viernes, 11 de diciembre de 2020

Los fuegos del hambre

6:40 am. Suena el despertador. Hoy no voy en bici al trabajo. La dejé en el mecánico y espero recogerla mañana. 
Me espera el metro y el tren. De la línea cuatro a la uno, y transbordo a la R4 de Renfe. 
Una hora de viaje plagado de desventajas respecto a lo que supone el mismo trayecto en bici. Puedo relativizar el innecesario dispendio de 1,35e o los veinte minutos que pierdo, pero observar los caretos de funeral que llenan los vagones o mirar compulsivamente mis redes sociales para evadirme de ellos, son factores que me restan ya de buena mañana. Y no está la cosa para andar desgastándose a lo tonto, porque, ya en el trabajo y con algo de suerte, hoy solo me veré obligado a hablar de la puta vacuna unas setenta u ochenta veces.
La sección de noticias  de FCB me ha contado que el agua inicia su cotización bursátil de forma masiva, y que los países del primer mundo están comprando vacunas de sobra y, en consecuencia, en los del tercer mundo nueve de cada diez personas no tendrán acceso a la misma.
También me informa de un incendio en Badalona. Parece ser que esta noche ha ardido una nave industrial plagada de unos 130 inmigrantes y okupas. Menos hablar de seres humanos o de personas, utilizan cualquier palabra que acabe criminalizando a las víctimas. 
Los medios de propaganda lo hacen "disimuladamente". ¿Para que quitarse la mascara y exhibir la psicopatía? Queda feo y sería poco inteligente. Saben que en unas horas aparecerá el miserable y fascista alcalde de Badalona, Josep Albiol, y soltará alguna de sus perlas, poniéndoles en bandeja los titulares entrecomillados.
Me viene a la cabeza Mahamadou. Quizás se hallara en aquella nave que ayer ardió. 
Le conocí hace dos semanas durante la realización de un censo de la gente que duerme en la calle en la ciudad de Barcelona. 
Para quitarle hierro al asunto, quizás te conté que me apunté a aquella historia para ver si, así de rebote, conocía a alguna chica que mereciera gestar un hijo mío. Bueno, más allá de la broma idiota, la verdad es que no es así, y lo cierto es que vi en aquella iniciativa una posibilidad fácil de hacerme más consciente en algunos sentidos, y de no andar por el mundo con la conciencia tranquila por dar una moneda de vez en cuando a alguien a quien ni miro a la cara porque me incomoda hacerlo, o por pagar esa cuota anual de alguna iniciativa solidaria que ni recuerdo ya en que consiste.
Tras haber recorrido, durante dos horas, la zona que se nos asignó en el barrio de la Barceloneta, solo habíamos encontrado un "homeless" que censar. El tipo era Marroquí y solo pudimos asignarle ubicación en el mapa de la APP, ya que prefirió no participar en el cuestionario. "Iros a tomar por culo con vuestra falsa solidaridad burguesa", imagino que debió pensar. No le culpo. Cuando nos íbamos de allí, nos llamó gritando. Pensamos que se lo había pensado mejor y quería participar. Pues no, ni quiso los 5e que se les ofrecía por hacerlo, ni el fular que a uno de los tipos que iban conmigo se le había caído del cuello, y que educadamente le devolvió.
Ya llegando al punto de encuentro, en el paseo frente al restaurante Salamanca, apareció Mahamadou. 
De raza negra, ataviado con una chaqueta vieja y sucia, bailando borracho y con una mirada mas inquietante que encontrarte a tus padres en un club de intercambio de parejas.
Paró de bailar y le propusimos participar en la movida. Entornó sus ojos idos. Ahora eran ojos idos y tristes. No podía evitar mirar sus dientes rotos y desmejorados. "¿droga?", pensé.
El tipo había salido de Gambia hace un par de años. Junto a su hermano y un par de amigos, había cruzado varios países Africanos y había entrado a Libia, un país de esos que occidente destruyó en 2011 mediante una guerra infundada e innecesaria, mientras ahora, con la paciencia propia del que le sobra, espera el momento de lucrarse cuando las aguas se calmen por allí y tome el poder algún tipo tan o tan poco detestable como pudiera serlo Muamar el Gadafi, pero que, eso sí, colabore y sea dócil ante el imperialismo occidental.
Desde aquella guerra, Libia anda atestado de grupos terroristas, grupos rebeldes y mafias que trafican con esclavos. Y siendo que el país es una de las puertas de acceso "fácil" al sueño Europeo, Africanos de diversas partes del continente, acaban allí. Unos muertos, otros esclavizados y otros traumatizados de por vida.
Mahamadou era de estos últimos. Difícil no quedarte algo tocado y darte al consumo de lo que pilles, si has visto como le pegaban un tiro en la cabeza a tu hermano, han secuestrado a tus amigos, y tú andas solo por el mundo con la boca reventada y la cicatriz de un machetazo en el abdomen que no te mató de milagro. En esas condiciones, el tipo había cruzado a Italia, Francia y había llegado a Barcelona.
Aquella noche nos dijo que llevaba un par de años durmiendo en una nave que se había quemado unos días atrás y que ahora andaba junto a la comunidad Senegalesa que anda por el barrio.
A mí no se me ocurrió más que darle la gratificación de 5e con los que la ONG "Arrels" gratificaba a los "sintecho" que participaran en el "tinglao". 
La inútil tristeza que sentí y la sensación de amargura con la que me volví a casa, no me dieron ni para acordarme de que debajo de mi cama tenía un saco de dormir que le podía haber llevado. En fin, quizás él ya tenía uno y cuando volví con la bici a la noche siguiente para ver si le encontraba y lo podía necesitar, ya no le encontré.
La Barceloneta, ejemplo claro de los efectos de la globalización, en el buen, pero sobretodo en el mal sentido.

Supongo que la nave que ardió ayer en Badalona, estaría repleta de tipos hambrientos con historias parecidas a las de Mahamadou, pero basura como Albiol y sus votantes se llenaran la boca de palabras como inmigrate u Okupa, mientras la mierda de medios, supuestamente progresistas, que te informan, te alertaran sobre la supuesta peligrosidad de una sociedad polarizada y te dirán que el mismo peligro supone la izquierda "radical" (la que, básicamente, abastece a iniciativas solidarias como la que he relatado) que la extrema derecha.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Un café sobre un refugio antiaéreo

Echo de menos el último rincón donde me sentí a gusto al cien por cien tomando café. 
Situado en Manresa, unos dos cientos metros antes del convento de Santa Clara en la calle homónima, fue un lugar de esos donde, a parte de haber llegado a desarrollar cierto sentimiento de pertenencia, me sentía totalmente cómodo y en paz. 
 El local se llama "El mirador" y es que, desde su minúscula y soleada terraza donde apenas caben tres mesitas, las vistas son privilegiadas. La panorámica incluye la montaña de Montserrat perfectamente perfilada de fondo, la Basílica de Santa Maria de la Seu, el Pont Vell sobre el río Cardener, y un montón de huertecillos que, escalonadamente, van bajando desde aquella zona  de la capital del Bages, hacia la carretera C-1411Z.
Como si de una maqueta se tratara, los trenes "dels Catalans" (como se les llama coloquialmente por aquí, para diferenciarlos de los de Renfe) surcan los huertos y se pierden (o emergen de él, según el sentido) en un pequeño túnel que atraviesa la montaña, para salir de nuevo de ella y discurrir paralelos al curso fluvial del Llobregat en su trayecto por las comarcas del Bages y del Baix Llobregat, hacia Barcelona. 
Ni los trenes consiguen elevar demasiado los decibelios del lugar.

Mientras arreglaba mi mundo, unos cuantos cafés cayeron aquí

Empiezo a escribir este post desde uno de los numerosos cafés ubicados dentro de la estructura metálica del edificio del "Mercat" de la Barceloneta, en la Plaça del Poeta Boscà.
Se trata de un local bien iluminado por un sol que entra libre y que se mete, literalmente, casi hasta la cocina. 
No tengo claro que acabe convirtiéndolo en mi refugio ocasional para escribir o leer un rato a media mañana. Demasiado ruido y unos precios sobredimensionados, propios del típico local donde queda cool dejarse ver tecleando un ordenador blanco. 
Bajo mis pies tengo uno de los 1300 refugios antiaéreos que se construyeron para que la población Barcelonesa se resguardara de los 194 bombardeos que durante la guerra civil Española perpetraron aviones de los ejércitos aéreos alemanes e italianos, principalmente. 
Franco obtenía ayuda para masacrar a sus compatriotas, y dos de los países que unos años después constituirían el bloque del eje en la segunda guerra mundial, afinaban sus juguetes en un campo de pruebas real.
Panfletos de propaganda alentando a la población a construir los refugios

Entrada de uno de aquellos refugios antiaéreos 
 
Si ladeo mi cabeza hacia la derecha, casi puedo ver la salida posterior de la iglesia de Sant Miquel del Port, cuyo portón da a un pequeño callejón que desemboca en la Plaça del Poeta Boscà.
Aquella iglesia fue ultrajada por el bando nacional y la campana de la misma fue lanzada al mar por los militares que la usurpaban. Cuando acabó la guerra, fue rescatada por un buzo y volvió a su lugar de procedencia.
Aquellos vomitivos fascistas, no muy diferentes a Santiago Abascal y a toda la basura nazi que hoy ha llenado de estulticia moral la Plaça Sant Jaume, son muy de respetar los símbolos religiosos, pero imagino que de vez en cuando hacían excepciones, e imagino que el clero Catalán no debía ser muy de su agrado, ya que tengo entendido que, en aquella época, era uno de los pocos refugios que tenía el pueblo Catalán para hablar su idioma con libertad.

Mientras todo aquello pasaba, la unión Soviética enviaba asistencia humanitaria en forma de víveres y ropa por valor de veinte millones de rublos, en un gran barco que Iósif Stalin ordeno fletar para apoyar a la población de la ciudad Condal. 

La multitud en Puerto de Barcelona, recibiendo al barco soviético Ziryanin el 14 de octubre de 1936

Varios barcos parecidos al Ziryanin, se llevaron a la URSS a 7000 Españoles. Entre ellos, a los famosos "Niños de Rusia", unos 3000 niños que fueron salvados de la guerra y a los que en la unión Soviética se les dio cobijo, educación y ocio.

Cola en Barcelona para alistarse en las milicias del POUM (partido obrero de unificación Marxista)

No es de extrañar que el movimiento antifascista y el Comunismo acabaran arraigando de alguna forma en la ciudad de Barcelona, y que, a día de hoy, Catalunya sea uno de esos bastiones del país donde uno puede decir orgulloso que al fascismo se le mantiene a raya.

Algunas de las fotos de este post son parte de una interesante colección de fotografías que hizo Antoni Campañà durante la guerra civil, y que se encontraron casualmente unos años después en el desalojo de una casa de Sant Cugat del Valles que iba a ser derruida.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Hábitos


"Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino"

Esta frase, que conocía desde hace años, de Charles Reade, novelista Británico del que no he leído nada y al que no conocía hace un minuto, suele retumbar en mi cabeza. A veces para martirizarme. No la parte final, demasiado "Coelhiana" y de tintes demasiado deterministas. Ignorando el caos y la absoluta nimiedad del ser, y glorificando lo absurdo que puede llegar a ser planificar el devenir de una existencia.

Si hay un acto que hubiera repetido gustoso cada uno de los días de esta semana, hubiera sido el de beber vino. Y no una copa. Tiendo al exceso. En todo. No sé si por mi propia naturaleza o por el hecho de haber cultivado el habito de buscar la intensidad siempre. O el de haber cultivado el último año el de hacer lo que me apetecía en cada momento, sin pensar jamás en obligaciones, ni demasiado en las consecuencias
Me he estado privando del vino. No hubiera sido solo un vaso y lo sabía. Si alguien que me aprecia lee esto, que no se asuste. Por el momento no me veo frecuentando reuniones de "alcohólicos anónimos". 
Tiempos raros. No esperaba tener que normalizar mi vida en este contexto de limitaciones al ocio y jibarización de libertades. Aunque, a decir verdad y pensándolo bien, he conseguido que en la práctica apenas me afecten.
Disertaba en el primer párrafo sobre de lo de levedad del ser, planificar y tal. Mi rodilla anda algo renqueante, debido a una estúpida caída que tuve hace un par de semanas, así que de momento he tenido que abandonar el hábito de ir al trabajo en bici.

El lunes pasado decidí que, en vez de al vino, me iba a dar al hábito del agua salada. El del mar. El de nadar en la playa. El de llegar de trabajar a las 18h, salir flechado de casa con el ocaso acechando y lanzarme a dar brazadas sin pensar y guiándome por las luces del hotel vela o por las de las torres Maphre. El de salir del agua en la oscuridad y andar hasta casa necesitando una ducha caliente.


Me ha sentado bien hacerlo. Daba igual si uno o dos kilómetros. De momento, dan igual el ritmo o las pulsaciones. Solo espero integrarlo como un hábito y llevarlo a cabo durante todo el año.
La noche intentaré evitarla, eso sí. Aunque siempre que nado en el mar, en mi imaginación me anda acechando alguna tintorera o, lo que es más surrealista, algún tiburón blanco enfermo y extraviado que decide morir en algún lugar alejado de su hábitat natural, por aquí solo hay alguna medusa desubicada. Ayer me picó una. No la esperaba. Pensaba que con la actual temperatura del agua ya no andarían por aquí.
También me he propuesto adquirir el habito de escuchar más podcasts de programas de humor y el de quedar en persona con más gente que aprecio. Dejar de procastinar en ese sentido. Y el de abandonar, casi al 100%, la sal y el azúcar. Si además consigo abandonar el de morderme las uñas, ya será la reostia y acabaré recordando este invierno como una época positiva que recordar para bien.

sábado, 24 de octubre de 2020

Nueva normalidad

Más de tres meses sin aparecer por aquí. Me quedé sin ganas de hacerlo y también sin inspiración. Y pese a no haber recuperado ninguna de las dos, esta mañana he sentido que era el momento de intentar retomar la costumbre de escribir. Hay cosas que cuanto menos haces, menos ganas tienes de hacer.

Escribo desde mi nuevo hogar desde hace tres semanas. Se trata de un pequeño apartamento ubicado en el barrio de la Barceloneta, en el distrito de Ciutat Vella de Barcelona. Aquí comparto estrecheces junto a un buen amigo, pero a cambio tengo el mar mediterráneo a dos minutos andando, un privilegio al que espero sacar partido y valorar.
De lunes a viernes me desplazo al trabajo en bici. Lo hago por un carril bici que, desde prácticamente la puerta de casa, me lleva a una población de lo que algún día se conoció como "el cinturón rojo de Barcelona", un cinturón al que, a día de hoy y haciendo justicia a la innegable y vomitiva influencia que comportó por aquí la llegada de "Ciudadanos", ya se le llama cinturón naranja.
Sin duda alguna, el hecho de surcar en bici el litoral de Barcelona hasta el fórum y después el remodelado cauce del río Besós, me ayuda a mantener cierto optimismo y me aleja de atascos o de vagones atestados de rostros serios de los que solo puedo ver ojos y frente.
Hace tres semanas también que empecé a trabajar como enfermero en un centro de atención primaria, un centro que ya conocía y del que tenía buen recuerdo.

Corren tiempos raros y tengo sospechas de que trabajar como docente en este contexto, tal como conozco la profesión, me restaría años de vida e ilusión a marchas forzadas, y donde sí tengo claro que trabajar en un hospital me supondría algo así como un suicidio emocional.
Teniendo en cuenta que hace tres meses estaba en un paraíso terrenal de Colombia donde vivía ajeno a la pandemia y que, de no haberla habido, ahora estaría viajando en bici, ya por Italia quizás, en dirección al continente Asiático y sin rumbo fijo, lo cierto es que el hecho de adaptarme a esta nueva realidad un tanto insípida, me está suponiendo un pequeño reto.

Esta semana no ha sido fácil en lo profesional. Poner vacunas de la gripe en serie y hacer PCR'S como un autómata, me ha recordado a cuando trabajaba en cadenas de montaje de la industria de la automoción. Unido al monotema y a la histeria colectiva que el mismo provoca, todo ello ha hecho que me sienta como un estúpido eslabón de una cadena que mueve los engranajes del más absoluto sinsentido. Un sinsentido que no es nuevo y que solo ha supuesto dar una vuelta de rosca más al que ya existía. En fin, siendo todo temporal y pasajero, que todo sea sentirse algo inútil de vez en cuando.
Por otra parte, últimamente me ha dado la impresión de que la impronta que en mí dejaron algunas de las vivencias del año vivido en Sudamérica, se empieza a hacer patente ahora y ya en diferido. Pero esa es otra historia, u otras historias que quizás algún día se vean plasmadas en este espacio. 

martes, 16 de junio de 2020

Valentina y Marqués: Una historia Hispano-Búlgara de terror Europeo (II)

Balchic es una pequeña ciudad Búlgara, ubicada en la provincia de Dobrich, situada en el noreste del país, no muy lejos de la frontera con Rumanía.
Si llegas allí desde el país vecino, y mas concretamente desde Constanza (la última gran ciudad Rumana siguiendo la costa del mar negro), el contraste es notorio en varios aspectos.
La influencia Rusa se hace patente de golpe. No solo por la aparición y constante presencia del alfabeto cirílico en señales y letreros, sino también por la disminución del innecesario servilismo ante el turista de la Europa pudiente, y por el aumento de la dificultad para comunicarse en inglés.

Llegué allí viajando en bici y, tras ducharme y dormir algo de siesta en un austero hostal, salí a dar una vuelta por el paseo marítimo.
Era agosto y el sol de aquel atardecer calentaba sutilmente, mientras amagaba con empezar a esconderse.
Entre familias y acarameladas parejas que disfrutaban de las vacaciones, eran numerosos los gatos que también andaban por allí luciendo limpio pelaje y actitud despreocupada.
No suelo tener este tipo de pensamientos, pero recuerdo que aquella tarde, mientras veía aquellas parejas y acariciaba felinos cual solitario autista gatofílico, pensé que lo de viajar solo, según el día, no era fácil.
Para acabar de sumirme en la melancolía y disfrutarla por completo, cené en una pizzería de esas que trata de crear un ambiente proclive al romanticismo y, en consecuencia, se llena de parejitas.
Al lado de la puerta, junto a un refrigerador de helados, recuerdo el cuadro en el que centré mi atención gran parte de mi cena.
En él, un oso bailaba en pie, al son de la Galduka de su amo

Ocho meses después, en el día de Sant Jordi, mi novia, en aquel entonces, me regaló un libro sobre la historia de los gitanos Búlgaros y aquellos osos que tenían domesticados con los que se ganaban la vida. 
Por otra parte, el libro trataba la época comunista en Bulgaria y en otros países del este, e iba estableciendo un paralelismo entre la libertad que acabaron consiguiendo aquellos osos, y la supuesta “libertad” que supuso para algunos la disolución de la unión Soviética.
A cierta edad, la verdad es que pocas cosas materiales hacen ilusión. Se valora mucho más la intención y la ilusión que denota la elección de un regalo, y aquello me hizo más ilusión de la que pensaba que, a aquellas alturas, podían llegar a hacerme unas cuantas hojas de papel.

La etnia gitana es originaria de la región de Punyab, situada entre la India y Pakistan.
Tras haber practicado una vida más bien nómada durante algunos tiempo, acabaron estableciéndose en muy diversos lugares de Europa.
En Bulgaria hay una comunidad de unos 400.000 gitanos Romanies, aunque no son cifras oficiales, ya que la unión Europea no permite “discriminar” cuando se hacen censos en sus países miembros.
Ya sabéis, aquellas paradojas de la unión Europea: Sí a globalizar mercados para poder abastecerse de la mano de obra de países pobres y discriminarlos con sueldos miserables, pero no a reconocer la diversidad  y las identidades culturales, que eso es discriminar.
Hitler los calificó como “la plaga más grande de la población rural” y, tras los judíos, fue el segundo colectivo más castigado por su intento de exterminio de todo lo que no fuera raza aria.
Ya antes, se había legislado en Alemania para que fueran esterilizados químicamente o castrados.

La costumbre de domesticar osos con fines lucrativos no es algo que surgiera en Bulgaria, siendo una actividad ya practicada por los gitanos en su lugar de procedencia.
Con la consecución del casi pleno empleo y del exitoso sistema de bienestar social Soviético, gran parte de la población de etnia gitana disfrutó de empleos estatales y pudo prescindir de la necesidad de ganarse la vida mediante la explotación de aquellos pobres plantígrados.
Cayó la unión Soviética y con ella la protección social y, de nuevo, buena parte de la población gitana volvió a hacerse con un oso para ganarse la vida, recorriendo los pueblos y ciudades más turísticos de Bulgaria, ofreciendo espectáculos en lugares como aquella ciudad donde cené.
Espectáculos donde osos como Valentina, bailaban al son de la Galduka de su humanos gitanos, comían caramelos como recompensa y se dejaban caer gimiendo, cuando sus amos les pedían que imitasen a Hristo Stoichcov, aquel jugador Búlgaro de aquel F.C. Barcelona que hizo que, en aquellos tiempos, me apasionase el Fútbol.
Año 2007. Bulgaria entró en la unión Europea y, como si otros de sus países miembros no hicieran reprochables aberraciones y no se les permitieran, esta se vio con la autoridad moral para indicarle al gobierno Búlgaro qué tenía que erradicar el uso de osos con fines lucrativos para no desentonar con la Europa “civilizada”, esa que, por ejemplo, permite a sus países miembros pagar a países del sudeste Asiático para que le gestionen (tiren al océano) toneladas de sus residuos plásticos, o que se da la vuelta e ignora el cementerio en  que se ha convertido el mar mediterráneo, gracias a la crisis migratoria que ella misma provocó en Siria.

A día de hoy, la mayoría de aquellos osos danzarines, desdentados y con problemas neurológicos, debido al consumo de alcohol, están en varias reservas naturales donde, no con demasiado éxito, se les ha intentado devolver a una vida semisalvaje.
Allí algunos se adaptan, de alguna forma muy lejana a su estado salvaje, mientras que otros deambulan perdidos, agresivos y sin llegar a adaptarse nunca.
Sus antiguos amos y sus familias se quedaron sin su medio de subsistencia, sin la mascota a la que amaban y a la que en muchos casos, cumplido el proceso de domesticación, trataban como a un miembro más de la familia, y con la tristeza del que pierde a un ser querido.
Con este ultimo párrafo, no estoy tratando de argumentar que no fuera positivo el hecho de acabar con aquellas prácticas de abuso y maltrato animal.

España entró en la U.E en 1997.
España...”el mejor país del mundo” que rebuznan algunos. “¿Qué no?, ¿a qué hay que ganar?, ¿al COVID? Pues toma! Mayor numero de muertos por millón de habitantes!”.
España, el treceavo producto interior bruto del mundo. La playa de la Europa rica. La del viva el vino. La que acaba de abrir el espacio aéreo para turistas Alemanes, mientras aún no permite desplazarse a sus ciudadanos entre provincias. ¿Cómo no iba a hacerlo, si el exministro de interior Español Jorge Fernández Díaz acaba de confesar que el emérito papa Alemán, Benedicto XVI, le avisó de qué el diablo pretendía romper España? Ni los Catalanes, ni los rojos...el mismísimo diablo!

Los favores hay que pagarlos. Y por esas, siguiendo con el sucio cochambeo, siendo que España ayudó a Alemania en la segunda guerra mundial y le sigue comiendo el culo, ¿cómo se le iba a sugerir en 1997 a la gloriosa nación Española, aquella donde no se ponía el sol, que debería empezar a erradicar la tauromaquia? Ni en 1997 ni en 2020, año en qué la presidenta de la comunidad de Madrid acaba de sugerir que se homenajee a los sanitarios de España con una corrida de toros.
Mucho de lo que aún es España, en una sola imagen
Marqués era un pobre toro que en una tarde del año 2011 tuvo la desgracia de ser escogido para que lo toreara una escoria humana llamada Juan Jose Padilla.
Tras cornearle la cara, tratando de defenderse del intento de homicidio de aquel payaso vestido de luces, Marqués fue sacrificado, mientras que Padilla sobrevivió y, a día de hoy, debido al ojo que perdió aquella tarde, se hace llamar “el pirata”, teniendo en twiter la frase: “Dios es el ojo que me falta”.
Con esa frase y tratándose de un torero Españolazo (no gitano), ¿cómo no iba a ser recibido también por el papa Francisco?
La iglesia Católica también le debe mucho a esta clase de abominable gentuza de ultraderecha. Y a la inversa. Tanto el Franquismo como el nazismo fueron apoyados por la iglesia de sus respectivos países.
Así es la unión Europea: Injusta, clasista y fascista (siento la redundancia). Y siendo que el terrorismo, más que en bombas, consiste en ejercer la tiranía mediante el terror que provoca todo lo anterior, en conclusión, terrorista.
Amor por el toro
N. del A: El libro del que hablaba se titula "Los osos que bailan", del autor Polaco Witold Szablowski. Viniendo de un escritor de uno de los países más Rusofobos que existen en la actualidad, se deja leer, no haciéndose demasiado insoportable.

viernes, 12 de junio de 2020

Valentina y Marqués: Una historia Hispano-Búlgara de terror Europeo (I)

El post de hoy pivota sobre el eje de la gestación de la unión Europea, un tema que aunque inicialmente pueda no resultar muy sugerente, creo que os puede sorprender y, a parte de acabar disfrutándolo, resultaros muy clarificador para, viendo de donde venimos, entender donde estamos.
En todo caso, para fundamentar la segunda parte de esta historia (en el próximo post) y darle más sentido, necesitaba contextualizar algunos hechos históricos de los que, independientemente de eso,  hacía tiempo que quería escribir y así plasmar aquí.
Si os quedáis hasta el final de la historia, acabareis viendo aparecer a personajes tan diversos como un oso, un toro, un gitano y, para acabar de asemejar este vodevil a un circo ambulante, también un payaso vestido de luces.

Si bien la segunda guerra mundial acabó en 1945, lo cierto es que, en algunos aspectos, se cerró en falso, como ocurre en tantos conflictos armados, sobretodo cuando en ellos participan actores tan nauseabundos como los EEUU.
Aunque en la película "Salvar al soldado Ryan" te hayan mostrado a los Norteamericanos como los salvadores del mundo, lo cierto es que estos llegaron a las costas de Normandia cuando "el pescado ya estaba vendido" y la URSS ya habían cambiado el rumbo de la guerra y se había dejado en el campo de batalla a unos veinte millones de aquellos hombres que salvaron a la humanidad de los nazis.
El único e indecente legado que la historia debería haber asignado a los EEUU tras aquella guerra, es el de haber dado el pistoletazo de salida a la utilización de bombas nucleares en conflictos bélicos.

Una de aquellas dos bombas que los mayores terroristas de la historia de la humanidad lanzaron en las ciudades Japonesas de Hiroshima y Nagasaki, ya tuvo como posible destino a Rusia.
Ya con la guerra finalizada, en 1949, el general Curtis LeMay, famoso por haber dirigido aquellos bombardeos y habiendo recibido por ello el Doctorado Honoris Causa por varias universidades Norteamericanas, recibió el encargo de implementar la operación Dropshot, el plan que establecía el lanzamiento de trescientas bombas nucleares sobre la Unión Soviética, con fines "preventivos".
Se iniciaba la década de los sesenta, y el pentágono volvía a poner sobre la mesa un nuevo plan con el objetivo de “destruir China y la Unión Soviética como sociedades viables”.
Entiendo que pueda parecerlo, pero no me invento ni inflo nada. Se puede comprobar en el documento desclasificado y publicado el pasado quince de agosto del 2018 en la web de los Archivos de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington.

De forma paralela, y aunque el alumbramiento no se produciría hasta 1993, el monstruoso embrión de la actual unión Europea iba anidando en el útero de ese espectro llamado Alemania, que la URSS debería haberse anexionado por completo, y no solo parcialmente, tras el fin de la 2º guerra mundial.

Una imagen vale más que mil palabras
De haber sido así, ahora nos ahorraríamos escuchar la tan cacareada y cansina monserga del muro de Berlin.
De vez en cuando, aún oigo algún testimonio de algún Alemán quejicoso del comunismo y la época de la República democrática Alemana.
Ellos pueden expresar sus quejas, a pesar de ser descendientes o, directamente, ser de los que apoyaron a Hitler en aquella guerra.
Los hijos y nietos (no nacidos) de los más de viente millones de Soviéticos su país mató, no pueden dar su opinión.
Por otra parte, ademas de soflamas anticomunistas, también nos hubiéramos ahorrado la OTAN y las treinta bases Norteamericanas que, a día de hoy, hay en territorio Alemán.

Volviendo a la gestación de la unión Europea, esta se fue desarrollando con la constante presencia del espíritu nazi.
Los acuerdos, tratados e instituciones que fueron conformando aquel feto, contaron con la presencia de repugnantes personalidades como, por ejemplo, la de Walter Hallstein, abogado del Partido Nacionalsocialista, estratega político del Estado nazi y, décadas después, primer presidente de la Comisión Europea y uno de los doce firmantes de los Tratados de Roma de 1957, un acto que, extraoficialmente, se considera como el verdadero nacimiento de la U.E.
Otro ilustre nazi, presente en aquellos días que perpetraron la perpetuación del terror, fue Hans-Dietrich Genscher. Antes de ministro de Asuntos Exteriores de la Alemania Occidental y autor de un nuevo plan de profundización de la Unión Europea, fue miembro de las Juventudes Hitlerianas y de la Luftwafe —las fuerzas áreas nazis—, además de miembro del Partido Nazi —carnet NSDAP nº 10.123.636—.
Su pasado nazi y su condición de prisionero de guerra alemán no impidieron que alcanzase las más altas cotas de poder en la Alemania occidental y, tampoco, que se reconvirtiera en otro de los pilares y promotores de la U.E.
Sobre la formación de la U.E y demás monstruosidades similares, podéis encontrar más información en el post que adjunto del interesante blog "Un Vallekano en Rumania".

Y aquí entra en juego Bélgica, mi país de nacimiento. No la salva ni eso (solo faltaba...), ni el hecho de que den algo de justicia (la que no hay en el indecente e inmoral estado Español) y alojo al electo y legítimo presidente de Catalunya, Carles Puigdemont, o a Valtonyc, el rapero Mallorquín que España quiere encarcelar por enaltecer el terrorismo, cosa que el estado Español hace cada 12 de octubre al celebrar su terrorismo de estado, el que provocó un genocidio en Sudamérica y el que, tras no regenerarse en esa teatral farsa que fue la transición, ha seguido perpetrando mediante estructuras policiales y judiciales que rezuman infectos efluvios Franquistas.

Bruselas alberga el parlamento Europeo y, por otra parte, la sede de la OTAN, la organización criminal transatlántica en la que la U.E participa activamente y donde colabora con EEUU en su actividad terrorista a escala mundial. ¿O piensas que las bases que los EEUU tienen en 150 países del mundo son un adorno?
Como supongo que entenderéis, nada bueno pudo salir de un conglomerado así de mafioso y criminal, comandado por unas élites fascistas interesadas, básicamente, en mantener sus privilegios y en aniquilar los sistemas comunistas que, en aquella época, ponían en entredicho el capitalismo.


Paralelamente a todo lo relatado hasta ahora, allá por el año 1955, la burguesía Belga aún andaba ejerciendo su particular terrorismo en el Congo, esclavizando adultos y metiendo niños negritos en jaulas para divertimento de sus pequeños vástagos Europeos

lunes, 8 de junio de 2020

Paguitas y pegotes (II): "Mirando a la miseria a los ojos"

En una tranquila tarde otoñal, de hace algo más de cinco años, preparé el maletín asistencial, me subí al cochecillo del centro de atención primaria de Montcada i Reixac y me dispuse a hacer la ruta de domicilios que tenía asignada en aquella población de la comarca del Vallés occidental.

Me gustaba aquel CAP, me gustaban mis compañeras, mis jefas, el sueldo y también aquella función de visitar pacientes a domicilio un día a la semana.
Acabé apreciando aquella población, a pesar de hacer gala de un notable "feismo" en lo estético, y de un estatus socio-económico que poco tiene que ver con el de poblaciones cercanas como Cerdanyola o Sant Cugat del Vallés.
Difícil no acabar queriéndola, cuando fue recorriendo sus calles durante 6 años, en una ambulancia junto a Marc, donde pasé algunas de las mejores horas de mi vida. Riéndome con él y aprendiendo a su lado el significado de la palabra cuidar, un termino excesivamente manido en la carrera de enfermería, pero que rara vez había visto poner en práctica de verdad, o al menos no de una forma tan holística, palabra también muy usada en los estudios de enfermería y que a los dos nos hace reír aún por motivos que no escribiré aquí.

Aquella dirección me resultaba familiar, pero después de siete años habiendo recorrido aquel pueblo en la ambulancia, ¿qué dirección no me resultaba familiar ya?
Me abrió una mujer que no reconocí, al contrario que aquel edificio en que sabía que sí había estado. A medida que entré y recorrí el domicilio, fui situándome. Al abrir la puerta de aquella habitación, vi a aquel matrimonio que, definitivamente, sí conocía. Pero ya no era solo ella la que estaba en cama.
Tras tomarles las constantes, hablar con ellos un rato y hacerles el test de Barthel para corroborar el evidente avanzado grado de dependencia que presentaban ambos, me despidieron acariciándome la mano y sonriéndome con una expresión de profundo agradecimiento por el tiempo que les había prestado.
Pese a que, tras media hora allí dentro, ya me había acostumbrado, me supuso cierto alivio salir de la habitación y dejar de respirar aquel olor rancio, mezcla del olor de la orina y el del abandono.
Desde la muerte de mis abuelos, en aquellas situaciones me costaba algo más de lo habitual no dejar caer alguna lágrima. Siempre me duraba poco, eso sí.

Salimos de la habitación y la hija se puso a llorar y a explicarme que no tenía quien les cuidase, que ella no podía dejar el mísero trabajo que tenía, donde le pagaban una puta mierda por jornadas de doce horas, y que la nimia pensión de su padre (su madre no tenía) no permitía florituras del tipo de ingreso en esos mataderos que, como se ha evidenciado (más aún) con el COVID, suelen ser la mayoría de residencias.
Si no recuerdo mal, aquello estaba en espera de que servicios sociales moviera ficha y asignase algún tipo de ayuda personal al matrimonio. Una ayuda que, a buen seguro, sería anecdótica y que no resultaría suficiente, ni a nivel práctico y, desde luego, tampoco a nivel de satisfacer la necesidad emocional de aquella mujer de acompañar a sus padres en aquellos difíciles tiempos, previsiblemente, no muy lejanos a su muerte.

Quien no ha visto de cerca situaciones como la relatada (sin entrar en el índice de hogares pobres o en el de desnutrición infantil, impropio de un país perteneciente a la U.E) y no está a favor de la redistribución de la riqueza, es un ignorante y algo de disculpa tiene. Quien las ha visto y aún así está en contra de medidas como la "renta vital mínima", que el actual gobierno de España ha aprobado recientemente, es un psicópata.


A mí que la iglesia católica, la monarquía o el sector de la tauromaquia, instituciones patrocinadas con la "paguita" estatal, (la primera con una asignación estimada de 11.000 millones de euros anuales, y la segunda con 65.000 e solo en comida), opinen sobre el tema, solo me produce intensa repugnancia. Que ademas consideren que no es una medida pertinente, me suscita palabras de esas que, de ser expresadas en España, pueden ser motivo de ingreso al trullo por "delito de odio".
Que las "grandes fortunas" se puedan ir del país por nuevos impuestos que puedan afectarles, me sugiere decirles, al igual que le dijo Pablo Iglesias a Ivan Espinosa de los Monteros, "cierren la puerta al salir". Y es que si alguien es tan miserable que, teniendo un patrimonio de dos millones de euros (descontando los primeros 400.000 de primera vivienda), le molesta pagar 20.000 e de impuestos al año, creo que tenerle lejos es un verdadero placer y una enorme ganancia moral para el país.
Es esa misma gentuza que tiene miedo de que a partir de ahora, de explotar a sus trabajadores con la impunidad que acostumbran, estos dejen el trabajo y les digan que se lo metan por el culo.
Es importante tener claro el tipo de ratas interesadas en perpetuar el capitalismo.

Personalmente, sueño con una legión de receptores de "paguita", liberados de la dictadura del capital y ociosos. Libres para tomarse la cerveza y la tapita (si pueden vivir así y es lo que deciden hacer con su tiempo) o para leer, escuchar podcasts, poder mirar algo más que su propio ombligo y, con un poco de suerte, que las masas viren hacia una ideología socialista, ya sea por conveniencia o por convicción.
Al fin y al cabo y según la doctrina liberal, el ser humano es egoísta por definición e instintivamente tiende hacia el capitalismo. De ahí que, según ellos, el comunismo sea una utopía. Así que, de acuerdo a esa teoría,  serán pocos, y por pura necesidad, los que se resignen a vivir con la "paguita".

El viaje en el que ando inmerso me ha permitido vivir algún acontecimiento que me ha abierto los ojos en algunos aspectos y ha reforzado unos ideales que, aunque ya estaban fundamentados, necesitaban de alguna reforma.
Me impresionó vivir las protestas que tuvieron lugar en Ecuador el pasado mes de octubre. Me fascinó ver como gran parte de la población Ecuatoriana se volcó en aquello y paralizó el país durante un mes, forzando a Lenin Moreno a recular en su asqueroso e indecente servilismo ante el F.M.I  y los recortes que este exigía imponer al país.
Un triunfo de la clase obrera como aquel, solo es posible con una población con cierta libertad y no totalmente encorsetada por obligaciones económicas que le asfixie y no le permita salir a las calles si la situación así lo requiere.

“Exponer a los oprimidos la verdad sobre la situación es abrirles el camino de la revolución”

                                                                                                                                 Leon Trotsky