lunes, 19 de agosto de 2019

Cappucino "de chill" en Mo i Rana

Inicio este post, que no sé si me dará tiempo a acabar, en un elegante café de la cadena "Brasil Barista". Barista, una palabra que nunca había oído, o más bien, en la que nunca había reparado, hasta que salí con una chica que lo era y que me instruyó en la materia.
Así aprendí que hay quien siente verdadera pasión por todo lo relativo al café y que incluso hay competiciones en las que baristas del todo el mundo demuestran sus habilidades a la hora de tratar el café, hacer figuras decorativas en el mismo y ese tipo de cosas.
Teniendo aquellos conocimientos, valoraba más aún los bonitos corazones que me hacía una camarera de una cafetería a la que estuve iendo un tiempo.
Si esto lo lee alguno de mis amigos, es probable que piense que soy un iluso o un optimista desmesurado, que me llama Marc, concretamente, y que seguramente aquella camarera le hacía ese corazón a todos los clientes. En fin, no suelo pensar nada concreto cada vez que alguna camarera me dibuja un corazón en el café.
En todo caso, por 45 coronas noruegas que me ha costado la broma, el cappuccino de hoy debería haber sido decorado, mínimo, con un Picasso.
Sobre la expresión "de chill", fue el mismo Marc, del que hablaba antes, el que me la enseño. Le conocí cuando él tenía 20 años y es normal que él la utilizara. A mis 38, quizás debería dejar de utilizarla yo, pero, ¿qué cojones?, los 40 de ahora son los 30 de antes, o eso se dice.
Mo i Rana es un municipio del distrito Noruego de Helgeland que, a su vez, se ubica en el condado de Nordland. Aquí he llegado esta tarde tras pedalear 100 km's de cuento de hadas. Nada nuevo desde que estoy pedaleando en Noruega. Cada rincón de este país es una especie de parque de atracciones natural.
La etapa ha sido fácil, a pesar de que los primeros 20 km's han consistido en una larga subida que me ha llegado a coronar el puerto de montaña, que inicié ya ayer, y que me ha llevado a un altiplano precioso rodeado de cumbres nevadas y de cursos fluviales que, viniendo de diferentes direcciones y confluyendo allí, se han ido entrelazando, formando así el río Gubbeltågan y descendiendo a mi lado hasta el fiordo de Ranfjorden, que empieza en el pueblo donde estoy.
Una vez he llegado aquí, he decidido parar, visitar el lugar y tomar el café, que además me permite cargar todas las baterías y escribir este post.
Cuando acabe de escribirlo (o cuando me cierren el chiringo), volveré a coger la bici para salir a la carretera que rodea el fiordo y buscar una buena ubicación para plantar la tienda esta noche.
Si lloviendo, con frío, y tras etapas difíciles, no me he visto en la necesidad de ir a un Camping, y me he podido bañar en cualquier mar, lago o río y acampar sin problema y sin pagar, hoy no será el día en que vaya a necesitar más comodidades. Luce un sol esplendido, el baño será fácil y estoy seguro de que encontraré algún idílico lugar en la orilla del fiordo. Además dará para "fotón", cosa que aquí es fácil.
Estoy intentando reflejar esta bonita experiencia en Instagram ("deivid.l.p", por si a alguien le interesa) y me estoy esforzando en captar momentos e inmortalizarlos para la posteridad.
Estoy contento de como están saliendo las cosas por aquí. Noruega es un país que, a priori, me planteaba un reto, debido a sus condiciones climáticas y a las complicaciones que ello me suscitaba a nivel logístico. Al final, no ha habido reto alguno, y de una forma natural y espontanea me he ido adaptando a las pequeñas incomodidades que se me han ido añadiendo y las he ido solventando sin darme cuenta.
Aquí llueve mucho, pero lo que se moja se seca. El agua está fría fría, pero cada vez me lo parece menos y me está costando menos lanzarme al agua para adecentarme y disfrutar, de paso, de esa sensación intensa que supone bañarse en aguas heladas. El terreno está plagado de desniveles y es "rompepiernas", que se dice en el argot ciclista, pero la verdad es que eso me gusta y me hace más entretenido el camino.
No soy un loco que vive en una realidad alternativa y que cree ser invulnerable o estar por encima de las temperaturas u otros riesgos que me plantea este viaje. Pero, eso sí, me gusta observar e ir ganando conciencia de hasta que punto la mente puede dominar al físico y de como uno se puede ir adaptando a todo y venciendo temores.
Al final, cuantos menos factores limitantes se ven en la vida, más capacitado está uno para ser feliz.
El factor limitante estrella, suele ser el dinero, y la verdad es que, sin tener la sensación de vivir austeramente ni de estar privandome de cosas, estoy gastando poquísimo.
Al final me ha pillado el toro y me han cerrado en la cafeteria, así que aquí estoy acabando el post a las 21:00h, dentro de la tienda de campaña, en un rincón paradisíaco que he encontrado las afueras del pueblo.
Aprovecho para ilustrar el post con las fotos que he hecho del sitio.

Bona nit!!




martes, 6 de agosto de 2019

Paz y lluvia en Inari

Son las 10:00h de la mañana de un día cualquiera del mes de agosto. Llueve sutilmente.
Me he despertado a las 6:00h y ya no me he podido dormir. La luz, como cada mañana, ha irrumpido cuando las calles aún no estaban puestas a través de los enormes ventanales de la estancia donde duermo. 
He bajado a un banco que hay, bajo unos pinos, en frente del edificio. Lo he aprovechado para hacer unos “multiejercicios” de tren superior, como me propuse hacer al menos 2 veces por semana, para intentar fortalecer una musculatura que había tenido muy abandonada.
De nadar, nada ya, valga la redundancia. Pero más redundante hubiera sido volver a nadar tras la leve hipotermia con la que acabé tras nadar 40 minutos en las frías aguas del río Kemijoki en Rovaniemi.

Sobre la encimera de la cocina, se calienta el té en una vieja tetera de metal que, según me dijo Liss, es herencia de su abuela, y que a mi, personalmente, me resulta bucólica y encantadora.
Liss es la chica que, mediante Couchsurfing, me ha acogido en su bonito apartamento de Inari en los 2 días que llevo aquí. El inmueble en cuestión está en un viejo edificio que en su otra vida fue un colegio. El piso emana un aire entre antiguo, clásico y bohemio que me resulta evocador y me inspira.

La tarde que llegué, Liss me dijo que para ducharme tenía que bajar a la ducha comunitaria que hay en los sótanos del edificio. Entre expectante y curioso, bajé y aquello me resultó un poco tétrico en un principio. Pensé que perfectamente podría rodarse una película de terror allí abajo.
Más allá de las impresiones iniciales, propias del “principito occidental” que soy, me encantó el concepto, la ducha, el cuarto-vestidor colindante donde todos los vecinos dejan sus jabones y demás productos de higiene, y, ¿cómo no?, la sauna comunitaria, que es algo bastante habitual en cualquier edificio de Finlandia. Se podría decir que es, casi, una necesidad inoculada en el ADN de estas gentes.
Liss siempre deja las llaves puestas en la puerta, hecho que podría parecer habitual, si no fuera porqué las deja por fuera. Dice que así nunca se le pueden olvidar dentro y que además así puede entrar quien lo necesite. Aunque es una mujer de mundo que ha viajado muchísimo y vivido en varios países, entre ellos España, supongo que algo mantiene de la mentalidad Finlandesa, en la cual es difícilmente comprensible que alguien vaya a intentar entrar en tu casa con propósitos deshonestos.

En estos días me empiezo a encontrar en paz y relajado, estados ambos que, para mi, tienen mucho que ver con la sensación, totalmente volátil y subjetiva, de felicidad.
Hace un mes que empecé este viaje y, durante las 2 primeras semanas, no fue fácil. Partía con cierto componente de inestabilidad emocional, y con un físico que acarreaba dolencias varias que se habían perpetuado y que me hacían sentir vulnerable.
Las contracturas de la musculatura paravertebral desaparecieron a los pocos días, hecho que, sin ser vidente ni traumatólogo, sabía que sucedería, a pesar de que un genio de esa rama médica, totalmente obsoleta y deficitaria a día de hoy, me había dicho que mis dolores estaban relacionados con un disco intervertebral del segmento lumbar y que evitara montar en bici y correr. Que no hacía falta operar, eso sí.
Por otra parte, debido a mi falta de pedaleo en los meses previos, mi ausencia de adaptación a la bici y de preparación previa alguna, surgió una sobrecarga en una rodilla. Al querer protegerla y ejercer más fuerza con la sana, modifiqué la biomecánica del pedaleo y me di cuenta de que estaba empezando a sobrecargar la sana también. Por no hablar de que, a causa de todo ello, no me convenía pedalear de pie y el contacto culo-sillín era ininterrumpido y martirizador.

Me llegué a plantear acabar mi viaje en Estonia, volver con mi hermano e improvisar otro viaje diferente, o enviar la bici a casa y quedarme por aquí sin ella y cambiando sustancialmente el planteamiento del viaje, pensamiento que me resultaba muy poco atractivo. Pero tal como iban las cosas, era lo más sensato que podía hacer, ya que los dolores articulares rara vez cesan si no es mediante reposo.
El dolor se estabilizó. No mejoraba, pero tampoco empeoraba. Decidí descansar un par de días en Tallin y luego ya se vería. Ya solo y en Finlandia, tras 180 km’s de pedaleo donde el dolor persistió, desapareció de repente. Resiliencia...un concepto que está muy de moda, y que, a pesar de las connotaciones positivas que actualmente tiene, no tengo muy claro que siempre sea una virtud y haga tu vida mejor, sino todo lo contrario.
He estado alimentándome bien en estos 2 días. Cuando tengo tiempo libre y me siento relajado, me gusta cocinar. Además a Liss parece gustarle que le cocinen, así que por conveniencia propia y para compensarla de alguna forma por el enorme favor que supone para mí pasar un par de días gratis en este bonito pueblo del norte de Laponia, he hecho en estos días una tortilla de patatas, un especie de paella vegetal, unas crepes y hasta una especie de revuelto de verduras, quinoa y huevos, que me ha quedado bastante sabroso.
Las crepes las compartimos anoche con otro cicloturista Chileno que también acogió Liis en su casa. Él bajaba de cabo del norte y hoy se dirigía a Rusia. El tipo lleva 3 años viajando por Europa, alternando épocas de bici y sin bici, y nos estuvo contando interesantes historias que siempre enriquecen de alguna forma.
Mañana saldré hacia la ciudad de Karasjok, a 117 km’s de aquí, ya en Noruega, donde espero pasar la noche. Con el itinerario más o menos decidido, espero volver a salir de Noruega, cruzar Suecia en horizontal y entrar otra vez en Noruega a la altura de Narvik, para bajar en dirección a Oslo.

miércoles, 31 de julio de 2019

De camino a "Santa Claus village"

Me había propuesto escribir mucho más de lo que lo estoy haciendo en este viaje que, de momento, ha discurrido por Estonia, Letonia y Finlandia, donde me encuentro actualmente.
A la vista está que el ritmo de actualizaciones no ha aumentado. Al final, los días se me pasan volando entre muchas horas de pedaleo, bañarme en lagos, montar el campamento, cuando no me alojo en hostels o similares, y cenar. Cuando me doy cuenta, se me hacen las 22h y, después de hacer alguna publicación en las redes sociales, caigo rendido con facilidad, durmiendo a pierna suelta, a pesar de las muchas horas de luz que hay ahora mismo en estas latitudes por las que ando.

Por otra parte, no me sobran las fuentes de electricidad, y el ordenador lo utilizo como una de ellas.
Además, he abierto un canal de Youtube, con vídeos que suelo grabar, mientras pedaleo en plena etapa, y que también sacian, en parte, mis necesidades comunicativas. Aún así, me gusta más escribir, y espero seguir actualizando este espacio con una mínima regularidad y constancia.
En todo caso, por si algún lector le interesa seguir mis historias para no dormir en youtube, aquí dejo el link a mi canal.
Tras unos 800 km's desde que salí de Helsinki, hoy he decidido coger un tren que me lleva, mientras escribo, desde la ciudad de Oulu hasta Rovaniemi, el pueblo de Papa Noel en la región de Laponia o Lapland, como se llama en idioma Fines.
No era un destino donde tuviera puesta una chincheta previamente, pero, más allá del pueblo en sí y los atractivos que supongo que tendrá, me interesa pedalear por aquellas remotas tierras, donde me han dicho que encontraré grandes extensiones totalmente despobladas, y donde parece ser que es más fácil encontrarse con renos, que con personas. En fin, supongo que esto es una exageración, pero lo comprobaré yo mismo enlazando en bici la Laponia Finlandesa con la Sueca.
Mañana no pedalearé tampoco y me dedicaré a explorar Rovaniemi.
No visitaré a Santa Claus y tampoco contrataré una excursión en un carro de esos tirados por Huskys, así que no sé que haré exactamente, más allá de descansar, cosa que necesito tras los 3 últimos días de pedaleo, donde completé 340 km's con una temperatura que ha bajado notablemente y un molesto viento que ha hecho todo lo contrario.
Por otra parte, el paisaje empezaba a estar "repe", que decíamos de pequeños en el patio del colegio cuando intercambiábamos cromos, así que no me ha importado, en absoluto, avanzar estos 200 y pico Km's en un vagón de la compañía ferroviaria Finesa, que, como todo en este país, funciona de maravilla,  y me proporciona Wifi de calidad y un suave traqueteo que siempre me relaja.
Hoy he estado deambulando por la ciudad de Oulu, donde ayer me volví a encontrar de nuevo con mi querido mar báltico, que entra a estas tierras mediante el golfo de Botnia.
He comprado una cubierta trasera, de forma preventiva, y una nueva tienda de Camping, ya que la que tenía no me hubiera durado ni un asalto en una hipotética noche de lluvia intensa y viento, que, de momento, no he tenido, pero que espero como un sentenciado a muerte miraba el hacha del verdugo en la edad media.
Esta mañana he comprado el vuelo de regreso a Barcelona. Volveré desde Oslo, así que, finalmente, me he decidido por ir "a full", enfrentarme a Noruega y a las adversidades que me va a deparar, y acabar de dar así un toque de épica a esta bonita experiencia.
En fin, como siempre pienso, espero volver por aquí en breve.

Moi moi!!

viernes, 19 de julio de 2019

Desde Tallin, mitad diferido, mitad directo.

9:00 am del lunes 8 de julio.
Escribo muerto de sueño y muy espeso mentalmente. a miles de pies del suelo, en un avión que vuela rumbo a Helsinki, 
Debería intentar dormir, pero sé que sería inútil, así que, canalizando mis pensamientos en este escrito, intentaré lidiar con los que espero que sean los últimos coletazos de la tormenta emocional que ha supuesto para mí el último mes.
Mi madre, que me quiere como solo una madre y pocas personas más en el mundo me pueden querer, nos ha llevado al aeropuerto del Prat a las 6:00 am.
Allí, delante de la terminal 2, he estado luchando, junto a mi hermano, que me acompaña en el inicio de esta aventura, con una caja que contiene todo lo que necesitaré en estos próximos meses: Una bici, una tienda de campaña, un saco de dormir, un hornillo y algo de ropa.
Esta noche, tras pasar el día pedaleando por Helsinki, cruzaremos el mar báltico en el ferry que une la capital de Finlandia con Tallin, la capital de Estonia. Si todo sale bien, dormiremos en un hostel del litoral de la capital Estona y durante los próximos 12 días recorreremos en bici parte de estas maravillosas repúblicas bálticas, de las que tanto me queda por ver y que tanto me gustan.

Más allá de lo relatado, mi futuro es incierto y algo imprevisible. De momento, solo sé que tengo pocas ganas de planificar nada, y muchas de fluir, de pedalear a diario en busca de bonitos lugares de países nórdicos, de escribir más, de vegetar, leyendo acampado junto a orillas de lagos, ríos o mares, de bañarme en ellos, y de lo que surja.
Atrás queda el trabajo más bonito y enriquecedor que había tenido hasta ahora, los mejores compañeros que nunca hubiese podido imaginar, y un ático mágico que también ha contribuido a que mi tiempo en Manresa haya sido un periodo de mi vida que siempre guardaré como un preciado tesoro. Al igual que a personas importantes que han ido apareciendo, de forma más o menos casual, o con las que he estrechado lazos anteriores, en estos últimos 4 años de mi vida.
A veces, para ser justo con uno mismo y equilibrar cabeza y corazón, es necesario valorar las vivencias con la perspectiva que da el paso del tiempo. En mi caso, salvo en contadas excepciones, suelen ganar al hacerlo así. En este caso será difícil que puedan ganar más aún.

Una noche y unos compañeros de los que no se olvidan.

Hoy escribo desde un hostel de Tallin, donde me quedaré, mínimo, 2 días más.
Mi cuerpo necesita unos días de descanso tras haber recorrido unos 850 km's en 10 días, partiendo de un estado físico que dejaba bastante que desear. Algunos de los problemas que traía ya han desaparecido o están en ello. Como una lesión muscular torácica que me produje, de forma un tanto inesperada, al saltar al río desde el Pont Vell de Manresa, un lugar y un salto que tuve entre ceja y ceja desde que empecé a vivir allí. 
Una experiencia (que no recomiendo) excitante y un bonito recuerdo, como todos los vividos, junto a una persona especial que quiso acompañarme e inmortalizar el momento.
En fin, aprendí 2 cosas: Una que ya sabía, que es que no soy un saltador de las competiciones de saltos extremos que organiza Red bull, y otra que no, que es una pincelada de mecanismo lesional por caída al agua desde unos cuantos metros.
No me enrollo más, que lo poco gusta (o no) y lo mucho aburre, que dicen. 
Dejo por aquí unas cuantas fotos de estos pasados días por Estonía y Letonia, y mañana quizás me anime a escribir algo sobre el hostel en el que vegeto y sobre los próximos planes.




miércoles, 12 de junio de 2019

Junio, mes de solsticios y de claustros.

Hace unos días que venía pensando en escribir la segunda parte del post que escribí,  hace ya algo más de un mes, sobre mi viaje a Ucrania el pasado mes de abril.
Espero encontrar la inspiración y el momento para hacerlo más adelante. Hay situaciones y recuerdos que pierden sentido al ser descontextualizados. Otros lo ganan. Depende para quien, claro está.
Han pasado 9 meses desde que empezó el curso, y un poco más desde que empecé este blog. 9 meses que han supuesto mi cuarto curso escolar y que han pasado volando, al igual que lo hicieron los anteriores.
El mes de junio es mes de exámenes, de claustros y de evaluaciones. Evaluar, esa tarea que no me gusta demasiado, pero que hay que hacer.
En días como los que nos ocupan suelo acordarme de un profesor de química que tuve a los 17 años en el segundo año del ciclo de formación profesional de radiodiagnóstico. En aquel entonces, vivía en un pueblo cercano a la ciudad de Valencia, llamado Torrente, y me desplazaba cada día a un instituto concertado de monjas de la ciudad del Turia, llamado Santa Ana.
Al igual que todo lo que fueran ciencias, la química no se me daba bien, y cuando le entregué aquel último y crucial examen a aquel profesor con pinta de químico chiflado, supe que estaba sentenciado. Sentí que emergían las tinieblas de las recuperaciones, y, lo que es peor, que los esfuerzos que había estado haciendo durante 2 años para conseguir la nota media de 9 (que se convertiría en un 10 automáticamente) que me permitiera estudiar fisioterapia en la universidad pública, se iban al garete. Mi obstinada asistencia a las misas del centro y mi immaculado comportamiento  de bendito querubín, moviendo la boca "al tuntun", sin tener ni idea de lo que tenía que decir y levantándome cuando todos lo hacían, caían en saco roto.
Pasó una semana y llegó la entrega de notas finales. Como por arte de magia y sin que, en aquel momento, tuviese muy claro como aquello podía haber pasado, mi nota media final era de un 9, que en aquella época  y sin recordar el mecanismo que así lo posibilitaba, se convertía en un 10.
Ahora puedo imaginar aquel claustro final hace ya más de 20 años. Imagino una mesa circular, mucho papel escrito a mano en la misma, y mucha menos tecnología de la que hay ahora.
Imagino, presidiendo aquel cónclave, a 2 poderosas monjas hablando sobre mi aparente rectitud moral, mi virtud y mi asistencia a cada una de las liturgias que se celebraron durante aquellos 2 años. Para compensar tanto clericalismo, también debía estar allí aquella explosiva, elegante y competente (sí, este último adjetivo debía haber sido el primero...) profesora treintañera,  portadora siempre de faldas ligeramente por encima de la rodilla, que nos intentaba enseñar las proyecciones y posiciones radiológicas, mientras que mi cabeza oscilaba de pensamientos no aptos para escribir aquí, al mono tocando platillos de Homer Simpson.
Imagino también allí a aquella profesora de física de los aparatos radiológicos. Sospecho que también utilizó todos los mecanismos legales posibles a su alcance para ayudarme a llegar al 9.
Por último, y a parte de otros profesores más irrelevantes, imagino al profesor de química exponiendo sus dudas, sobre que hacer con mi nota, ante el resto del claustro, si es que no lo había tenido claro ya antes de llegar allí. Puedo imaginar que se llegó a la conclusión de que mi escasa aptitud para la química no interferiría en mi aptitud a la hora de hacer radiografías, y de que sería injusto que, dados mis evidentes esfuerzos durante aquellos 2 años, no pudiera optar a una plaza en la universidad pública, por el hecho de ser un zote a la hora de resolver formulas químicas.
En fin, recuerdo una reflexión de un compañero que una vez escuché en un claustro final, y que me marcó. Recuerdo que era un caso límite y complicado de un alumno ejemplar que se había esforzado lo indecible.
Tras una tensa exposición de argumentos de todo tipo por parte del resto de intervinientes, aquel profesor acabo sentenciando: "¿Cual es el objetivo y utilidad de suspender a un alumno?...Si llegamos a la conclusión de que haciéndolo vamos a incrementar de alguna forma sus posibilidades de aprender algo o de que sea más competente en su profesión, vamos a ello, pero si no va a ser así, ¿qué sentido le veis?".
En fin, dejando de lado la evidencia de que, para depende que profesión, es imprescindible haber adquirido habilidades técnicas concretas, también es verdad que estamos en un momento donde se está haciendo cada vez más necesario evaluar competencias distintas a las que se evaluaban hace 10 años, y que a veces tienen mucho que ver con lo emocional. En este contexto y mirando al futuro, aquella reflexión me resultó una buena enseñanza.

Nota de la foto: No sabía que foto escoger para ilustrar este post y he decidido rescatar una que me hice en mi aula preferida del colegio y que siempre me traerá grandes recuerdos. Era un día festivo, debido al 57º aniversario del centro, y además era día de huelga de alumnos. Era evidente que no vendría nadie, pero por si acaso no era así, algunos preparamos actividades no lectivas, pero que de alguna forma pudieran aportar algo. Yo preparé un taller con el título de "Viajar en bici por el mundo". De ahí, la bici que se ve en la imagen y con la que pretendía enriquecer la "performance" del asunto.

jueves, 2 de mayo de 2019

Ucrania (I): "Pryvit Kiev, do pobachennya Poroshenko"

O lo que es lo mismo, hola Ucrania, adiós Petró Poroshenko.
Y así, como el que no quiere la cosa, sin haberlo premeditado, nos vimos, junto a un número nada despreciable de policía, militares y chavalería (no veas con la palabra viejuna...) Kievita, con el móvil en mano y siguiendo el acontecimiento en Streaming, asistiendo a un momento importante de la historia de Ucrania.
Viernes 19 de abril. Desde lo alto de la colina que ubica la fortaleza de Kiev, y con el ocaso cerniéndose sobre el cielo de la que fue la tercera ciudad más grande de la unión soviética, se oía el rugido de la multitud, proveniente del estadio olímpico, cada vez que, al igual que en un partido de tenis, uno de los 2 contendientes a la presidencia de Ucrania lanzaba su discurso para intentar ganarse el voto del electorado, de cara a la segunda vuelta de les elecciones que se celebrarían 2 días después.
Ganó Zelenski.
De actor a presidente de Ucrania. Es previsible que acabe en payaso y marioneta de la dictadura soft que supone occidente.

Por esa basura de plataforma, llamada Netflix, por la que nunca pagaría y que no debería ver tampoco, corre un documental, totalmente sesgado, parcial y Rusofóbico, llamado: "Invierno en llamas: el fuego de Ucrania por la libertad". Si se visualiza esta sucia propaganda imperialista es fácil que no se entienda el resultado de estas elecciones. Resulta bastante más comprensible si se ve este otro documental, llamado Ucrania: El año del caos.

La imagen que me llevo de la plaza Maidan es muy diferente de la que tenía antes de pisarla. La calle Khreschatyk rebosa de vida a todas horas y se respira bastante más felicidad y alegría de la que uno se pueda imaginar si no ha ido nunca por allí y se deja llevar por los estereotipos que por aquí se tienen sobre el este de Europa.
Mi estereotipo no estaba muy fundamentado y se basaba tan solo en la visita de 2 simpáticas, discretas y educadas chicas que alojé en casa, mediante la aplicación Couchsurfing. Eran de una ciudad del noreste, llamada Kharkiv, y andaban por aquí de vacaciones.
Yo andaba muy interesado en que me hablaran del conflicto por su país, cosa que no conseguí demasiado.
Eso sí, me resultó muy divertido ver en Instagram lo mucho que parecían haber disfrutado, en mis ausencias, del sol Catalán en la terraza de casa.

sábado, 6 de abril de 2019

"Lo que hago no es importante, pero es muy importante que lo haga"

Esta frase, de Mahatma Gandhi, es una de mis preferidas y de las que, de forma más recurrente y en diversas circunstancias, me vienen a la cabeza.
Un claro ejemplo de circunstancia donde la frase me asedia, es cuando me he propuesto salir a entrenar en bici y, llegado el momento, por a (la a puede ser una inofensiva nube minúscula ...) o por b (que podría ser cuando llego cansado del trabajo y pienso que no tengo por qué obligarme a más por ese día...) intento convencerme de que no es necesario. "¿A quien le importa?, ¿realmente es importante que lo haga?, ¿y si no lo hago, qué?".
La realidad es que a mis 38 años pienso que no, que realmente no es importante si salgo o no salgo a entrenar en bici, pero que sí, que sí que es muy importante que lo haga. Pese a ello, la realidad es que no voy a llegar como me había propuesto llegar a "La clàssica dels murs" de Cervera, una marcha cicloturista de 160 km's y 2400 metros de desnivel a superar, repartidos en 18 subidas , que discurre por las comarcas de La Segarra i de L'Anoia.
La razón es que el último mes ha sido muy intenso a nivel laboral y, en parte por falta de tiempo y por otra parte por falta de capacidad emocional, no siempre he cumplido con lo previsto como me hubiera gustado.
Si consideraba que, a pesar de que no fuera importante, era muy importante que lo hiciera, era porqué la última vez que me sentí realmente fuerte y realizado haciendo deporte fue en la edición de hace 4 años de esa misma prueba. Lo recuerdo como un día feliz, e intento tomarme lo de intentar ser feliz como una prioridad. En fin, trataré de asumir las circunstancias y disfrutar la prueba, adaptándome a mis posibilidades.
No me quejo. Actualmente, el trabajo también me hace sentirme realizado y feliz con bastante frecuencia. También, en él, suelo pensar sobre la frase que titula el post.
Hace 3 semanas estuve en una jornada de formación sobre neuroaprendizaje e innovación educativa en Solsona. Formarse en el sector educativo, suele ser sinónimo de brutal "input" motivacional y suele comportar componentes de reflexión, aprendizaje real, e incluso diría que hasta algo de revolución a nivel personal.
Por otra parte, en mi centro de trabajo también he estado realizando otro curso de formación llamado "Filosofia 3/18". Me he sentido muy muy básico haciéndolo. Lo cierto es que llegué a este sector gracias a una carrera y a una experiencia profesional de un sector sanitario muy concreto, y no desde una carrera de conocimientos más holísticos o abstractos como puedan ser filosofia, antropologia o algo parecido, cosa que cada vez veo con más claridad que me hubiera encantado hacer.
Hablando sobre filosofia, también he estado acompañando a alumnas a que impartieran talleres de ergonomia y primeros auxilios a los alumnos de 3º y 4º de primaria del colegio.
Uno de los niños nos hizo una pregunta que, dado el curso de filosofia que estaba haciendo en aquel momento, me dejo "to loco": ¿Por qué la columna vertebral está en la espalda y no delante?. Puede que parezca fácil de responder desde un punto de vista pragmático, pero lo cierto es que el pensamiento critico y reflexivo que el niño demostró, me pareció a años luz del que yo tengo.
Mis alumnas impartieron los talleres desenvolviéndose como autenticas profesionales y demostrando un bagaje y un saberhacer que, sin duda alguna, están adquiriendo poco a poco, y que espero que las lleve a sentirse realizadas y felices con su trabajo, como auxiliares de enfermería, en solo unos meses, o que las anime a estudiar, hacer o ser lo que ellas decidan ser.
La verdad es que hacer que alumnos en plena adolescencia (con todas las inseguridades y dudas que eso comporta...) descubran sus capacidades, potencialidades y posibilidades de ser feliz, creo que es lo más importante que puede conseguir un profesor, más allá de que puedan aprender anatomia o habilidades técnicas especificas sobre alguna profesión concreta.
Si me hubieran dicho con 20 años (o con 30) que ayer estaría en un Stand publicitario de la "Fira de l'estudiant de Manresa" informando a interesados sobre las posibilidades formativas de la FP de rama sanitaria, me hubiera escondido en un búnquer y aún estaría allí para evitar exponerme a esa situación. A día de hoy la puedo disfrutar, y creo que mi vida profesional (y, sin demasiado motivo de queja, quizás la personal también...) hubiera sido más gratificante y enriquecedora si hubiera descubierto antes algunas cosas sobre la vida...

...Como que el famoso corte de digestión no existía y que me hubiera podido bañar un montón de veces en que no lo hice ; pero sí la hidrocución de la que siempre me he librado, de momento:-)