viernes, 19 de julio de 2019

Desde Tallin, mitad diferido, mitad directo.

9:00 am del lunes 8 de julio.
Escribo muerto de sueño y muy espeso mentalmente. a miles de pies del suelo, en un avión que vuela rumbo a Helsinki, 
Debería intentar dormir, pero sé que sería inútil, así que, canalizando mis pensamientos en este escrito, intentaré lidiar con los que espero que sean los últimos coletazos de la tormenta emocional que ha supuesto para mí el último mes.
Mi madre, que me quiere como solo una madre y pocas personas más en el mundo me pueden querer, nos ha llevado al aeropuerto del Prat a las 6:00 am.
Allí, delante de la terminal 2, he estado luchando, junto a mi hermano, que me acompaña en el inicio de esta aventura, con una caja que contiene todo lo que necesitaré en estos próximos meses: Una bici, una tienda de campaña, un saco de dormir, un hornillo y algo de ropa.
Esta noche, tras pasar el día pedaleando por Helsinki, cruzaremos el mar báltico en el ferry que une la capital de Finlandia con Tallin, la capital de Estonia. Si todo sale bien, dormiremos en un hostel del litoral de la capital Estona y durante los próximos 12 días recorreremos en bici parte de estas maravillosas repúblicas bálticas, de las que tanto me queda por ver y que tanto me gustan.

Más allá de lo relatado, mi futuro es incierto y algo imprevisible. De momento, solo sé que tengo pocas ganas de planificar nada, y muchas de fluir, de pedalear a diario en busca de bonitos lugares de países nórdicos, de escribir más, de vegetar, leyendo acampado junto a orillas de lagos, ríos o mares, de bañarme en ellos, y de lo que surja.
Atrás queda el trabajo más bonito y enriquecedor que había tenido hasta ahora, los mejores compañeros que nunca hubiese podido imaginar, y un ático mágico que también ha contribuido a que mi tiempo en Manresa haya sido un periodo de mi vida que siempre guardaré como un preciado tesoro. Al igual que a personas importantes que han ido apareciendo, de forma más o menos casual, o con las que he estrechado lazos anteriores, en estos últimos 4 años de mi vida.
A veces, para ser justo con uno mismo y equilibrar cabeza y corazón, es necesario valorar las vivencias con la perspectiva que da el paso del tiempo. En mi caso, salvo en contadas excepciones, suelen ganar al hacerlo así. En este caso será difícil que puedan ganar más aún.

Una noche y unos compañeros de los que no se olvidan.

Hoy escribo desde un hostel de Tallin, donde me quedaré, mínimo, 2 días más.
Mi cuerpo necesita unos días de descanso tras haber recorrido unos 850 km's en 10 días, partiendo de un estado físico que dejaba bastante que desear. Algunos de los problemas que traía ya han desaparecido o están en ello. Como una lesión muscular torácica que me produje, de forma un tanto inesperada, al saltar al río desde el Pont Vell de Manresa, un lugar y un salto que tuve entre ceja y ceja desde que empecé a vivir allí. 
Una experiencia (que no recomiendo) excitante y un bonito recuerdo, como todos los vividos, junto a una persona especial que quiso acompañarme e inmortalizar el momento.
En fin, aprendí 2 cosas: Una que ya sabía, que es que no soy un saltador de las competiciones de saltos extremos que organiza Red bull, y otra que no, que es una pincelada de mecanismo lesional por caída al agua desde unos cuantos metros.
No me enrollo más, que lo poco gusta (o no) y lo mucho aburre, que dicen. 
Dejo por aquí unas cuantas fotos de estos pasados días por Estonía y Letonia, y mañana quizás me anime a escribir algo sobre el hostel en el que vegeto y sobre los próximos planes.




miércoles, 12 de junio de 2019

Junio, mes de solsticios y de claustros.

Hace unos días que venía pensando en escribir la segunda parte del post que escribí,  hace ya algo más de un mes, sobre mi viaje a Ucrania el pasado mes de abril.
Espero encontrar la inspiración y el momento para hacerlo más adelante. Hay situaciones y recuerdos que pierden sentido al ser descontextualizados. Otros lo ganan. Depende para quien, claro está.
Han pasado 9 meses desde que empezó el curso, y un poco más desde que empecé este blog. 9 meses que han supuesto mi cuarto curso escolar y que han pasado volando, al igual que lo hicieron los anteriores.
El mes de junio es mes de exámenes, de claustros y de evaluaciones. Evaluar, esa tarea que no me gusta demasiado, pero que hay que hacer.
En días como los que nos ocupan suelo acordarme de un profesor de química que tuve a los 17 años en el segundo año del ciclo de formación profesional de radiodiagnóstico. En aquel entonces, vivía en un pueblo cercano a la ciudad de Valencia, llamado Torrente, y me desplazaba cada día a un instituto concertado de monjas de la ciudad del Turia, llamado Santa Ana.
Al igual que todo lo que fueran ciencias, la química no se me daba bien, y cuando le entregué aquel último y crucial examen a aquel profesor con pinta de químico chiflado, supe que estaba sentenciado. Sentí que emergían las tinieblas de las recuperaciones, y, lo que es peor, que los esfuerzos que había estado haciendo durante 2 años para conseguir la nota media de 9 (que se convertiría en un 10 automáticamente) que me permitiera estudiar fisioterapia en la universidad pública, se iban al garete. Mi obstinada asistencia a las misas del centro y mi immaculado comportamiento  de bendito querubín, moviendo la boca "al tuntun", sin tener ni idea de lo que tenía que decir y levantándome cuando todos lo hacían, caían en saco roto.
Pasó una semana y llegó la entrega de notas finales. Como por arte de magia y sin que, en aquel momento, tuviese muy claro como aquello podía haber pasado, mi nota media final era de un 9, que en aquella época  y sin recordar el mecanismo que así lo posibilitaba, se convertía en un 10.
Ahora puedo imaginar aquel claustro final hace ya más de 20 años. Imagino una mesa circular, mucho papel escrito a mano en la misma, y mucha menos tecnología de la que hay ahora.
Imagino, presidiendo aquel cónclave, a 2 poderosas monjas hablando sobre mi aparente rectitud moral, mi virtud y mi asistencia a cada una de las liturgias que se celebraron durante aquellos 2 años. Para compensar tanto clericalismo, también debía estar allí aquella explosiva, elegante y competente (sí, este último adjetivo debía haber sido el primero...) profesora treintañera,  portadora siempre de faldas ligeramente por encima de la rodilla, que nos intentaba enseñar las proyecciones y posiciones radiológicas, mientras que mi cabeza oscilaba de pensamientos no aptos para escribir aquí, al mono tocando platillos de Homer Simpson.
Imagino también allí a aquella profesora de física de los aparatos radiológicos. Sospecho que también utilizó todos los mecanismos legales posibles a su alcance para ayudarme a llegar al 9.
Por último, y a parte de otros profesores más irrelevantes, imagino al profesor de química exponiendo sus dudas, sobre que hacer con mi nota, ante el resto del claustro, si es que no lo había tenido claro ya antes de llegar allí. Puedo imaginar que se llegó a la conclusión de que mi escasa aptitud para la química no interferiría en mi aptitud a la hora de hacer radiografías, y de que sería injusto que, dados mis evidentes esfuerzos durante aquellos 2 años, no pudiera optar a una plaza en la universidad pública, por el hecho de ser un zote a la hora de resolver formulas químicas.
En fin, recuerdo una reflexión de un compañero que una vez escuché en un claustro final, y que me marcó. Recuerdo que era un caso límite y complicado de un alumno ejemplar que se había esforzado lo indecible.
Tras una tensa exposición de argumentos de todo tipo por parte del resto de intervinientes, aquel profesor acabo sentenciando: "¿Cual es el objetivo y utilidad de suspender a un alumno?...Si llegamos a la conclusión de que haciéndolo vamos a incrementar de alguna forma sus posibilidades de aprender algo o de que sea más competente en su profesión, vamos a ello, pero si no va a ser así, ¿qué sentido le veis?".
En fin, dejando de lado la evidencia de que, para depende que profesión, es imprescindible haber adquirido habilidades técnicas concretas, también es verdad que estamos en un momento donde se está haciendo cada vez más necesario evaluar competencias distintas a las que se evaluaban hace 10 años, y que a veces tienen mucho que ver con lo emocional. En este contexto y mirando al futuro, aquella reflexión me resultó una buena enseñanza.

Nota de la foto: No sabía que foto escoger para ilustrar este post y he decidido rescatar una que me hice en mi aula preferida del colegio y que siempre me traerá grandes recuerdos. Era un día festivo, debido al 57º aniversario del centro, y además era día de huelga de alumnos. Era evidente que no vendría nadie, pero por si acaso no era así, algunos preparamos actividades no lectivas, pero que de alguna forma pudieran aportar algo. Yo preparé un taller con el título de "Viajar en bici por el mundo". De ahí, la bici que se ve en la imagen y con la que pretendía enriquecer la "performance" del asunto.

jueves, 2 de mayo de 2019

Ucrania (I): "Pryvit Kiev, do pobachennya Poroshenko"

O lo que es lo mismo, hola Ucrania, adiós Petró Poroshenko.
Y así, como el que no quiere la cosa, sin haberlo premeditado, nos vimos, junto a un número nada despreciable de policía, militares y chavalería (no veas con la palabra viejuna...) Kievita, con el móvil en mano y siguiendo el acontecimiento en Streaming, asistiendo a un momento importante de la historia de Ucrania.
Viernes 19 de abril. Desde lo alto de la colina que ubica la fortaleza de Kiev, y con el ocaso cerniéndose sobre el cielo de la que fue la tercera ciudad más grande de la unión soviética, se oía el rugido de la multitud, proveniente del estadio olímpico, cada vez que, al igual que en un partido de tenis, uno de los 2 contendientes a la presidencia de Ucrania lanzaba su discurso para intentar ganarse el voto del electorado, de cara a la segunda vuelta de les elecciones que se celebrarían 2 días después.
Ganó Zelenski.
De actor a presidente de Ucrania. Es previsible que acabe en payaso y marioneta de la dictadura soft que supone occidente.

Por esa basura de plataforma, llamada Netflix, por la que nunca pagaría y que no debería ver tampoco, corre un documental, totalmente sesgado, parcial y Rusofóbico, llamado: "Invierno en llamas: el fuego de Ucrania por la libertad". Si se visualiza esta sucia propaganda imperialista es fácil que no se entienda el resultado de estas elecciones. Resulta bastante más comprensible si se ve este otro documental, llamado Ucrania: El año del caos.

La imagen que me llevo de la plaza Maidan es muy diferente de la que tenía antes de pisarla. La calle Khreschatyk rebosa de vida a todas horas y se respira bastante más felicidad y alegría de la que uno se pueda imaginar si no ha ido nunca por allí y se deja llevar por los estereotipos que por aquí se tienen sobre el este de Europa.
Mi estereotipo no estaba muy fundamentado y se basaba tan solo en la visita de 2 simpáticas, discretas y educadas chicas que alojé en casa, mediante la aplicación Couchsurfing. Eran de una ciudad del noreste, llamada Kharkiv, y andaban por aquí de vacaciones.
Yo andaba muy interesado en que me hablaran del conflicto por su país, cosa que no conseguí demasiado.
Eso sí, me resultó muy divertido ver en Instagram lo mucho que parecían haber disfrutado, en mis ausencias, del sol Catalán en la terraza de casa.

sábado, 6 de abril de 2019

"Lo que hago no es importante, pero es muy importante que lo haga"

Esta frase, de Mahatma Gandhi, es una de mis preferidas y de las que, de forma más recurrente y en diversas circunstancias, me vienen a la cabeza.
Un claro ejemplo de circunstancia donde la frase me asedia, es cuando me he propuesto salir a entrenar en bici y, llegado el momento, por a (la a puede ser una inofensiva nube minúscula ...) o por b (que podría ser cuando llego cansado del trabajo y pienso que no tengo por qué obligarme a más por ese día...) intento convencerme de que no es necesario. "¿A quien le importa?, ¿realmente es importante que lo haga?, ¿y si no lo hago, qué?".
La realidad es que a mis 38 años pienso que no, que realmente no es importante si salgo o no salgo a entrenar en bici, pero que sí, que sí que es muy importante que lo haga. Pese a ello, la realidad es que no voy a llegar como me había propuesto llegar a "La clàssica dels murs" de Cervera, una marcha cicloturista de 160 km's y 2400 metros de desnivel a superar, repartidos en 18 subidas , que discurre por las comarcas de La Segarra i de L'Anoia.
La razón es que el último mes ha sido muy intenso a nivel laboral y, en parte por falta de tiempo y por otra parte por falta de capacidad emocional, no siempre he cumplido con lo previsto como me hubiera gustado.
Si consideraba que, a pesar de que no fuera importante, era muy importante que lo hiciera, era porqué la última vez que me sentí realmente fuerte y realizado haciendo deporte fue en la edición de hace 4 años de esa misma prueba. Lo recuerdo como un día feliz, e intento tomarme lo de intentar ser feliz como una prioridad. En fin, trataré de asumir las circunstancias y disfrutar la prueba, adaptándome a mis posibilidades.
No me quejo. Actualmente, el trabajo también me hace sentirme realizado y feliz con bastante frecuencia. También, en él, suelo pensar sobre la frase que titula el post.
Hace 3 semanas estuve en una jornada de formación sobre neuroaprendizaje e innovación educativa en Solsona. Formarse en el sector educativo, suele ser sinónimo de brutal "input" motivacional y suele comportar componentes de reflexión, aprendizaje real, e incluso diría que hasta algo de revolución a nivel personal.
Por otra parte, en mi centro de trabajo también he estado realizando otro curso de formación llamado "Filosofia 3/18". Me he sentido muy muy básico haciéndolo. Lo cierto es que llegué a este sector gracias a una carrera y a una experiencia profesional de un sector sanitario muy concreto, y no desde una carrera de conocimientos más holísticos o abstractos como puedan ser filosofia, antropologia o algo parecido, cosa que cada vez veo con más claridad que me hubiera encantado hacer.
Hablando sobre filosofia, también he estado acompañando a alumnas a que impartieran talleres de ergonomia y primeros auxilios a los alumnos de 3º y 4º de primaria del colegio.
Uno de los niños nos hizo una pregunta que, dado el curso de filosofia que estaba haciendo en aquel momento, me dejo "to loco": ¿Por qué la columna vertebral está en la espalda y no delante?. Puede que parezca fácil de responder desde un punto de vista pragmático, pero lo cierto es que el pensamiento critico y reflexivo que el niño demostró, me pareció a años luz del que yo tengo.
Mis alumnas impartieron los talleres desenvolviéndose como autenticas profesionales y demostrando un bagaje y un saberhacer que, sin duda alguna, están adquiriendo poco a poco, y que espero que las lleve a sentirse realizadas y felices con su trabajo, como auxiliares de enfermería, en solo unos meses, o que las anime a estudiar, hacer o ser lo que ellas decidan ser.
La verdad es que hacer que alumnos en plena adolescencia (con todas las inseguridades y dudas que eso comporta...) descubran sus capacidades, potencialidades y posibilidades de ser feliz, creo que es lo más importante que puede conseguir un profesor, más allá de que puedan aprender anatomia o habilidades técnicas especificas sobre alguna profesión concreta.
Si me hubieran dicho con 20 años (o con 30) que ayer estaría en un Stand publicitario de la "Fira de l'estudiant de Manresa" informando a interesados sobre las posibilidades formativas de la FP de rama sanitaria, me hubiera escondido en un búnquer y aún estaría allí para evitar exponerme a esa situación. A día de hoy la puedo disfrutar, y creo que mi vida profesional (y, sin demasiado motivo de queja, quizás la personal también...) hubiera sido más gratificante y enriquecedora si hubiera descubierto antes algunas cosas sobre la vida...

...Como que el famoso corte de digestión no existía y que me hubiera podido bañar un montón de veces en que no lo hice ; pero sí la hidrocución de la que siempre me he librado, de momento:-)

sábado, 2 de marzo de 2019

Disertando sobre la metamorfosis Europea en tierras de Kafka

Hacía días que tenía ganas de actualizar este blog que, como tantas otras cosas en la vida, languidece y se marchita si no le dedico un sincero interés y algo de tiempo de calidad. De ese en el que no se echa de menos el móvil.
Escribo esto sobrevolando la República Checa, en dirección a Barcelona, tras haber pasado 4 días en su capital, Praga. Aún en caliente y con el extra de autenticidad y espontaneidad que ello confiere a un escrito, intentaré usar esta experiencia como hilo conductor de este escrito que todavía no tengo muy claro de que va a ir.
Praga, una ciudad que deseaba visitar desde hace mucho tiempo y que no me ha decepcionado, ya que tampoco esperaba mucho más que lo que me he encontrado, es decir, una versión artificialmente edulcorada, por la globalizadora e idiotizadora Europa, de lo que un día debió ser una ciudad igual de bonita, pero más auténtica y con más esencia de este.
Una ciudad de contrastes, en la que se palpa y se percibe cultura en cada rincón de la ciudad, ya sea en la arquitectura de las edificaciones, o en las espaldas de los numerosos transeúntes que cargan con algún instrumento musical. Por otra parte y como dato curioso, comentar que Praga se ha convertido en los últimos años en uno de los principales platós cinematográficos “convencionales” de toda Europa, mérito que, en lo referido al cine para adultos, hace muchos años que, junto a Budapest, ostenta también. 
Si esto último le resulta Kafkiano  a alguien y le da por estigmatizar el este, stop y tranquilidad, que aquí al lado en Terrassa también se viene utilizando, desde hace años, el conocido como "hospital del tòrax", un antiguo hospital para tuberculosos terminales, como plató de grandes producciones de cine X. Por cierto, Frank Kafka ,el afamado y conocido escritor checo autor de "la metamorfosis", murió de tuberculosis y sus restos descansan en un cementerio Judío de la capital Checa. Un cementerio que no visité, pero que es como tantos otros del este de Europa, que sí he visto, los panteones se ubican a nivel del suelo (no como aquí, donde el apilamiento vertical de los féretros y el gris cemento confieren a estos lugares un aspecto más tétrico aún, si cabe), y el verde de la abundante vegetación suaviza lo siniestro y lúgubre de estos sitios.
Estas tierras fueron parte de la antigua Checoslovaquia y se han ido integrando, como tantos otros países del este de Europa, en el “eje del bien”, la unión Europea, la OTAN y la defensa de los derechos humanos. Esa defensa que igual te deja miles y miles de muertos y la antigua Yugoslavia hecha unos zorros, con el pretexto de ayudar a Kosovo, como luego te defiende la instalación allí de la mayor base militar norteamericana que hay en Europa, para que los siempre pacíficos y conciliadores “Yankees” nos cuiden y protejan del tio Putin. 
La vieja Europa, la misma que, junto a Estados unidos, en 2014 encend la mecha del ultranacionalismo Ukraniano, alentando así un golpe de estado (y una guerra posterior, relativamente, silenciada por aquí, aún vigente) que derrocaría al, entonces presidente, Victor Yanukovich, y que permitiría seguir expandiendo esa globalización tan homogeneizadora y fascista que, a día de hoy, avanza también en nuestro país.
¿Qué decir del gran ejercicio de defensa de los derechos humanos universales de haber dejado instalar a la CIA campos de prisioneros ilegales en Vilnius o Bucarest, hecho probado que condenó en su día el tribunal de Estrasburgo?.
Lo último ha sido posicionarse, con gran convicción y profunda conciencia y preocupación, a favor de otro golpe de estado, esta vez en Venezuela, mientras que se dejan morir, aquí mismo en el Mediterráneo, a miles de seres humanos, no tan solo cerrando los ojos, lo que ya sería mezquino de por sí, sino manteniéndolos bien abiertos y fijándolos en los barcos de rescate de personas, prohibiéndoles salir a trabajar para que, al menos así, pudieran intentar mitigar este otro gran ejercicio de defensa de los derechos humanos.
En fin, refiriéndose a la actual Praga estrictamente y dejando de lado tostones ideológicos, decir que, junto a un amigo, deambulé por la ciudad y sus alrededores, disfrutando de su majestuosa belleza y elegancia, y sin más ambición que de la buscar paz y tranquilidad, ese valor del que habla este "tolerante y empático " niño Aragonés y que cada vez valoro más yo también.
Después del ocaso las cosas son menos tranquilas por allí y, tras una primera noche donde anduvimos zanganeando por un par de típicos antros para turistas, la segunda noche acertamos y acabamos en el “Lucerna Music Bar”, en una divertida fiesta con público tanto local como foráneo y con temática de los 80 y 90.
La vuelta a la rutina ha sido dura. Los efectos del cortisol disparado, embriagando mis células, dificultándome dormir bien y afectando a mi estado de ánimo y a mi capacidad de concentración, han caído sobre mí como un silencioso meteorito que cae en dirección vertical y que no esperas. Lo esperaba en enero y me libré, así que, teniendo en cuenta la empinada pendiente de subida que supone el curso escolar en este momento del año, era previsible que estuviera al caer.

domingo, 20 de enero de 2019

"xerrada" y café en Manresa con Joaquim Amat Piniella: La vuelta del fascismo

Iba a escribir este post en Catalán, pero al final me ha vencido el ego, y la perspectiva de dificultar la lectura de este escrito a posibles seguidores de habla hispana y desconocimiento del idioma Catalán que, de vez en cuando, entran por aquí, me ha hecho desistir de la idea inicial.
A veces recuerdo a ese "yo" de hace 18 años que venía a estudiar fisioterapia aquí en Manresa. Más perdido en la vida que un daltónico jugando al Twister, duré poco en aquella carrera y fue una liberación dejar de coger cada día el tren que me traía de Olesa de Montserrat a la capital del Bages. Mi recuerdo de esta ciudad no era bueno, y cuando me planteé venir a vivir aquí, hace año y medio, por motivos, principalmente, prácticos y de proximidad a mi lugar de trabajo, no las tenía todas conmigo.
A día de hoy veo las cosas muy diferentes. Influye en ello el hecho de que encontré, de una forma bastante casual (suponiendo que la casualidad exista), un Loft en la última planta de un edificio del centro de la capital de la Catalunya central.
Una gran chica, compañera de trabajo y antigua inquilina de este "chiringo" durante unos cuantos años, me abrazó en una madrugada de un mes de julio y, bajo una fina llovizna mezclada con algunas lágrimas y alcohol, me dijo que en la vida todo sería temporal, y que la mayoría de personas que pasan por nuestras vidas serían compañeros/as, más o menos temporales, de un largo viaje que me iría llevando a escenarios y situaciones vitales que nunca antes hubiera imaginado, pero que siempre acabaría entendiéndolo todo y siendo feliz.
Un año después, me dijo que este lugar, al que ella llama el séptimo cielo y donde me decía haber sido muy feliz, estaba libre en aquel justo momento en que yo empecé a buscar, y que viniera a verlo.
Creo que no acabaré aquí mis días, pero ahora me gusta esta ciudad. Me gusta llegar desde la C-55 y entrar por la carretera de la Renfe, nombre por el que se conoce por aquí a una pequeña carretera secundaria, paralela al río Cardener, que entra a la ciudad serpenteando y ofreciendo la bonita visión de la colegiata Basílica de Santa María de la Seu.

Me gusta caminar por el casco antiguo, y cruzar sus calles y callejones de camino a la mayoría de sitios por los que me muevo. Cuando voy a la biblioteca del casino, cruzo la plaza Sant. Domènec y el "passeig de Pere III" y llego al bonito edificio que la alberga. Allí, siempre inmóvil e impertérrito al tiempo y a lo que le rodea, está Joaquim Amat Piniella ofreciendo un café y silla a quien lo pueda necesitar.
Es inevitable que repare en la estatua cada vez que paso por allí. En su día y sin saber quien era, "Quim" fue el tercer integrante de una bonita y divertida foto tomada en el transcurso de un paseo en una cálida tarde veraniega.
Actualmente, cada vez que le veo, pienso que debería imitarle y hacer por mostrarme más disponible para compartir un café y conversación con quien lo pueda necesitar en un momento dado.
La verdad es que lo estoy, pero a veces creo que es bueno hacerlo notar con algún gesto. Hay una frase que me gusta y que dice algo así como: "Lo que no se expresa, no existe". La verdad es que parte de razón tiene.
Una vez me senté con Quim y le acepté el café. Me estuvo contando que andaba algo preocupado últimamente.
Me dijo que en los años 30 fue dirigente de "Esquerra Republicana".  Acabó luchando en el bando republicano durante la Guerra Civil Española. Después huyó a Francia, donde fue internado en un campo de concentración de Argelès-sur-Mer. 
Como muchos republicanos españoles, en 1940 fue deportado por los alemanes al Campo de exterminio de Mauthausen, donde pasó cinco años, hasta que fue liberado y pudo retornar a Catalunya en 1946.
Comentamos que las cosas no han cambiado mucho. A día de hoy, otro dirigente de "Esquerra Republicana" lleva un año recluido en una cárcel por el fascismo Español, el cual siempre había estado ahí, agazapado aunque notablemente presente para cualquiera con un mínimo de ojo crítico, y que ahora parece perder la vergüenza y se desmelena orgulloso, aprovechando la euforia que le produce la entrada de un partido de extrema derecha en un parlamento autonómico, oficializando así la más absoluta y vergonzosa ignominia moral. Como dice Ignatius Farray: "La derecha siempre ha tenido muy claros sus valores de referencia: misa, cocaína, puticlub, robar y votar"

Acabamos la conversación con un fuerte apretón de manos y le dije: "Quim, jo no he nascut aquí i suposo que no puc sentir aquest tema de la mateixa forma que ho fas tu. De fet, no sé si moriré aquí a Catalunya, però et puc assegurar que em sentiré realment feliç si visc el dia en que la nostra terra sigui lliure i tanta injustícia i baixesa moral quedi enrere".

jueves, 3 de enero de 2019

Navidad en el país del sol naciente

Llegó la navidad, una época que no me gusta tanto como cuando mis abuelos estaban vivitos y coleando. Lo que se dice colear, coleaba mi abuelo, porqué mi abuela, a decir verdad, fue una mujer a la que le costó disfrutar de la vida, por decirlo de una forma suave.
Me la quería mucho y ella a mi. Ella solía decir de mi algo así como “és que aquest xiquet val molt!” en su Valenciano natal, dialecto del idioma Catalán, que ella siempre quiso que hablase y del que me ha quedado cierto acento cuando hablo Catalán, pese a que apenas lo hablé.
Decía que me la quería mucho, pero, dejando de lado la subjetividad que ello confiere al asunto, reconozco que me quedó como paradigma y modelo de mujer que si decides pasar la vida a su lado, muy probablemente y hagas lo que hagas, te estarás poniendo una importante traba en la, no siempre fácil, tarea de ser feliz y vivir la vida con plenitud.

Puede que razonar así y pretender responsabilizar a una mujer de la sensación de infelicidad de un hombre pueda sonar un poco machista o patriarcal.
Bueno, yo no soy mujer ni gay, así que nunca he experimentado ni me he planteado si un hombre podría interferir negativamente en mi vida, en el contexto de una relación sentimental.
En todo caso, no son pocas las veces en que tampoco entiendo que hace según que mujer “perfil novia”, que llamo yo, con según que tipejo, y en que pienso que ella está medio enterrándose en vida.

Mi abuelo fue un gran hombre: Divertido, culto y más rojo que la bandera de la unión soviética, cosa que considero un doble mérito habiéndote criado por aquellas tierras del "caloret" de Rita Barbera, y demás esperpentos como Camps o Zaplana. Él era un vitalista al que recuerdo, con 80 y tantos años a sus espaldas y una salud de hierro, bailando en su cocina de Torrente (Valencia) al son de alegre música latina, mientras preparaba el desayuno e iba pensando en los sitios a los que iría aquel día.
En navidades y conmigo allí en su casa, aquella ruta incluía visita segura a una casa particular donde se vendían excelentes mandarinas recién cogidas del árbol y de las cuales siempre me llevaba 4 o 5 kg a Catalunya.
A mi abuelo se le paró el corazón, mientras dormía, al poco tiempo de ser ingresado en una residencia, con algún tipo de deterioro cognitivo de esos que a esa edad nadie se esfuerza demasiado en diagnosticar y a lo que suelen llamar Alzheimer. Sabiendo que tenía un corazón de hierro, siempre he pensado que murió de pena con una depresión de caballo.
El hecho de que nadie de su entorno lo evitáramos y que todo se fuera sucediendo sin más, hasta acabar como acabó, me llevó a asumir y a medio entender, junto a alguna otra experiencia, parte de la sinrazón, de la miseria y de la "insoportable levedad del ser", como reza el titulo de la novela, inherente a la condición humana.

Escribo estas lineas sobrevolando uno de los 85 "sujetos federales" de Rusia, tras haber cruzado el océano pacífico, viniendo desde Japón, donde he pasado la navidad y el fin de año junto a 3 buenos amigos.
Entre las cosas que me quedan pendientes por hacer en la vida y que me llaman la atención (ya llegarán más en el futuro...espero), tengo una lista algo variopinta que va desde ver a Marea en concierto interpretando la canción "corazón de mimbre", a recorrer en bici el país que ahora sobrevuelo en un largo viaje que mezcle lo deportivo con lo turístico. 
En la lista no estaba ir a Japón, pero la cancelación de otro viaje anterior de un amigo, y el hallazgo casual de un vuelo al país del sol naciente a un precio interesante, mientras buscábamos vuelo a Tailandia, hizo el resto.
No me entusiasma convertir este blog en una especie de guía de viajes de andar por casa, así que no lo haré. Simplemente, decir que hemos pululado por la enorme y sorprendente Tokyo y sus alrededores, intentado ver, a parte de la capital, algún lugar de templos como ha sido Kamakura y algún pueblo tranquilo con vistas al pacífico como Yokosuka. Yo me imaginé aquello plagado de medusas asesinas y tiburones blancos y ale, de vuelta a la enorme capital del país nipón.
Tras aterrizar allí el día de navidad, con el “jet lag” y tras haber dormido gran parte del vuelo, me desperté a la 1 am, con los ojos como platos y muerto de hambre. Salí a comprar algo de comer y vi que el barrio de Shibuya “nunca duerme”, como dice la canción del grupo Zaragozano de Hip hop Violadores del verso. Mis amigos se fueron despertando y, vislumbrando el panorama de probable noche en vela colectiva, decidimos ir a comer algo.
Buscando algún antro donde nos sirvieran un Ramen, nos dimos cuenta de que aquel barrio era uno de los epicentros del jolgorio y la algarabía nocturna de aquella ciudad, en la que no parecen diferenciar entre finde o “regular day” en lo que a la farra se refiere. Acabamos disfrutando de la noche en un divertido tugurio, en un claro ejercicio de puro cancaneo, término que define Quequé de “la vidamoderna” como aquella salida nocturna tonta que surge entre semana y que se te acaba yendo de las manos.
Me quedo con el buen ambiente, las irreproducibles disertaciones sobre la vida, las constantes risas, la paciencia, siempre necesaria en este tipo de intensas convivencias, y la excelente sinergia entre los 4.
Ahora aún dispongo de unos cuantos días más de vacaciones. Espero hacer unos cuantos miles de metros de natación en estos días, e intentar así mitigar la dieta un tanto libertina que he llevado. Podría haber sido peor. La verdad es que los "japos" comen bastante sano y sabroso a la vez.
También espero acabar de pulir algún temario y diseñar actividades y exámenes que están al caer después de reyes. Al menos, este año lo siento como una obligación relativa y no como en años anteriores, donde no daba a basto y esperaba el parón escolar de navidad como agua de mayo.
Hasta ahora, enero ha sido para mi uno de los momentos más duros de los años como profesor. En navidad, para de girar de golpe la frenética y loca rueda que supone el curso escolar, y tras haberte bajado de ella y no acordarte de lo que supone estar rodando en su interior, empieza a rodar de nuevo de golpe y sin periodo de adaptación sin alumnos.

En fin, será un milagro que alguien haya llegado a leer hasta aquí, dado el tostón que he redactado aprovechando el largo vuelo, pero, si es así, desear a quien lo esté leyendo muchos momentos felices, paz y amor, en el sentido más amplio de la palabra, en este nuevo año.