acordé de ella y la eché de menos. Me había sobrado cuando unos meses antes me mordió un gato callejero y me insistió en que fuésemos a urgencias y que me pusieran la vacuna antirrábica. Para ser más exacto, no me había sobrado ella, sino su preocupación por mí. 
En alguna ocasión le había dicho, irónicamente, que no entendía cómo, sin ella y sus directrices, había conseguido solventar con relativo éxito aquellos primeros 39 años de mi vida.
Mirándome aquella herida, pensé que si le hubiese hecho caso, ahora la rabia no sería una de mis preocupaciones. Lo cierto es que, siendo coherente, mi preocupación tampoco tenía demasiado fundamento. Hacía años que la rabia había sido casi totalmente erradicada en Colombia.

En verdad, nunca me sentí en peligro durante el episodio que acabo de relatar, a diferencia de como sí sucedió en alguna etapa anterior de aquel "viaje" psicotrópico.
De hecho, unas ocho horas antes, cuando aún no había puesto aquel papel bajo mi lengua, una de las especies de serpiente potencialmente letales que pululan por allí, irrumpió en el porche de casa para amenizarnos el desayuno.
"Rabo de Ají", si mal no recuerdo

Fue un inquietante preludio. ¿Quizás aquello me pudiera condicionar y pudiera acabar teniendo alucinaciones con enormes serpientes o dragones que me perseguirían y acabarían desencadenando en mí un brote psicótico o algo parecido?
El papel se deshizo y el ácido me fue transportando por las etapas iniciáticas del aquel viaje: La impaciente espera, las parestesias en extremidades, cierta sensación de algo parecido a la flotabilidad, y la progresiva transformación del, ya de por sí, intenso verde antioqueño, en un luminoso y casi fantasioso verde. Un verde que tapizaba las veredas que me rodeaban, para acabar uniéndose a un cielo donde las nubes correteaban a una velocidad excesiva, conformando locas figuras tan bonitas como efímeras.
Llegó la sensación de intemporalidad y salí de la finca. Tomé un sendero ya conocido y empecé a meterme jungla adentro. Crucé varias quebradas (ríos) y pasé a una vereda desconocida. Calculaba que si la remontaba y la volvía a descender, acabaría en una nueva quebrada cercana a una pista forestal que me llevaría a casa. Sé que mi capacidad para orientarme es paupérrima, pero suelo acabar dejándome llevar por el optimismo y pensando que acabaré encontrando el camino. Fallé, como tantas otras veces.
Totalmente desorientado en tiempo y espacio, empecé a vagar sin rumbo. La espesura de la jungla ocultaba una luz solar que, por otra parte, empezaba a menguar, mientras que una típica tormenta Antioqueña empezaba a amenazarme en forma de sonoros truenos.
Remonté la vereda de nuevo y me di cuenta de que estaba en la mierda. Perdido, con la noche echándoseme encima y no teniendo muy claro si me movía o no, o si el tiempo avanzaba o no. Quizás todo era una ilusión. Quizás el hecho de que algunas ramas verdes me pareciera que podían ser serpientes, hasta que no las miraba bien, fuera un signo inequívoco de que estaba delirando.

Yo crecí en Valencia en la época de la "ruta del BaKalao". 
Pasé mi infancia y adolescencia oyendo hablar de tipos que se habían quedado "lelos" por un mal "tripi". Así que empecé a pensar que quizás ahora era uno de ellos y que podía ser que mi vida hubiera acabado, al menos, tal como la entendía hasta aquel momento. Imaginé que, en ese caso, mi madre y mi hermano se ocuparían de repatriarme y que velarían por mí.
Otra opción que barajé es que quizás "mi vida" nunca había existido y que todo había sido una ilusión fruto de algún otro "viaje" al que, desde luego, no recordaba haberme expuesto. Quizás es ahora cuando estaba lúcido.
Miré mi reloj y fui capaz de pensar con coherencia. La hora concordaba con la luz solar del momento, y que estuviera allí perdido era una opción más que realista tratándose de mí. También era realista que  cayese una tormenta del carajo, y, desde luego, también que yo estuviera andando por aquellas montañas ataviado únicamente con mis andrajosos pantalones cortos azules.
Las veredas que rodean el pueblo de San Carlos de Antioquia

Necesitaba tomarme aquello en serio y encontrar cuanto antes algún camino que me sonara. Si, pese a estar bajo los efectos de aquella sustancia, todo aquello no era una ilusión, no tenía ningunas ganas de tener que dormir en la selva aquella noche, medio drogado, medio hipotérmico y esperando que uno de aquellos grandes felinos que a veces se acercan a las zonas menos remotas de aquellos parajes, no me tomara por una posible presa.

Empecé a correr. Tras unos minutos remontando un abrupto e inteligible sendero, un enorme sapo se interpuso en mi camino. "Menudo cabrón, o es el puto macho alfa de los sapos de por aquí, o mi intoxicado cerebro me la está jugando...". Salté y seguí corriendo. De repente y sin previo aviso, una destartalada casa apareció en medio de aquella jungla. "¿En serio?...no puede ser. Nadie puede haber construido esto aquí. Estoy alucinando claramente".
Grité, llamando al posible morador de aquel tugurio. Si llegaba a salir alguien de allí, ¿Qué pensaría de mí?. Entre aquella descuidada barba, medio desnudo y empapado de sudor y del agua que ya había empezado a caer, prefería no pensar en la impresión que le podía dar. Por no mencionar cual podía ser la expresión de mis ojos.
Mi look en aquellos días

Repetí mi llamada. Veía en quien pudiera vivir allí, mi última oportunidad para orientarme y salir de allí. Oí una voz, y la figura de un hombre de edad avanzada empezó a caminar hacia mí. Totalmente desdentado y con un simpático acento Colombiano, me indico cómo salir de allí. 
Me costaba mucho entenderle y ya no sabía si era por él o por mí. Le di las gracias por su amabilidad. Me preguntó por mi procedencia y por el motivo de que anduviera recorriendo aquellas montañas.
Yo prefería no hablar mucho. A parte de que no me sobraba el tiempo, temía como pudiera estar afectando aquella sustancia a mi dicción, así que le contesté de forma concisa. Me miraba sonriente. "Que guapo es usted", dijo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Terror. Miedo, sosegado y quizás amortiguado por el ácido lisérgico, pero miedo al fin y al cabo.
Crecí escuchando al Chivi, y la canción "El abuelo es gay", me marcó. Aquel hombre desdentado y semidesnudo me seguía mirando, mientras yo no tenía nada claro si mi capacidad motriz era la habitual o, si debido a aquel ácido, se estaba viendo mucho más afectada de lo que yo era capaz de percibir. 
Si sacaba un palo e intentaba golpearme en la cabeza, quizás no pudiera reaccionar y quedaría inconsciente y vendido a yo que sé que sátiros deseos que aquel tipo pudiera tener. Para que os hagáis a la idea, la sodomía era lo más soft que pasaba por mi cabeza.
"Muchas gracias!", le dije. Salí corriendo. Avanzaba con aparente normalidad y los escenarios iban cambiando. De momento ya no veía aquella extraña construcción. ¿Por qué aquel hombre me había dicho que era muy guapo?. No me conocía de nada. ¿Había sido inocente amabilidad o pretendía algo más?. El peligro había quedado atrás y pude respirar.
Acabé encontrando el camino y, unos tres kilómetros antes de llegar a casa, me mordió el perro del principio de este relato.
Llegué a casa. Thor me llevó al hospital y allí me suturaron.
Aún compungido, le relaté a Manu mi encuentro con aquel hombre y su desafortunado piropo, en mi opinión. 
Manu, con su habitual simpática expresión y entre risas, me explicó que si aquel hombre me hubiera querido piropear, me hubiera dicho "lindo" o algo similar, y que, para ellos, "guapo" significaba valiente.
Me calenté algo de comida, me senté y empecé a cenar. Mi comida estaba fría. Ellos se reían y yo no entendía nada. Al día siguiente me explicaron que lo que yo interpreté como unos minutos donde me había estado calentando la comida, en realidad fue una media hora donde estuve delante de la cocina mirando la olla y sin ponerla a calentar.
Empecé a sentir que volvía. Miré el reloj y habían pasado unas 10 horas desde que todo había empezado por la mañana.
Me acosté en el Sofá junto a Aura. Polo, acostado en el suelo, nos cuidaba. Me dormí

Foto que, desde la primera planta de la casa, Thor inmortalizó

N. Del A: Todo lo relatado aquí sucedió de verdad, pero no en el orden descrito, ni en el mismo día, ni bajo los efectos del LSD. 
Aunque el "viaje" sí sucedió en realidad, durante el mismo, nunca salí del recinto de la casa donde, no obstante, sí había una quebrada, abundante terreno y una vegetación que contribuía a la sinergia química entre el mismo entorno, la sustancia y el individuo.
También es cierto que aquella peligrosa serpiente vino a visitarnos una hora antes de ingerir la sustancia. También mi descanso final, junto a Aura y Polo, aquel día.

También aclarar que, aunque no me arrepiento de la experiencia, espero no repetirla y, desde luego, no la recomiendo.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Los fuegos del hambre

6:40 am. Suena el despertador. Hoy no voy en bici al trabajo. La dejé en el mecánico y espero recogerla mañana. 
Me espera el metro y el tren. De la línea cuatro a la uno, y transbordo a la R4 de Renfe. 
Una hora de viaje plagado de desventajas respecto a lo que supone el mismo trayecto en bici. Puedo relativizar el innecesario dispendio de 1,35e o los veinte minutos que pierdo, pero observar los caretos de funeral que llenan los vagones o mirar compulsivamente mis redes sociales para evadirme de ellos, son factores que me restan ya de buena mañana. Y no está la cosa para andar desgastándose a lo tonto, porque, ya en el trabajo y con algo de suerte, hoy solo me veré obligado a hablar de la puta vacuna unas setenta u ochenta veces.
La sección de noticias  de FCB me ha contado que el agua inicia su cotización bursátil de forma masiva, y que los países del primer mundo están comprando vacunas de sobra y, en consecuencia, en los del tercer mundo nueve de cada diez personas no tendrán acceso a la misma.
También me informa de un incendio en Badalona. Parece ser que esta noche ha ardido una nave industrial plagada de unos 130 inmigrantes y okupas. Menos hablar de seres humanos o de personas, utilizan cualquier palabra que acabe criminalizando a las víctimas. 
Los medios de propaganda lo hacen "disimuladamente". ¿Para que quitarse la mascara y exhibir la psicopatía? Queda feo y sería poco inteligente. Saben que en unas horas aparecerá el miserable y fascista alcalde de Badalona, Josep Albiol, y soltará alguna de sus perlas, poniéndoles en bandeja los titulares entrecomillados.
Me viene a la cabeza Mahamadou. Quizás se hallara en aquella nave que ayer ardió. 
Le conocí hace dos semanas durante la realización de un censo de la gente que duerme en la calle en la ciudad de Barcelona. 
Para quitarle hierro al asunto, quizás te conté que me apunté a aquella historia para ver si, así de rebote, conocía a alguna chica que mereciera gestar un hijo mío. Bueno, más allá de la broma idiota, la verdad es que no es así, y lo cierto es que vi en aquella iniciativa una posibilidad fácil de hacerme más consciente en algunos sentidos, y de no andar por el mundo con la conciencia tranquila por dar una moneda de vez en cuando a alguien a quien ni miro a la cara porque me incomoda hacerlo, o por pagar esa cuota anual de alguna iniciativa solidaria que ni recuerdo ya en que consiste.
Tras haber recorrido, durante dos horas, la zona que se nos asignó en el barrio de la Barceloneta, solo habíamos encontrado un "homeless" que censar. El tipo era Marroquí y solo pudimos asignarle ubicación en el mapa de la APP, ya que prefirió no participar en el cuestionario. "Iros a tomar por culo con vuestra falsa solidaridad burguesa", imagino que debió pensar. No le culpo. Cuando nos íbamos de allí, nos llamó gritando. Pensamos que se lo había pensado mejor y quería participar. Pues no, ni quiso los 5e que se les ofrecía por hacerlo, ni el fular que a uno de los tipos que iban conmigo se le había caído del cuello, y que educadamente le devolvió.
Ya llegando al punto de encuentro, en el paseo frente al restaurante Salamanca, apareció Mahamadou. 
De raza negra, ataviado con una chaqueta vieja y sucia, bailando borracho y con una mirada mas inquietante que encontrarte a tus padres en un club de intercambio de parejas.
Paró de bailar y le propusimos participar en la movida. Entornó sus ojos idos. Ahora eran ojos idos y tristes. No podía evitar mirar sus dientes rotos y desmejorados. "¿droga?", pensé.
El tipo había salido de Gambia hace un par de años. Junto a su hermano y un par de amigos, había cruzado varios países Africanos y había entrado a Libia, un país de esos que occidente destruyó en 2011 mediante una guerra infundada e innecesaria, mientras ahora, con la paciencia propia del que le sobra, espera el momento de lucrarse cuando las aguas se calmen por allí y tome el poder algún tipo tan o tan poco detestable como pudiera serlo Muamar el Gadafi, pero que, eso sí, colabore y sea dócil ante el imperialismo occidental.
Desde aquella guerra, Libia anda atestado de grupos terroristas, grupos rebeldes y mafias que trafican con esclavos. Y siendo que el país es una de las puertas de acceso "fácil" al sueño Europeo, Africanos de diversas partes del continente, acaban allí. Unos muertos, otros esclavizados y otros traumatizados de por vida.
Mahamadou era de estos últimos. Difícil no quedarte algo tocado y darte al consumo de lo que pilles, si has visto como le pegaban un tiro en la cabeza a tu hermano, han secuestrado a tus amigos, y tú andas solo por el mundo con la boca reventada y la cicatriz de un machetazo en el abdomen que no te mató de milagro. En esas condiciones, el tipo había cruzado a Italia, Francia y había llegado a Barcelona.
Aquella noche nos dijo que llevaba un par de años durmiendo en una nave que se había quemado unos días atrás y que ahora andaba junto a la comunidad Senegalesa que anda por el barrio.
A mí no se me ocurrió más que darle la gratificación de 5e con los que la ONG "Arrels" gratificaba a los "sintecho" que participaran en el "tinglao". 
La inútil tristeza que sentí y la sensación de amargura con la que me volví a casa, no me dieron ni para acordarme de que debajo de mi cama tenía un saco de dormir que le podía haber llevado. En fin, quizás él ya tenía uno y cuando volví con la bici a la noche siguiente para ver si le encontraba y lo podía necesitar, ya no le encontré.
La Barceloneta, ejemplo claro de los efectos de la globalización, en el buen, pero sobretodo en el mal sentido.

Supongo que la nave que ardió ayer en Badalona, estaría repleta de tipos hambrientos con historias parecidas a las de Mahamadou, pero basura como Albiol y sus votantes se llenaran la boca de palabras como inmigrate u Okupa, mientras la mierda de medios, supuestamente progresistas, que te informan, te alertaran sobre la supuesta peligrosidad de una sociedad polarizada y te dirán que el mismo peligro supone la izquierda "radical" (la que, básicamente, abastece a iniciativas solidarias como la que he relatado) que la extrema derecha.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Un café sobre un refugio antiaéreo

Echo de menos el último rincón donde me sentí a gusto al cien por cien tomando café. 
Situado en Manresa, unos dos cientos metros antes del convento de Santa Clara en la calle homónima, fue un lugar de esos donde, a parte de haber llegado a desarrollar cierto sentimiento de pertenencia, me sentía totalmente cómodo y en paz. 
 El local se llama "El mirador" y es que, desde su minúscula y soleada terraza donde apenas caben tres mesitas, las vistas son privilegiadas. La panorámica incluye la montaña de Montserrat perfectamente perfilada de fondo, la Basílica de Santa Maria de la Seu, el Pont Vell sobre el río Cardener, y un montón de huertecillos que, escalonadamente, van bajando desde aquella zona  de la capital del Bages, hacia la carretera C-1411Z.
Como si de una maqueta se tratara, los trenes "dels Catalans" (como se les llama coloquialmente por aquí, para diferenciarlos de los de Renfe) surcan los huertos y se pierden (o emergen de él, según el sentido) en un pequeño túnel que atraviesa la montaña, para salir de nuevo de ella y discurrir paralelos al curso fluvial del Llobregat en su trayecto por las comarcas del Bages y del Baix Llobregat, hacia Barcelona. 
Ni los trenes consiguen elevar demasiado los decibelios del lugar.

Mientras arreglaba mi mundo, unos cuantos cafés cayeron aquí

Empiezo a escribir este post desde uno de los numerosos cafés ubicados dentro de la estructura metálica del edificio del "Mercat" de la Barceloneta, en la Plaça del Poeta Boscà.
Se trata de un local bien iluminado por un sol que entra libre y que se mete, literalmente, casi hasta la cocina. 
No tengo claro que acabe convirtiéndolo en mi refugio ocasional para escribir o leer un rato a media mañana. Demasiado ruido y unos precios sobredimensionados, propios del típico local donde queda cool dejarse ver tecleando un ordenador blanco. 
Bajo mis pies tengo uno de los 1300 refugios antiaéreos que se construyeron para que la población Barcelonesa se resguardara de los 194 bombardeos que durante la guerra civil Española perpetraron aviones de los ejércitos aéreos alemanes e italianos, principalmente. 
Franco obtenía ayuda para masacrar a sus compatriotas, y dos de los países que unos años después constituirían el bloque del eje en la segunda guerra mundial, afinaban sus juguetes en un campo de pruebas real.
Panfletos de propaganda alentando a la población a construir los refugios

Entrada de uno de aquellos refugios antiaéreos 
 
Si ladeo mi cabeza hacia la derecha, casi puedo ver la salida posterior de la iglesia de Sant Miquel del Port, cuyo portón da a un pequeño callejón que desemboca en la Plaça del Poeta Boscà.
Aquella iglesia fue ultrajada por el bando nacional y la campana de la misma fue lanzada al mar por los militares que la usurpaban. Cuando acabó la guerra, fue rescatada por un buzo y volvió a su lugar de procedencia.
Aquellos vomitivos fascistas, no muy diferentes a Santiago Abascal y a toda la basura nazi que hoy ha llenado de estulticia moral la Plaça Sant Jaume, son muy de respetar los símbolos religiosos, pero imagino que de vez en cuando hacían excepciones, e imagino que el clero Catalán no debía ser muy de su agrado, ya que tengo entendido que, en aquella época, era uno de los pocos refugios que tenía el pueblo Catalán para hablar su idioma con libertad.

Mientras todo aquello pasaba, la unión Soviética enviaba asistencia humanitaria en forma de víveres y ropa por valor de veinte millones de rublos, en un gran barco que Iósif Stalin ordeno fletar para apoyar a la población de la ciudad Condal. 

La multitud en Puerto de Barcelona, recibiendo al barco soviético Ziryanin el 14 de octubre de 1936

Varios barcos parecidos al Ziryanin, se llevaron a la URSS a 7000 Españoles. Entre ellos, a los famosos "Niños de Rusia", unos 3000 niños que fueron salvados de la guerra y a los que en la unión Soviética se les dio cobijo, educación y ocio.

Cola en Barcelona para alistarse en las milicias del POUM (partido obrero de unificación Marxista)

No es de extrañar que el movimiento antifascista y el Comunismo acabaran arraigando de alguna forma en la ciudad de Barcelona, y que, a día de hoy, Catalunya sea uno de esos bastiones del país donde uno puede decir orgulloso que al fascismo se le mantiene a raya.

Algunas de las fotos de este post son parte de una interesante colección de fotografías que hizo Antoni Campañà durante la guerra civil, y que se encontraron casualmente unos años después en el desalojo de una casa de Sant Cugat del Valles que iba a ser derruida.