sábado, 6 de abril de 2019

"Lo que hago no es importante, pero es muy importante que lo haga"

Esta frase, de Mahatma Gandhi, es una de mis preferidas y de las que, de forma más recurrente y en diversas circunstancias, me vienen a la cabeza.
Un claro ejemplo de circunstancia donde la frase me asedia, es cuando me he propuesto salir a entrenar en bici y, llegado el momento, por a (la a puede ser una inofensiva nube minúscula ...) o por b (que podría ser cuando llego cansado del trabajo y pienso que no tengo por qué obligarme a más por ese día...) intento convencerme de que no es necesario. "¿A quien le importa?, ¿realmente es importante que lo haga?, ¿y si no lo hago, qué?".
La realidad es que a mis 38 años pienso que no, que realmente no es importante si salgo o no salgo a entrenar en bici, pero que sí, que sí que es muy importante que lo haga. Pese a ello, la realidad es que no voy a llegar como me había propuesto llegar a "La clàssica dels murs" de Cervera, una marcha cicloturista de 160 km's y 2400 metros de desnivel a superar, repartidos en 18 subidas , que discurre por las comarcas de La Segarra i de L'Anoia.
La razón es que el último mes ha sido muy intenso a nivel laboral y, en parte por falta de tiempo y por otra parte por falta de capacidad emocional, no siempre he cumplido con lo previsto como me hubiera gustado.
Si consideraba que, a pesar de que no fuera importante, era muy importante que lo hiciera, era porqué la última vez que me sentí realmente fuerte y realizado haciendo deporte fue en la edición de hace 4 años de esa misma prueba. Lo recuerdo como un día feliz, e intento tomarme lo de intentar ser feliz como una prioridad. En fin, trataré de asumir las circunstancias y disfrutar la prueba, adaptándome a mis posibilidades.
No me quejo. Actualmente, el trabajo también me hace sentirme realizado y feliz con bastante frecuencia. También, en él, suelo pensar sobre la frase que titula el post.
Hace 3 semanas estuve en una jornada de formación sobre neuroaprendizaje e innovación educativa en Solsona. Formarse en el sector educativo, suele ser sinónimo de brutal "input" motivacional y suele comportar componentes de reflexión, aprendizaje real, e incluso diría que hasta algo de revolución a nivel personal.
Por otra parte, en mi centro de trabajo también he estado realizando otro curso de formación llamado "Filosofia 3/18". Me he sentido muy muy básico haciéndolo. Lo cierto es que llegué a este sector gracias a una carrera y a una experiencia profesional de un sector sanitario muy concreto, y no desde una carrera de conocimientos más holísticos o abstractos como puedan ser filosofia, antropologia o algo parecido, cosa que cada vez veo con más claridad que me hubiera encantado hacer.
Hablando sobre filosofia, también he estado acompañando a alumnas a que impartieran talleres de ergonomia y primeros auxilios a los alumnos de 3º y 4º de primaria del colegio.
Uno de los niños nos hizo una pregunta que, dado el curso de filosofia que estaba haciendo en aquel momento, me dejo "to loco": ¿Por qué la columna vertebral está en la espalda y no delante?. Puede que parezca fácil de responder desde un punto de vista pragmático, pero lo cierto es que el pensamiento critico y reflexivo que el niño demostró, me pareció a años luz del que yo tengo.
Mis alumnas impartieron los talleres desenvolviéndose como autenticas profesionales y demostrando un bagaje y un saberhacer que, sin duda alguna, están adquiriendo poco a poco, y que espero que las lleve a sentirse realizadas y felices con su trabajo, como auxiliares de enfermería, en solo unos meses, o que las anime a estudiar, hacer o ser lo que ellas decidan ser.
La verdad es que hacer que alumnos en plena adolescencia (con todas las inseguridades y dudas que eso comporta...) descubran sus capacidades, potencialidades y posibilidades de ser feliz, creo que es lo más importante que puede conseguir un profesor, más allá de que puedan aprender anatomia o habilidades técnicas especificas sobre alguna profesión concreta.
Si me hubieran dicho con 20 años (o con 30) que ayer estaría en un Stand publicitario de la "Fira de l'estudiant de Manresa" informando a interesados sobre las posibilidades formativas de la FP de rama sanitaria, me hubiera escondido en un búnquer y aún estaría allí para evitar exponerme a esa situación. A día de hoy la puedo disfrutar, y creo que mi vida profesional (y, sin demasiado motivo de queja, quizás la personal también...) hubiera sido más gratificante y enriquecedora si hubiera descubierto antes algunas cosas sobre la vida...

...Como que el famoso corte de digestión no existía y que me hubiera podido bañar un montón de veces en que no lo hice ; pero sí la hidrocución de la que siempre me he librado, de momento:-)

sábado, 2 de marzo de 2019

Disertando sobre la metamorfosis Europea en tierras de Kafka

Hacía días que tenía ganas de actualizar este blog que, como tantas otras cosas en la vida, languidece y se marchita si no le dedico un sincero interés y algo de tiempo de calidad. De ese en el que no se echa de menos el móvil.
Escribo esto sobrevolando la República Checa, en dirección a Barcelona, tras haber pasado 4 días en su capital, Praga. Aún en caliente y con el extra de autenticidad y espontaneidad que ello confiere a un escrito, intentaré usar esta experiencia como hilo conductor de este escrito que todavía no tengo muy claro de que va a ir.
Praga, una ciudad que deseaba visitar desde hace mucho tiempo y que no me ha decepcionado, ya que tampoco esperaba mucho más que lo que me he encontrado, es decir, una versión artificialmente edulcorada, por la globalizadora e idiotizadora Europa, de lo que un día debió ser una ciudad igual de bonita, pero más auténtica y con más esencia de este.
Una ciudad de contrastes, en la que se palpa y se percibe cultura en cada rincón de la ciudad, ya sea en la arquitectura de las edificaciones, o en las espaldas de los numerosos transeúntes que cargan con algún instrumento musical. Por otra parte y como dato curioso, comentar que Praga se ha convertido en los últimos años en uno de los principales platós cinematográficos “convencionales” de toda Europa, mérito que, en lo referido al cine para adultos, hace muchos años que, junto a Budapest, ostenta también. 
Si esto último le resulta Kafkiano  a alguien y le da por estigmatizar el este, stop y tranquilidad, que aquí al lado en Terrassa también se viene utilizando, desde hace años, el conocido como "hospital del tòrax", un antiguo hospital para tuberculosos terminales, como plató de grandes producciones de cine X. Por cierto, Frank Kafka ,el afamado y conocido escritor checo autor de "la metamorfosis", murió de tuberculosis y sus restos descansan en un cementerio Judío de la capital Checa. Un cementerio que no visité, pero que es como tantos otros del este de Europa, que sí he visto, los panteones se ubican a nivel del suelo (no como aquí, donde el apilamiento vertical de los féretros y el gris cemento confieren a estos lugares un aspecto más tétrico aún, si cabe), y el verde de la abundante vegetación suaviza lo siniestro y lúgubre de estos sitios.
Estas tierras fueron parte de la antigua Checoslovaquia y se han ido integrando, como tantos otros países del este de Europa, en el “eje del bien”, la unión Europea, la OTAN y la defensa de los derechos humanos. Esa defensa que igual te deja miles y miles de muertos y la antigua Yugoslavia hecha unos zorros, con el pretexto de ayudar a Kosovo, como luego te defiende la instalación allí de la mayor base militar norteamericana que hay en Europa, para que los siempre pacíficos y conciliadores “Yankees” nos cuiden y protejan del tio Putin. 
La vieja Europa, la misma que, junto a Estados unidos, en 2014 encend la mecha del ultranacionalismo Ukraniano, alentando así un golpe de estado (y una guerra posterior, relativamente, silenciada por aquí, aún vigente) que derrocaría al, entonces presidente, Victor Yanukovich, y que permitiría seguir expandiendo esa globalización tan homogeneizadora y fascista que, a día de hoy, avanza también en nuestro país.
¿Qué decir del gran ejercicio de defensa de los derechos humanos universales de haber dejado instalar a la CIA campos de prisioneros ilegales en Vilnius o Bucarest, hecho probado que condenó en su día el tribunal de Estrasburgo?.
Lo último ha sido posicionarse, con gran convicción y profunda conciencia y preocupación, a favor de otro golpe de estado, esta vez en Venezuela, mientras que se dejan morir, aquí mismo en el Mediterráneo, a miles de seres humanos, no tan solo cerrando los ojos, lo que ya sería mezquino de por sí, sino manteniéndolos bien abiertos y fijándolos en los barcos de rescate de personas, prohibiéndoles salir a trabajar para que, al menos así, pudieran intentar mitigar este otro gran ejercicio de defensa de los derechos humanos.
En fin, refiriéndose a la actual Praga estrictamente y dejando de lado tostones ideológicos, decir que, junto a un amigo, deambulé por la ciudad y sus alrededores, disfrutando de su majestuosa belleza y elegancia, y sin más ambición que de la buscar paz y tranquilidad, ese valor del que habla este "tolerante y empático " niño Aragonés y que cada vez valoro más yo también.
Después del ocaso las cosas son menos tranquilas por allí y, tras una primera noche donde anduvimos zanganeando por un par de típicos antros para turistas, la segunda noche acertamos y acabamos en el “Lucerna Music Bar”, en una divertida fiesta con público tanto local como foráneo y con temática de los 80 y 90.
La vuelta a la rutina ha sido dura. Los efectos del cortisol disparado, embriagando mis células, dificultándome dormir bien y afectando a mi estado de ánimo y a mi capacidad de concentración, han caído sobre mí como un silencioso meteorito que cae en dirección vertical y que no esperas. Lo esperaba en enero y me libré, así que, teniendo en cuenta la empinada pendiente de subida que supone el curso escolar en este momento del año, era previsible que estuviera al caer.

domingo, 20 de enero de 2019

"xerrada" y café en Manresa con Joaquim Amat Piniella: La vuelta del fascismo

Iba a escribir este post en Catalán, pero al final me ha vencido el ego, y la perspectiva de dificultar la lectura de este escrito a posibles seguidores de habla hispana y desconocimiento del idioma Catalán que, de vez en cuando, entran por aquí, me ha hecho desistir de la idea inicial.
A veces recuerdo a ese "yo" de hace 18 años que venía a estudiar fisioterapia aquí en Manresa. Más perdido en la vida que un daltónico jugando al Twister, duré poco en aquella carrera y fue una liberación dejar de coger cada día el tren que me traía de Olesa de Montserrat a la capital del Bages. Mi recuerdo de esta ciudad no era bueno, y cuando me planteé venir a vivir aquí, hace año y medio, por motivos, principalmente, prácticos y de proximidad a mi lugar de trabajo, no las tenía todas conmigo.
A día de hoy veo las cosas muy diferentes. Influye en ello el hecho de que encontré, de una forma bastante casual (suponiendo que la casualidad exista), un Loft en la última planta de un edificio del centro de la capital de la Catalunya central.
Una gran chica, compañera de trabajo y antigua inquilina de este "chiringo" durante unos cuantos años, me abrazó en una madrugada de un mes de julio y, bajo una fina llovizna mezclada con algunas lágrimas y alcohol, me dijo que en la vida todo sería temporal, y que la mayoría de personas que pasan por nuestras vidas serían compañeros/as, más o menos temporales, de un largo viaje que me iría llevando a escenarios y situaciones vitales que nunca antes hubiera imaginado, pero que siempre acabaría entendiéndolo todo y siendo feliz.
Un año después, me dijo que este lugar, al que ella llama el séptimo cielo y donde me decía haber sido muy feliz, estaba libre en aquel justo momento en que yo empecé a buscar, y que viniera a verlo.
Creo que no acabaré aquí mis días, pero ahora me gusta esta ciudad. Me gusta llegar desde la C-55 y entrar por la carretera de la Renfe, nombre por el que se conoce por aquí a una pequeña carretera secundaria, paralela al río Cardener, que entra a la ciudad serpenteando y ofreciendo la bonita visión de la colegiata Basílica de Santa María de la Seu.

Me gusta caminar por el casco antiguo, y cruzar sus calles y callejones de camino a la mayoría de sitios por los que me muevo. Cuando voy a la biblioteca del casino, cruzo la plaza Sant. Domènec y el "passeig de Pere III" y llego al bonito edificio que la alberga. Allí, siempre inmóvil e impertérrito al tiempo y a lo que le rodea, está Joaquim Amat Piniella ofreciendo un café y silla a quien lo pueda necesitar.
Es inevitable que repare en la estatua cada vez que paso por allí. En su día y sin saber quien era, "Quim" fue el tercer integrante de una bonita y divertida foto tomada en el transcurso de un paseo en una cálida tarde veraniega.
Actualmente, cada vez que le veo, pienso que debería imitarle y hacer por mostrarme más disponible para compartir un café y conversación con quien lo pueda necesitar en un momento dado.
La verdad es que lo estoy, pero a veces creo que es bueno hacerlo notar con algún gesto. Hay una frase que me gusta y que dice algo así como: "Lo que no se expresa, no existe". La verdad es que parte de razón tiene.
Una vez me senté con Quim y le acepté el café. Me estuvo contando que andaba algo preocupado últimamente.
Me dijo que en los años 30 fue dirigente de "Esquerra Republicana".  Acabó luchando en el bando republicano durante la Guerra Civil Española. Después huyó a Francia, donde fue internado en un campo de concentración de Argelès-sur-Mer. 
Como muchos republicanos españoles, en 1940 fue deportado por los alemanes al Campo de exterminio de Mauthausen, donde pasó cinco años, hasta que fue liberado y pudo retornar a Catalunya en 1946.
Comentamos que las cosas no han cambiado mucho. A día de hoy, otro dirigente de "Esquerra Republicana" lleva un año recluido en una cárcel por el fascismo Español, el cual siempre había estado ahí, agazapado aunque notablemente presente para cualquiera con un mínimo de ojo crítico, y que ahora parece perder la vergüenza y se desmelena orgulloso, aprovechando la euforia que le produce la entrada de un partido de extrema derecha en un parlamento autonómico, oficializando así la más absoluta y vergonzosa ignominia moral. Como dice Ignatius Farray: "La derecha siempre ha tenido muy claros sus valores de referencia: misa, cocaína, puticlub, robar y votar"

Acabamos la conversación con un fuerte apretón de manos y le dije: "Quim, jo no he nascut aquí i suposo que no puc sentir aquest tema de la mateixa forma que ho fas tu. De fet, no sé si moriré aquí a Catalunya, però et puc assegurar que em sentiré realment feliç si visc el dia en que la nostra terra sigui lliure i tanta injustícia i baixesa moral quedi enrere".

jueves, 3 de enero de 2019

Navidad en el país del sol naciente

Llegó la navidad, una época que no me gusta tanto como cuando mis abuelos estaban vivitos y coleando. Lo que se dice colear, coleaba mi abuelo, porqué mi abuela, a decir verdad, fue una mujer a la que le costó disfrutar de la vida, por decirlo de una forma suave.
Me la quería mucho y ella a mi. Ella solía decir de mi algo así como “és que aquest xiquet val molt!” en su Valenciano natal, dialecto del idioma Catalán, que ella siempre quiso que hablase y del que me ha quedado cierto acento cuando hablo Catalán, pese a que apenas lo hablé.
Decía que me la quería mucho, pero, dejando de lado la subjetividad que ello confiere al asunto, reconozco que me quedó como paradigma y modelo de mujer que si decides pasar la vida a su lado, muy probablemente y hagas lo que hagas, te estarás poniendo una importante traba en la, no siempre fácil, tarea de ser feliz y vivir la vida con plenitud.

Puede que razonar así y pretender responsabilizar a una mujer de la sensación de infelicidad de un hombre pueda sonar un poco machista o patriarcal.
Bueno, yo no soy mujer ni gay, así que nunca he experimentado ni me he planteado si un hombre podría interferir negativamente en mi vida, en el contexto de una relación sentimental.
En todo caso, no son pocas las veces en que tampoco entiendo que hace según que mujer “perfil novia”, que llamo yo, con según que tipejo, y en que pienso que ella está medio enterrándose en vida.

Mi abuelo fue un gran hombre: Divertido, culto y más rojo que la bandera de la unión soviética, cosa que considero un doble mérito habiéndote criado por aquellas tierras del "caloret" de Rita Barbera, y demás esperpentos como Camps o Zaplana. Él era un vitalista al que recuerdo, con 80 y tantos años a sus espaldas y una salud de hierro, bailando en su cocina de Torrente (Valencia) al son de alegre música latina, mientras preparaba el desayuno e iba pensando en los sitios a los que iría aquel día.
En navidades y conmigo allí en su casa, aquella ruta incluía visita segura a una casa particular donde se vendían excelentes mandarinas recién cogidas del árbol y de las cuales siempre me llevaba 4 o 5 kg a Catalunya.
A mi abuelo se le paró el corazón, mientras dormía, al poco tiempo de ser ingresado en una residencia, con algún tipo de deterioro cognitivo de esos que a esa edad nadie se esfuerza demasiado en diagnosticar y a lo que suelen llamar Alzheimer. Sabiendo que tenía un corazón de hierro, siempre he pensado que murió de pena con una depresión de caballo.
El hecho de que nadie de su entorno lo evitáramos y que todo se fuera sucediendo sin más, hasta acabar como acabó, me llevó a asumir y a medio entender, junto a alguna otra experiencia, parte de la sinrazón, de la miseria y de la "insoportable levedad del ser", como reza el titulo de la novela, inherente a la condición humana.

Escribo estas lineas sobrevolando uno de los 85 "sujetos federales" de Rusia, tras haber cruzado el océano pacífico, viniendo desde Japón, donde he pasado la navidad y el fin de año junto a 3 buenos amigos.
Entre las cosas que me quedan pendientes por hacer en la vida y que me llaman la atención (ya llegarán más en el futuro...espero), tengo una lista algo variopinta que va desde ver a Marea en concierto interpretando la canción "corazón de mimbre", a recorrer en bici el país que ahora sobrevuelo en un largo viaje que mezcle lo deportivo con lo turístico. 
En la lista no estaba ir a Japón, pero la cancelación de otro viaje anterior de un amigo, y el hallazgo casual de un vuelo al país del sol naciente a un precio interesante, mientras buscábamos vuelo a Tailandia, hizo el resto.
No me entusiasma convertir este blog en una especie de guía de viajes de andar por casa, así que no lo haré. Simplemente, decir que hemos pululado por la enorme y sorprendente Tokyo y sus alrededores, intentado ver, a parte de la capital, algún lugar de templos como ha sido Kamakura y algún pueblo tranquilo con vistas al pacífico como Yokosuka. Yo me imaginé aquello plagado de medusas asesinas y tiburones blancos y ale, de vuelta a la enorme capital del país nipón.
Tras aterrizar allí el día de navidad, con el “jet lag” y tras haber dormido gran parte del vuelo, me desperté a la 1 am, con los ojos como platos y muerto de hambre. Salí a comprar algo de comer y vi que el barrio de Shibuya “nunca duerme”, como dice la canción del grupo Zaragozano de Hip hop Violadores del verso. Mis amigos se fueron despertando y, vislumbrando el panorama de probable noche en vela colectiva, decidimos ir a comer algo.
Buscando algún antro donde nos sirvieran un Ramen, nos dimos cuenta de que aquel barrio era uno de los epicentros del jolgorio y la algarabía nocturna de aquella ciudad, en la que no parecen diferenciar entre finde o “regular day” en lo que a la farra se refiere. Acabamos disfrutando de la noche en un divertido tugurio, en un claro ejercicio de puro cancaneo, término que define Quequé de “la vidamoderna” como aquella salida nocturna tonta que surge entre semana y que se te acaba yendo de las manos.
Me quedo con el buen ambiente, las irreproducibles disertaciones sobre la vida, las constantes risas, la paciencia, siempre necesaria en este tipo de intensas convivencias, y la excelente sinergia entre los 4.
Ahora aún dispongo de unos cuantos días más de vacaciones. Espero hacer unos cuantos miles de metros de natación en estos días, e intentar así mitigar la dieta un tanto libertina que he llevado. Podría haber sido peor. La verdad es que los "japos" comen bastante sano y sabroso a la vez.
También espero acabar de pulir algún temario y diseñar actividades y exámenes que están al caer después de reyes. Al menos, este año lo siento como una obligación relativa y no como en años anteriores, donde no daba a basto y esperaba el parón escolar de navidad como agua de mayo.
Hasta ahora, enero ha sido para mi uno de los momentos más duros de los años como profesor. En navidad, para de girar de golpe la frenética y loca rueda que supone el curso escolar, y tras haberte bajado de ella y no acordarte de lo que supone estar rodando en su interior, empieza a rodar de nuevo de golpe y sin periodo de adaptación sin alumnos.

En fin, será un milagro que alguien haya llegado a leer hasta aquí, dado el tostón que he redactado aprovechando el largo vuelo, pero, si es así, desear a quien lo esté leyendo muchos momentos felices, paz y amor, en el sentido más amplio de la palabra, en este nuevo año.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Anton Txékhov y las noches disolutas en Castelldefels

Me había propuesto no sobrecargar de actividad este puente de la constitución.
Necesitaba sentir que tendría tiempo para pasar unos días relajados, a la vez que productivos en lo laboral, y donde además me vislumbrara con tiempo para escribir, si me apetecía y estaba inspirado, y leer, actividad que en su día practiqué con cierta asiduidad y que, últimamente, había tenido bastante abandonada.
Tengo un buen amigo al que, como a otros tantos y por cosas de la vida, veo menos de lo que quisiera. Un tío interesante, cultivado y con un gran sentido del humor. Hace años, cuando le decía lo que andaba leyendo (libros como "Los pilares de la tierra" y similares), me contestaba cosas como: "¿y que será lo próximo?, ¿50 sombras de Grey?", mientras me miraba con una sonrisa entre irónica y condescendiente y me decía que yo debía leer escritos de más nivel. Siempre me tuvo sobrevalorado.
Me recomendaba libros como "1984" o "Rebelión en la granja" de George Orwell . Me habló mucho también de "La conjura de los necios" de John Kennedy Toole. Fue el único que me leí de los muchos que me dijo. Disfruté mucho haciéndolo. Tengo el resto en mente y espero leerlos todos algún día.
Hace un tiempo que empecé a leer al autor Ruso Anton P. Txékhov. Había oído que era indispensable hacerlo si uno quería entender la esencia e idiosincrasia del pueblo Ruso.
Mi hermano simplifica mis intenciones al respecto, banalizandolas hasta lo más primario e instintivo de la condición humana. En fin, me divierten sus palabras, pero lo cierto es que hace unos años que siento una especie de curiosidad e interés intrínseco sobre el país más grande del mundo, el cual no acabo de entender muy bien de donde surge, y que me ha ido embargando de forma progresiva e imparable.
Espero que todo ello derive en un gran viaje, a ser posible en bici, a través de la "gran madre patria", y acabe sabiendo decir algo más en Ruso que "privet!!" o Krokodil.
Me gusta pensar que la vida es, en cierto sentido, una especie de lotería donde el destino juega su papel, pero solo lo hace si te pones delante del bombo y esperas con la mente abierta el resultado.
Así me siento cuando voy a una biblioteca y escojo un libro al azar. A veces, he tenido la sensación de que no ha sido casualidad que, según que libro, cayera en mis manos.
El primero que leí de Anton Txékhov fue "La dama del perrito", un libro muy fácil y ligero, ideal para empezar con el médico, escritor y dramaturgo Ruso.
Thékhov nació en Taganrog, el puerto principal del mar de Azov. Suena exótico. Más que el mar mediterráneo y Port Ginesta en Castelldefels que, por cierto, junto a Gava mar, gusta bastante a los Rusos.
Después de esta infame y burda forma de relacionar a Thékhov con Castelldefels, creo que ahora ya he hecho el viraje que pretendía y he conseguido redireccionar el post.
Thékhov relata hechos bastante vulgares y cotidianos en sus libros. Más o menos, igual de vulgares que las noches que, de forma bastante cotidiana, en los últimos 2 años y pico he pasado en la playa de Castelldefels. Por circunstancias de la vida, a partir de ahora serán menos las noches que pase allí, pero seguiré yendo y espero que sigan siendo tan maravillosamente vulgares como lo han sido hasta ahora.
Ya no podremos hacer la previa entre risas, bebidas espirituosas y vídeos de Dj Smile en una gran pantalla del comedor de una acogedora casa de una urbanización del Garraf, pero quizás la haremos viéndolos en el reproductor del coche (desde luego, no en el de mi Seat Ibiza del 2000) de camino hacia allí.
Desde agosto, sabemos que Dj Smile edita los vídeos en un antro de Sofía , por mucho que en ellos salga Crimea constantemente (todo el contenido de esta frase es ficción). Eso le ha quitado glamour al asunto.
La purga que suponía afrontar andando el, para nada despreciable, porcentaje de la subida desde Castelldefels playa hasta aquella casa, siempre tuvo su encanto. Tanto como no tener que hacerlo.
Presenciar el protocolo para prevenir problemas de estomago, el cual yo nunca he necesitado, siempre me generó una divertida curiosidad y expectación.
Por los whatsap's que quedaron escritos a medias, por los que nunca debieron ser enviados, por los que hubiera enviado 100 veces más, y por los despertares con el móvil aún en la mano y el orgullo en el subsuelo.

En fin, me gusta utilizar el blog de vez en cuando a modo de diario, y quería dedicar unas palabras por aquí a una época y a unos hechos que, por muchos motivos, quedarán en mi recuerdo para siempre y que en su día me enseñaron algo sobre el peligro de empeñarse en no abrazar lo bueno que la vida te suele poner constantemente delante de las narices.

Foto de la última noche en Castelldefels: Un adulto acosando a un gato que merodeaba por los jardines del CBC y que, al igual que la chica que disparó la foto, parecía pensar: "¿en serio has venido aquí a acariciar gatos?"

Finalizo este post relacionando de nuevo Castelldefels y Rusia a traves del gato de la foto, y así cerrando el círculo. Me contó una chica que creció y pasó su infancia muy cerca de Rusia, que a las Rusas les encantan los gatos y que muchas tienen uno. Me dijo que es el resultado de una especie de idea o creencia popular que dice que, cuando ellas son jóvenes, el contacto con el gato les da calor en las frías noches de invierno, y que, cuando envejecen y sus maridos se dan al alcohol y la apatía, el gato les da cariño y compañía.

Dobryy vecher!

domingo, 2 de diciembre de 2018

Desde los cielos, entre azafatas de vuelo y "Irish memories"

Son las 22h del último día de este mes de noviembre. Inicio este post dentro de un avión de Ryanair que ahora mismo surca los cielos de camino a Dublin.
Estoy demasiado cansado para redactar el cuestionario, sobre intoxicaciones por drogas de ocio, que me había propuesto hacer en este vuelo, y con el que evaluaré de una forma “amable” y distendida a los alumnos de segundo del ciclo de técnico en emergencias, en agradecimiento al gran trabajo que hicieron en sus exposiciones orales, ilustrándome a mí y al resto de sus compañeros sobre la droga que les había sido asignada previamente. Son un grupo realmente agradable y que facilitan enormemente mi trabajo.

Pasaré este fin de semana en un pequeño pueblo, cerca de Dublin, llamado Kilcoole. Allí vive una excompañera de mi actual trabajo, que se mudó el año pasado con su familia. Me invitó a visitarles, y la verdad es que me encanta viajar, me gusta salir de la rutina y me gusta Irlanda.
Espero volver a disfrutar de una Chowder soup, con su oportuno pan untado en mantequilla, en un típico pub Irlandés. Irlanda…muy buenos recuerdos y imborrables experiencias las vividas allí.
Jamás olvidaré mi primer viaje a la llamada isla verde. Fue a Galway concretamente, y lo hice, junto a mis compañeras del colegio, gracias a una beca que nos dieron para estudiar inglés. Aún, a día de hoy y tras haber visitado muchos más lugares de Irlanda, aquella ciudad del oeste de la isla, a la que los vientos atlánticos azotan con fiereza y donde la lluvia puede ser horizontal, sigue siendo mi favorita.
Cumpliendo la tradición de saltar desde el trampolín de Salt hill el día de año nuevo del año 2017

Después vinieron Cork, ciudad que también llegué a conocer bastante bien, Limerick y bonitos pueblos como Killarney, Sligo u otros que ya no recuerdo.
De un cursillo de iniciación donde aprendí algo sobre pubs y Busquers, pasé a hacer uno de especialización donde aprendí cosas sobre Leprecorns, Nakers, que hay que utilizar con cuidado la palabra "traveller" si hay alguno cerca, y conceptos algo más avanzados sobre este país de los que suele llegar a conocer el turista medio.
Mi inglés mejoró sustancialmente con todas aquellas vivencias, y mi mochila vital se ha quedado llena de bonitos recuerdos y de sentimientos de gratitud por lo recibido.

Foto tomada durante este finde en las playa de Kilcoole

Las azafatas de Ryanair pasan por mi lado con sus carritos. Hace un rato, han hecho su protocolaria demostración de que hacer si el avión cayera al mar y esas cosas. Siempre que las veo me recuerdan a mi primer trabajo como docente. Fue en una academia de azafatas de vuelo y impartía el módulo de primeros auxilios dentro de sus estudios de TCP (tripulante de cabina de pasajeros).

Recuerdo mi primera clase en noviembre del 2014. Llegué una hora antes al Carrer Muntaner de Barcelona. Desayuné en una cafetería que me gustaba especialmente y, mientras lo hacía, me volví a revisar el temario de aquella primera sesión. Mi sistema nervioso simpático estaba disparado y a parte de una taquicardia considerable, tenía constante necesidad de orinar debido a los nervios. Sentí la tentación de salir corriendo y olvidarme de aquel berenjenal en que me había metido yo solito y sin necesidad ninguna, más que la de dar salida a una vocación que me venía apretando desde hacía unos meses.
Está feo decirlo, pero en lo económico me iba de fábula, tras haberme juntado, sin comerlo ni beberlo ni buscarlo, con otros 2 trabajos a jornada completa, los cuales podía compaginar bien. Quiero decir con esto, que el dinero no era un aliciente ni algo que me motivara, ya que además de no muy bien pagado, aquel tercer trabajo solo me suponía una actividad laboral de 3 horas semanales.
Tras volver a orinar una última vez, entré al aula, me puse delante de aquellas 15 o 20 chicas (y algún chico) e intenté que no me temblara la voz en un inicio. Luego ya me relajé y todo acabó resultando mucho más fácil de lo esperado. En cierta ocasión, las acabé acompañando a Mallorca, a las instalaciones que Aena tiene allí y donde debían examinarse al día siguiente. Me pasé 4 horas con los 2 grupos de mañana y tarde, intentado resolver las numerosas dudas de última hora, practicando RCP, movilizaciones básicas de emergencia y divirtiéndome bastante ante el “teenagerismo” la jovialidad y la simpatía de la mayoría de aquellas chicas.
Tengo muy buen recuerdo de aquellas alumnas y de aquel tiempo en general.

Tengo tendencia a pensar en el pasado y, a veces, eso se plasma en lo que escribo. Me gustaría cambiarlo, aunque no es algo que me preocupe, ni que vaya a intentar forzar. Cada vez tengo más la sensación de que las cosas, las situaciones, y también las personas, tienen unos ritmos y unos tiempos que hay que dejar fluir sin más, y que todo llega cuando tiene que llegar.
En todo caso, no es algo que me impida disfrutar del presente. Hoy ha sido un bonito día. Junto a una compañera de trabajo, que vale oro y que irradia buen rollo y positividad allá donde va, hemos ido a Barcelona, con todos los alumnos del ciclo de auxiliar de curas de enfermería, a visitar el recinto modernista del antiguo hospital de Sant Pau y la exposición de anatomía “Human bodies”.

sábado, 27 de octubre de 2018

De viaje mental por Siberia y Córdoba, y cayeron los 38

Con un humeante te de yerba mate en la mesita de noche, el repicar de la lluvia en el tejado abuhardillado de la habitación, y una lumbocitalgia que hoy he empezado a tomarme en serio tras la oportuna fase de negación, no se me ocurre mejor momento posible para actualizar esta bitácora a la que intento ir añadiendo algo medianamente interesante, ni que sea con periodicidad mensual.
La lluvia de hoy me ayuda a la misión que me propuse, y estoy cumpliendo, de mantener vivas las plantas, y así ir entrenando para cuidar y mantener con vida a alguien más que a mi mismo.

Lo de tomarme en serio la lumbocitalgia ha consistido en pincharme una inyección intramuscular en el cuadrante superior externo de uno de mis glúteos. Tras 2 minutos de mirarme, palparme musculo y dudar, me ha venido a la cabeza el medico Ruso destinado a una base militar de la Antàrtida que, allá por los años 60, se autointervino de una apendicitis, sabiendo que era eso o la muerte, ya que no podía ser evacuado. Después de pensar en esa épica heroicidad, me he sentido un poco "Drama Queen" por dudar tanto y he hundido la jeringa con decisión. En fin, supongo que tendré que ir a la raíz del problema, y tampoco creo que haber ido al traumatólogo de urgencias me hubiera solucionado nada.
Cayeron los 38 como decía el titulo de la entrada. No quiero pensar que, como dice un buen amigo mío, me empieza a tocar ir "bajándome de la cresta de la ola", haciendo el símil entre la vida y el surfista que se desliza en lo más alto de una ola. Yo le contesto jocosamente, igual que a algunos otros amigos que superan los 40, que se planteen el hecho de que les acecha el medio centenar de años.
Diría que el "game over" queda lejos, así que sigo evadiéndome a ratos pensando en cual será mi próximo viaje en bici. La verdad es que el este Europeo me empieza a parecer el patio de mi casa y, aunque volveré con toda seguridad (anda que no me queda por ver.....), hace tiempo que fantaseo sobre recorrer Rusia en bici y volver a sentir esas mariposas en el estomago que aletean intensamente cuando te expones a una situación que te saca por completo de la comodidad de lo conocido.

Con ese propósito y aunque fuera desde la terraza de casa y bajo los rayos del sol Catalán, estuve viajando mentalmente leyéndome un libro que me abdujo como hacía tiempo que un libro no conseguía. Se llama "Educación Siberiana" y relata la adolescencia de un chaval "Urca", un pueblo Siberiano que hizo del "modus vivendi" criminal una de sus señas de identidad. Una "criminalidad honesta", como ellos decían, basada en el desprecio a los poderes establecidos, el gobierno, los bancos, la policía, y en el respeto absoluto a sus mayores, a los débiles y a los valores que guiaban al hombre de honor.
Me gustó mucho, entre tantos otros, un extracto donde el abuelo del protagonista, le explicaba algunas cosas sobre la vida, mientras pescaban:
-"¿Sabes por qué dios dio al hombre una vida más larga que la de los animales?
-No, nunca lo había pensado....
-Porque los animales viven siguiendo su instinto y no yerran. Mientras que el hombre, como sigue su razón, necesita una parte de la vida para cometer errores, otra para comprenderlos y la tercera para tratar de vivir sin errar".
Pensé que yo ando entre el límite de la primera y la segunda fase.

Los Urca, debido a su rebeldía ante el régimen comunista, fueron deportados a Transnistria por Stanlin. Si estás leyendo esto, es probable que nunca hayas oído hablar del lugar en cuestión. Se trata de una pequeña república independiente desde 1990, año en el que se independizo de Moldavia. No la reconoce ni Europa ni Rusia, pese a que esta última la protege de alguna manera ante la repugnante presión de la OTAN, que intenta llenar de bases militares Americanas los territorios colindantes con Rusia, con el pretexto de protegerlos de la supuesta invasión de "abominable monstruo comunista".
En fin, me gustaría darme un rulo por Transnistria, ya que prefiero no hablar demasiado de lo que no conozco, y tampoco caer en la Rusofilia fácil. Eso sí, en la "Europafobia" ya caí hace tiempo.
Respecto a recorrer Siberia en bici, tras haber recopilado informaciones diversas, empiezo a pensar que es algo temerario y que quizás sea mejor desistir de la idea y conformarme con medios de trasporte menos gratificantes.

La bolsa de mate de la foto me la ha dejado en casa una simpática chica Argentina que he tenido un par de noches alojada en casa, gracias a la genial aplicación "Couchsurfing", donde viajeros de todo el mundo ofrecen o piden alojamiento altruistamente. Ha sido una bonita forma de salir un poco de la "burbuja escolar" que supone mi vida de lunes a viernes.
Yo la llevé a Montserrat y le hablé de Catalunya, y ella me habló de la provincia Argentina de Córdoba, de sus llanuras y de sus buenos vinos. Bebimos mate Argentino y me estuvo ilustrando sobre como se debe beber, mientras me hacía reír con expresiones típicas Argentinas.
Espero devolverle la visita si un día recorro Sudamérica en bici.