miércoles, 16 de noviembre de 2022

"Bella Ciao..."

Lagaro (Castiglione dei Pepoli). 15 de agosto del año 2022.

Habíamos escapado del sur del país.
La verdad es que nada más salir al exterior del aeropuerto de Nápoles, me di cuenta de que no debería haber vuelto a Italia. 
Daba igual que Marc me acompañara esta vez. Ya no quería estar allí.
Pensé que habíamos perdido una gran oportunidad de recorrer juntos en bici, el lugar que más me ha impresionado en esta vida: Islandia.

Nos acercábamos a Bolonia y llamé a Alessandro, un tipo que había conocido en aquellas mismas montañas unos cuatro meses antes, cuando paró su coche para preguntarme sobre mi viaje.
Alessandro es un tipo algo bohemio, que pasó siete años de su vida viajando en bici por el mundo y al que le gusta alojar a cicloturistas en casa. Además, vivió diez años en Barcelona, así que habla bien el Español.
Nos llevó a un terreno de su propiedad y allí, junto a la casa en ruinas donde vivieron sus abuelos, plantamos la tienda, dispuestos a pasar un par de noches.

Marc reposaba en una hamaca y, encima de él, Frulo se hacía la higiene. Otro felino, llamado Patrick, miraba al horizonte desde el muro que separaba el terreno del bosque colindante.
Nina, la tercera de los tres felinos que tienen a Alessandro como mascota, andaba perdida por la inmensidad de su propiedad.

Vistas a Lagaro, desde el terreno de Alessandro.

Estábamos en un lugar donde sucedieron unos hechos poco conocidos fuera de Italia.
La "línea gótica" es una línea imaginaria que trazó la Alemania Nazi durante la segunda guerra mundial, y que cruzaba el país desde el mar mediterráneo, a la altura de Florencia, hasta el Adriático, en Pesaro.
Tras la entrada de "los aliados" desde Sicilia en 1944 y su rápido avance hacia el norte del país, los Nazis, apoyados por el Fascismo Italiano, intentaron frenarlo a la desesperada.
Para ello, fortificaron aquella línea imaginaria con trincheras, zanjas y armas antitanque, morteros, cañones y unos 120.000 metros de alambre de espino. 
Junto a la barrera natural que suponían los "Apeninos Toscoemilianos", el país quedó dividido en dos partes. Aquello supuso un contratiempo importante para los aliados y un respiro para la Alemania Nazi.

Sin embargo, tras un año más de gerra, ya en 1945, los soldados Alemanes se retiraban de la zona dando por hecha la inevitable victoria de los aliados.

Alessandro no hubiese nacido si, en aquellos días de retirada, algún batallón de Nazis hubiese tomado aquel pequeño camino que llevaba a la casa de sus abuelos, donde se escondieron su familia y otras cuatro más.

Aquellas bestias ya no buscaban solo comida, sino que se dedicaron a matar a niños, mujeres y personas demasiado mayores para haber luchado en aquella guerra.
Quemaron todo lo que iban encontrando en su retirada de aquellas montañas. Lanzaron granadas de mano dentro de iglesias abarrotadas de gente rezando, y acabaron matando unas 1300 personas indefensas, en un intento miserable de vengarse de todos aquellos "Partisanos" (antifascistas Italianos) que se escondían en los bosques y que habían estado luchando contra ellos.

A Benito Mussolini, fundador del partido nacional fascista y cómplice de Alemania en aquella guerra, lo apresaron una brigada de Partisanos y, tras fusilarlo, lo acabaron exhibiendo colgado en la "Piazzale Loreto" de Milan.

Alessandro me dijo que, debido a aquellos hechos, Italia no es como España, y que en su país es difícil encontrar gente que se declare abiertamente fascista. 
En sus palabras no había atisbo alguno de orgullo patrio. Sabe lo que hay en su país y, de hecho, nos confesó que, si no tuviera una hija, cree que viviría lejos de Italia.
No he vuelto a hablar con él, pero me imagino que anda algo consternado tras la victoria en las elecciones de septiembre de Giorgia Meloni y su coalición de "centroderecha".

Meloni empezó sus pinitos en política a los 15 años, cuando se incorpora al 'Frente de la Juventud', una organización juvenil vinculada al partido posfascista Movimiento Social Italiano (MSI), que había sido creado por exmiembros del régimen de Mussolini.
Meloni nombró a Galeazzo Bignami como viceministro y secretario de Estado del Ministerio de Infraestructura, dirigido por el ultraderechista Matteo Salvini, lider de la "liga norte".

Meloni y Bignami. En los medios de comunicación Españoles, catalogan de "centroderecha" a esta basura, mientras te dicen que se está exagerando y abusando de la palabra fascista.
Te mean en la boca y te dicen que llueve...

Bella Ciao

Parafraseando a Sharif en los últimos versos de su canción "La primera persona del plural", ...."Italia es un lugar lejano, frío y extraño..."

jueves, 15 de septiembre de 2022

Los peligros del Dalshari.

Sentir ganas de desayunar mientras disfruto de algún Podcast y me siento motivado en lo profesional.
Escuchar el sonido de mi cafetera Italiana, mientras el agua empieza a atravesar su filtro desde el compartimento inferior, y sube al superior, transformándose en café. Y disfrutar de cómo su olor va adueñándose de la estancia. No solo olerlo. Poder disfrutarlo también.
Que las ganas de escribir sean reales y no una terapia que me impongo sin si quiera sentir que sirve de algo.
Sé que la anhedonia es temporal...pero se hace larga.

Todo volverá a ser como cuando empecé este blog hace 4 años. Como antes de que empezase a rondar mi cabeza la idea de dejarlo todo atrás e irme a viajar un tiempo. Había leído algo sobre cómo irse...no mucho. No lo necesitaba.
El Egeo, desde la isla de Quios. Navidad del 2021

Ahora siento que necesito leer algo sobre cómo se vuelve. Pero no hay mucho publicado. Quizás algún día, si siento que merece la pena escribir sobre mi propio proceso, escriba sobre ello en este espacio.

Me he despertado varias veces esta pasada madrugada. En una de ellas tenía frío. He abierto una caja en busca de una manta, pero no la he encontrado.
Recordaba tener una manta. Incluso podía sentir su textura y ver nítidamente su color azul. Pero no la he encontrado.
Ya debería haber deshecho las cajas de la mudanza. Y haberme traído las que aún no tengo en mi piso. Pero no lo he hecho...porque hasta no hace muchos días, aun he estado fantaseando con volver a ponerlo en alquiler y comprarme un billete de ida a Colombia. Descubrir el país que no pude recorrer debido al cierre por la pandemia, y luego quedarme unos meses en casa de Manu en San Carlos de Antioquía. 
Él aún sigue pensando que el restaurante que está montando en el terreno, junto a la bonita casa donde viví casi 4 meses, funcionaría como un tiro si sirviéramos el típico arroz de paella que, durante la pandemia, les cociné en multitud de ocasiones.
Me río cuando sigue diciéndome en los audios de whatsapp : "Sí marica, haríamos plata, que la gente por aquí no ha probado nunca una comida tan chimba, huevón...".
Pero he decidido quedarme. Hasta estoy a punto de comprarme un vehículo.

He sentido frío al no encontrar la manta. Pero ahora no hablo del físico. Era algo más interno. Miedo a no dormirme... y a quedar expuesto durante más horas a la evidente ausencia de paz interior que siento.

Me he ido al comedor y he quitado del sofá una especie de cubre blanco con el que intento disimular su fealdad. No me gusta. Ni el sofá ni el piso.
Me he tapado con el cubre y me he dormido.

Hace un año, un jefe que tuve me felicitó por dejar el trabajo e irme a viajar de nuevo.
Se me puso a hablar de un concepto Japonés llamado "Danshari" que tiene que ver con el minimalismo material y espiritual, y con la importancia de que tu vida no se vea condicionada por el apego, para que resulte fácil tomar decisiones y adaptarse a los cambios, ya sean voluntarios o forzosos.
Imagino que él sigue persiguiendo al tal "Danshari" ese. Dudo que nunca lo alcance en la medida de lo que le gustaría. 

Por lo que respecta a mí, estoy cansado de él.

Última página del libro "Rússia, l'escenari més gran del món"

   Me pareció curioso encontrarme con este final del libro, solo unos días después de escribir este post.

jueves, 16 de junio de 2022

Un "Thomas Shelby" en Torre Baró

Barrio de Ciutat Meridiana (Barcelona). 08:00 am

Tomando un café en la puerta de las urgencias del CAP (centro de atención primaria) de Ciutat Meridiana-Torre Baró, espero la llegada de algún paciente madrugador.
Sé que, si la urgencia no es vital, es bastante improbable que aparezca alguien por aquí hasta más tarde, así que me puedo tomar el café tranquilo.

Ayer me dormí tarde. Pocas series me quitan el sueño. Una de ellas es "Peaky Blinders". Me dormí tras la muerte por tuberculosis de Ruby, la hija de Thomas.
Luego soñé un montón. No recuerdo el que, pero sé cuando he soñado mucho. Me sienta fatal. Me siento destruido.

Dentro del distrito de "Nou Barris" de la ciudad de Barcelona, el barrio de Ciutat Meridiana es el que presenta las cifras más altas de paro de toda la ciudad condal. Le sigue el de Torre Baró, que queda justo encima de donde estoy, en lo alto de la colina que tengo a mi derecha.
Dicen que allá arriba no llega la policia, salvo que se líe "parda" de verdad. 
Lo que sí que llega es el servicio de autobuses públicos de la ciudad. Lo hace desde que, en 1978, un residente del barrio que trabajaba en la empresa, "secuestró" un autobús de la línea 47, se salió de su recorrido y lo llevó hasta allá arriba para demostrar a sus jefes que aquel vehiculo sí podía circular por aquel barrio de desniveles imposibles y calles sin asfaltar, al contrarió de lo que ellos argüían para no proveer de transporte público al barrio. 

Si miro hacia arriba a mi derecha, puedo ver el castillo de Torre Baró. De momento lo dejo tranquilo, pero al final de este post seguiré con él...y con el que fue el "Thomas Shelby" de estos lares.


Se me acerca el "segurata" del CAP. Aquí hay uno las 24 horas del día. "Pots comptar..." que se dice en Catalán. Significa algo así como "ya puedes hacerte a la idea...". Me refiero a lo que hay por el barrio. Y no, aunque lo parezca, no lo digo con aires clasistas o peyorativos.
Aunque no siempre tenga el día o la paciencia que me gustaría, siempre me sentiré más útil y satisfecho trabajando con gente maleducada por no haber tenido oportunidades en la vida, de lo que me sentiría tratando con gente que las ha tenido de sobras y las ha utilizado para convertirse en verdaderos cretinos. Reconozco, eso sí, que nunca he trabajado en un CAP de barrios como Sarrià o Pedralbes. Quizás me sorprendería. Lo dudo.

Decía que se me había acercado el empleado de seguridad del CAP. Me pide un receptáculo de esos que utilizamos para que vomiten los pacientes. Me dice que un perro se ha acercado a la otra puerta del centro y que necesita agua. Parece tener mucha sed. Normal, el sol está pegando fuerte en estos días.

El segundo día que vine a trabajar aquí, no me reconoció e insistió en que dejara la bici fuera del centro. Le costó entrar en razón y lo tenía algo cruzado. Desde hoy me cae mejor.

El perro es un Pastor Alemán grande y viejo. Parece haberse perdido y mira hacia todas partes desesperado. Ignora nuestras atenciones y caricias. Es evidente que está ansioso y que espera ver aparecer a su dueño.
Le acariciamos intentando mitigar su ansiedad, mientras pienso que, como me dijo una médico el otro día, en este barrio la gente mata sus penas en los bares y en el CAP. La gente... y sus perros también, por lo que parece.
Cuando ya hemos llamado a la Guardia Urbana y nos han dicho que envían a los de la protectora municipal, aparece el dueño.

Vuelvo a la puerta de urgencias. Miro de nuevo hacia el castillo que corona la colina a mi derecha.
El barón Manuel Sivatte mandó construir una de sus torres para enviar allí a su hija, enferma de tuberculosis, como Ruby, la hija de Thomas Shelby.
Thomas viajó a través de Inglaterra para evitar la muerte de Ruby. Buscaba el asentamiento de Gitanos nómadas que habían lanzado una maldición contra su familia. No llegó a tiempo y su hija murió.

El 1918, la hija de Manuel Sivatte también murió antes de que acabase la construcción de la torre donde hubiera respirado aire fresco y, según las ilusiones de su padre, se hubiese curado. Dos días después también murió de difteria el hijo de Manuel.

jueves, 19 de mayo de 2022

Shani y Akram: Ecos desde tierra prometida.

Barcelona...

Sentado en una silla de diseño de su estiloso comedor, esperaba que volviese del lavabo.
No estaba demasiado interesado en el diseño de su piso, pero sí en los libros que tenía en la estantería junto a la mesa donde estábamos cenando. 
Aun no la conocía demasiado, y sentí curiosidad. No sabía si percibiría como una intromisión en su intimidad el hecho de que ojeara los títulos de lo que leía. Tampoco es que los tuviese escondidos, ni tenía porque decirle que lo había hecho.
Vi varios libros de autoayuda, alguna novela que no conocía, algún titulo escrito en hebreo y uno que prometía ayudar a mejorar tu vida en cuanto a aspectos financieros se refiere.
No pude evitar sonreír, mientras pensé que quizás llegara el día en que utilizara aquello para bromear con ella sobre el tópico de la avaricia Judía.

Mía reclamaba mi atención ladrando enérgicamente, pidiéndome que le volviera a lanzar su juguete.
Su nombre, de origen Hebreo, significa "la elegida" y también "la amada por dios". No sé si dios la ama, pero sí que había sido la perrita que eligió y adoptó Shani en una protectora de animales del Maresme. 
Las dos juntas hacían un bonito binomio que estaba teniendo el privilegio de conocer.


Shani volvió a la mesa. Me gustaba escucharla. Yo conocía más bien poco del pueblo Judío y de Israel, así que muchas de las cosas que me explicaba resultaban novedosas e interesantes para mí.
De Jerusalén a Barcelona, previo paso por un servicio militar obligatorio de dos años de duración, en una sección relacionada con inteligencia. "Lo mínimo será que me hackee el whatsapp...", pensaba. 
Poco después, me hizo sentir en confianza para hacerle bromas con los habituales tópicos que iban surgiendo sobre Judíos.

Mía nunca se cansaba de jugar y, exasperada por el hecho de que la ignorásemos, volvía a ladrar con insistencia. -Dai, Mía, daii", -le gritó Shani. - Noooo!!, pobrecita, no le digas eso!! - dije yo.
Mía entendía mejor el Hebreo que el Inglés, así que el "dai" que seguramente aún le sigue diciendo Shani, lo interpretaba como "basta" (significado del hebreo), y no como el "muere" (fonética de "Die" en inglés) que yo entendí.
En realidad, siempre fui consciente de que Shani no le hubiese deseado la muerte ni a una mosca. Por ese, entre otros motivos, ella prefería vivir fuera de Israel.
Por eso quise conocerla más. Y me habló de su infancia en tierra prometida, de Judea, y de su visión y vivencias respecto al conflicto entre Israel y Palestina.

Me habló de cosas que esperaba, y también de las que no esperaba. 
Hasta aquellos días no sabía de la existencia de los Kibutz (del Hebreo, "agrupación"), una especie de pueblos comunas agrícolas que aún perduran en Israel, desde que unos Rusos de origen Judío llegaron a Palestina en 1909 y fundaron, Degania, el primer asentamiento de este tipo inspirado en ideas sociocomunistas.



Isla de Quios (Grecia), unos meses después...

Fue su mirada, no su nombre, la que me inspiró confianza. 
No recuerdo nombres Españoles a veces, como para acordarme de un nombre Musulmán. Akram se me había presentado unos días antes.
Tras una llamada de la policía alertándonos, habíamos acudido al centro de detención de inmigrantes en Lefkonia.
Un chico de la habitación de "los Palestinos", tenía fiebre y mostraba una aparente disminución del nivel de conciencia. Si bien solo trataba de dormir y evadirse del ruidoso ambiente de la habitación, sí estaba ardiendo. Lo confirmaron los 39ºc de temperatura del termómetro.
Tras explorarle y detectar  las evidentes placas purulentas en sus amígdalas, le dejamos tratamiento antibiótico y antitérmico para 24 horas. No las tenía todas conmigo de que aquellas pastillas no fueran a acabar por ahí, yo que sé como, ni por que vía de administración.
Akram sabía algo de inglés y había hecho de interprete entre el paciente y yo. En aquel momento, yo aún no sabía ni su nombre, ni que el significado Musulmán del mismo era "misericordioso", pero sí que me inspiraba confianza, así que le di las pastillas y me aseguré de que entendiera la pauta del tratamiento. Se comprometió a dárselas al paciente en las horas convenidas, me dijo su nombre y me apretó la mano con firmeza. Hay apretones de mano que denotan ego y arrogancia...hasta amenaza. El suyo me inspiró respeto y confianza.
Akram cumplió, estuvo cuidando al paciente, y dos días después estaba algo febril, pero bastante más reactivo, locuaz y expresando agradecimiento.

Dos semanas después, Akram acabó la cuarentena en el centro de detención de Lefkonia, y fue llevado, junto a algunos de sus compañeros de habitación (y cruce del mar Egeo), al campo de refugiados de Vial, donde imagino que aún anda a la espera de conseguir sus papeles para moverse libremente por Europa.

Entré allí aquel día por la tarde. Le vi tras unas rejas y me hizo gestos para que me acercara. Uno de sus amigos se retorcía de dolor, sujetándose el abdomen, y parecía febril.

Hasta este gato parecía triste en aquel lugar. Tras él, se puede ver la zona vallada y las concertinas.

No entendía el motivo de que tuvieran que estar confinados entre aquellas rejas, y mucho menos que nadie hubiese prestado atención al chico que parecía encontrarse mal, ni a la peticiones de ayuda que había estado haciendo Akram.
Entré en la zona de acceso a aquella zona cercada y pregunté a las funcionarios el motivo de tener a aquellos chavales allí encerrados y sin poder ser asistidos. Me contestaron que no podían salir hasta que no hubiesen pasado por la zona de trámites administrativos de ingreso en el campo.
Conseguí que priorizaran los trámites del chico del dolor abdominal y, tras realizarlos, le atendimos en la clínica del campo de refugiados.

No sé en que momento me ha nacido escribir sobre Shani y Akram.
Creo que he preferido recordar cosas bonitas y así no despotricar sobre Israel por el asesinato de la periodista de Al Jaeezera, Shireen Abu Akleh.
Quería relacionar lo anterior con Eurovisión, con opresores y la victoria de Israel en el festival en 2018, con Zelenski, alegando ser Judío cuando le interesa, y con la victoria este año de su oprimida Ucrania...y con lo asqueroso que a veces me resulta este mundo.
Pero me he quedado sin gasolina. Mejor así.

jueves, 30 de diciembre de 2021

Crónica de un día cualquiera en Quios (III): Sonrisas por mandarinas.

Malika me ha sonreído hoy por primer vez desde que la conocí, hace una semana ya.
No, no va de eso. A pesar de que su Hiyab me permite ver que es increíblemente guapa, no he venido aquí para eso. Y creo que si yo no lo tuviera claro, su hermano Adib, un tipo enorme de mirada noble, me lo acabaría de aclarar.
Ellos dos, junto al hijo de Malika, un chibolito de 4 años, llegaron aquí muertos de frío, con mirada adusta y actitud defensiva.
Aquel día, frío y ventoso, les tuve que hacer el test covid en las escaleras exteriores del centro de detención de Lafkonia, donde los recién llegados hacen la cuarentena antes de pasar al campo de refugiados de Vial.
Otros días lo he podido hacer dentro. No sé de que depende exactamente. De las normas, imagino. O del humor de algún idiota.
En fin, esté donde esté, no hay un solo día en mi vida en que no agradezca no ser policía. 
 
Malika estaba asomada a la ventana de su habitación con su hijo Antara en brazos. Él me ha enseñado la mandarina que tenía y yo, desde abajo, le he pedido insistentemente que me la lanzara.
Es imposible que una madre no confíe en ti, si durante una semana seguida eres simpático con su hijo. Y yo amo las mandarinas, así que, ¿Cómo no lo iba a ser si, además, había una mandarina en juego?

Mi abuelo ya no esta vivo, así que ya no me puede llevar a aquella tienda clandestina en una casa de Torrente.
Un día dejó de reír y de contar cosas interesantes. Dejó de sonar la radio por las mañanas en aquella casa. Y un tiempo después, sus piernas dejaron de poder recorrer "l'avinguda de Torrent amunt i avall", así que ya no podíamos bajar juntos hacia aquella casa. Un mes después, su corazón también se canso de caminar.

No eran las mandarinas. Era él. Pero sigo amando las mandarinas, aunque ya no sean frescas, valgan el doble que en Valencia, y nunca vengan envueltas en un delicado papel blanco.

Antara también parecía amar su mandarina, así que no me la ha lanzado.
Un rato después, ya en su habitación, le he ofrecido cambiarle un globo, hecho con un guante de látex, por su mandarina. Ha accedido y al final se ha quedado con las dos cosas.
En Quios abundan las mandarinas desde que los Genoveses vinieron de Italia y cultivaron cítricos, durante los doscientos años en que tuvieron ocupada esta isla.
Hasta un museo dedicado tienen los cítricos aquí.  

La que no tiene hijo es Nayla. Tenía uno, pero se cayo de la barca y se ahogó. Nada se pudo hacer.
Sin la luna iluminando, para que las patrulleras Turcas no detecten tu embarcación, la noche es oscura y el mar un pozo frío y negro. Pero, a parte de la luna, la capacidad de los Turcos para detectar barcas, también depende del dinero que la unión Europea le va soltando, o no, a Erdogan para que azuce más o menos a sus perros fronterizos.

Nayla tiene los ojos más tristes que puedas imaginarte.
Se hizo un esguince hace unos días, y hoy le he quitado el vendaje. 
Sé que no va a correr ni nada parecido, pero me gustaría que su tobillo se recupere bien. Quizás algún día tenga otro hijo y necesite jugar y correr detrás de él.
Como sé que una pelota de tenis no va a poder conseguir, le he dado una mandarina y le he pedido que la pise despacito y la masajee con la planta del pie. La sonrisa no la va a recuperar así como así, pero espero que la propiocepción y la fortaleza de la articulación, sí la recupere.
Nayla se ha despedido con una tímida sonrisa...por una mandarina.
Arboles de mandarinas en el jardín de la casa donde estoy

jueves, 23 de diciembre de 2021

Crónica de un día cualquiera en Quios (II): Cuando San Nicolás te la suda

Si estás leyendo estas palabras, imagino que es por qué te interesa saber cómo acabó la historia del último post.
Podría darle bastante bombo al tema y, sin faltar a la verdad, conferir tintes melodramáticos a una experiencia que, sinceramente, tuvo poco de drama para mí, más allá del intrínseco a la situación, que ya es bastante. Pero lo cierto es que, primero, aún gustándome el postureo, no frivolizo con lo importante. Y segundo, me cuesta escribir sobre aquello que no me inspira. Y lo que estoy viendo por aquí, lo calificaría de triste e innecesario, pero no de inspirador.

Si alguien estaba preocupado, solo decir que los treinta y pico inmigrantes estaban, a parte de muertos de frío, perfectamente. 
Salvo alguna hipotermia leve y alguna pneumonía, que empeoraría y que acabaría en el hospital, la mayoría de ellos hubieran estado tecleando su teléfono móvil y pasando de nosotros, de no ser por el hecho de que la policía se los requisa al llegar. 
OH MY GOD!, ¿Qué tienen móviles?!,¿qué no estarían pendientes de la estúpida solidaridad occidental que se les ofrece?! (emoticono de asombro aquí).  
Pues sí, sí, fíjate si son raros, que si la poli no se los hubiese requisado, les hubiéramos encontrado avisando a sus madres y seres queridos de que el mar Egeo no los ha engullido.
Pero por el hecho de que la poli se los requisa y por la hostilidad general que se respira en el ambiente, el solo hecho de estar y de preguntarles el nombre, de donde provienen, y si se encuentran mal o se les puede ayudar en algo, ya es mucho.

Por estos lares, más que asistencia sanitaria, que también, lo que hacen falta son unas cuantas sonrisas de bienvenida y algo de normalidad. 
Me la suda el futbol y el F.C.Barcelona pero, a diferencia de lo que haría en mi vida "normal", simulo cierto entusiasmo cuando me hablan de sus jugadores preferidos del Barça y me dicen que les encantaría visitar Barcelona y el Camp Nou.

Nos vamos del centro de detención de Lafkonia, donde ellos pasarán unos días antes de ser enviados al campo de refugiados de Vial. 
Espero que, cuando vengamos mañana, estén un poco más animados. Ni que sea por el hecho de que han conseguido entrar en la unión Europea. La que ellos consideran el paraíso. La que, junto a Estados Unidos, forma parte de la alianza atlántica OTAN, y ha convertido algunos de sus países de origen en infiernos, mediante injerencias externas y porquerías varias como la primavera Árabe del 2010.

Emma me hace de guía y me enseña un pequeño monasterio ortodoxo llamado Virgin Mary Myrtidiotissa. 
Construido sobre un promontorio con vistas y caída al mar, unos metros por debajo tiene un pequeño cementerio adjunto que parece querer mimetizarse con la gran fosa común que supone aquel mar desde hace años. El cementerio alberga unas cuantas tumbas custodiadas por cruces. 
La más grande, se eleva imponente como si quisiese mostrarse y dar esperanza a quien pueda verla.


Puede que San Nicolás esté metido también en toda esta movida. 
Él es patrono de Grecia y de Turquía, país que queda justo delante. Se dice que también es patrono de marineros ( y de niños y prostitutas...), y que los que surcaban las aguas del Egeo y del Jónico se decían entre ellos: “Que San Nicolás lleve tu timón”, deseándose así buen suerte.

Pero la mayoría de los que, a día de hoy, más suerte necesitan en estas aguas no son Cristianos, así que la cruz se la suda. 
Respecto a San Nicolás, ¿qué puedo decir?, el propio Cristianismo lo ha convertido en un payaso vestido de rojo que dice “jo, jo jo, feliz navidad” y que solo trae regalos a niños con padres que puedan pagarlos. 
Nunca protegió a las meretrices, ya no protege a los niños, y no sé que piensan sobre él los marineros contemporáneos. Para los de estas pateras, al igual que la cruz, el actual Santa Claus resulta casi ofensivo.
No te extrañe. Nunca serán enterrados en el cementerio del que hablo. Tampoco creo que les gustara.

Tras una montaña cercana, yendo hacia el interior de la isla, hay un cementerio que, lejos de fastuosidad y florituras, acogerá sus cuerpos si mueren en aguas Griegas.

martes, 21 de diciembre de 2021

Crónica de un día cualquiera en Quios (I): con vistas al Egeo

Abro los ojos. Por la claridad de la luz que entra en mi habitación intuyo que las agujas del reloj no deben marcar aún las ocho de la mañana.
Los crujidos de la ventana de madera, junto al fuerte zumbido del viento que la azota y la hace estremecer, me recuerdan que las aguas que bañan estas tierras no son las del mediterráneo, o sí, porque resulta que el mar Egeo se considera una parte del mediterráneo, aunque esté condicionado por la influencia de lugares como los montes Urales, una cordillera perteneciente a Rusia y Kazajistán.
Debo confesar que de este dato me enteré anoche y, ya que estamos, también de que mi falta de cultura en muchos aspectos no tiene límite. Afortunadamente, mi consciencia al respecto, tampoco.

La estética austera, casi lúgubre, de mi habitación se encarga de recordarme que no estoy en casa. Grecia es un país humilde. La crisis que azotó a toda Europa durante la primera década de este siglo, lo hizo aquí con especial virulencia, y mi habitación podría ser prueba de ello.
No me quejo. En absoluto. Ni me había planteado donde dormiría en mi estancia por estas tierras. De haberlo hecho, hubiera apostado por una litera en una casa container o, a lo sumo, en un barracón en los aledaños del campo de refugiados de Vial. Pero no, duermo en una confortable cama, en una humilde y encantadora casa de campo, ubicada en las afueras de Chios, la principal ciudad de la isla homónima.

Tengo hambre. Que novedad. Soy de los que se duerme ilusionado con el hecho de que al despertar, vendrá el desayuno.
Salgo de mi habitación y enciendo la estufa de leña de la sala de estar. Soy bastante torpe para estas cosas, pero algo menos desde que Liss, una chica Finlandesa, me enseñó a hacerlo en un remoto bosque de las inmediaciones de Inari, un bucólico pueblo situado unos 300 km’s al norte de Rovaniemi, la ciudad Lapona donde dicen que nació Papa Noel.
Ya en la cocina, busco el café en el armario y, cuando aún no lo he encontrado, Chioni intenta llamar mi atención aporreando los cristales con sus delicadas almohadillas gatunas.


Chioni es una gata embarazada que merodea la casa. La he bautizado así en honor a la hija de una ninfa que tuvo sexo con Poseidon, dios de los mares y agitador de la tierra, y que dio a luz a Chioni (nieve) en plena nevada. Aquellas nieves convertirían en tierra fértil esta isla que, según la leyenda, antes había sido un desierto.
Espero que Chioni no tenga que alumbrar a sus gatitos bajo un manto de nieve. Según me dicen, no es del todo improbable en invierno. Como tampoco lo es que haya un terremoto, fenómeno que se va produciendo con relativa frecuencia en esta isla volcánica.
Necesitaba meter algo de mitología Griega en este post, y es que dicen que en este país, das una patada a una piedra y te salen cuatro historiadores, tres filósofos, dos poetas y algún músico. 

Chioni sabe que yo le abriría encantado, igual que tanta y tanta gente que se debe haber alojado en esta casa antes que yo, y que, a buen seguro, le ha abierto.
Hoy lo pide encarecidamente, y es que los vientos que vienen desde Turquía, atraviesan los ocho km’s de Mar Egeo y llegan a esta isla Griega, resultan realmente amenazantes.
Muero por dejarla entrar, pero llevo aquí un par de días y la médico  con quien comparto casa, no es tan “Catlover” como yo.

Emma sale de su habitación cuando estoy acabando con mi desayuno. Me explica que le han llamado para informarle de que se avecina un “Landing” y que debemos estar a las 10h en el centro de detención de Lafkonia. Allí es donde se lleva y se hace la acogida inicial a los inmigrantes recién llegados en pateras desde Turquia.
Emma es una médico jubilada que le ha cogido el gustillo a esta historia del voluntariado.
A sus 70 años tiene unas cuantas historias que explicar. Exiliada desde Catalunya al país Vasco, donde reside desde hace medio siglo, me habla de su paso por la cárcel durante el Franquismo y de su militancia en un partido Comunista en Catalunya.
Uno de los motivos, sino el principal, que me han motivado a meterme en esto, es conocer gente que pueda aportarme valores que no en todas partes resulta fácil encontrar. Por otra parte, sé que dificilmente  me encontraré  por aquí a un liberal hablando de meritocracia, cultura del esfuerzo y porquerías parecidas, de esas que harían vomitar a una rata.
Acabamos el desayuno y salimos de casa con las mochilas asistenciales y un montón de Covid test. 
Al salir, el viento estampa la puerta contra la pared.


Llegando a Lafkonia, puedo contemplar el mar Egeo, y la costa Turca al otro lado de las embravecidas aguas.
Pienso que mucho tendría que ganar y muy poco que perder, para decidir lanzarme a aquel mar en esas condiciones.
Tal vez no hayan podido elegir y la mafia que controla el “tinglao” les haya obligado a cruzar sin más demora. Tal vez lo hayan decidido ellos mismos sabiendo que, quizás, las patrulleras fronterizas Turcas estén mas relajadas en un día presumiblemente tranquilo en cuanto a actividad migratoria.
Aún no sé de donde vienen los inmigrantes. No sé a quien habrán rezado.
Siendo agnóstico y estando a punto de entrar a sus tierras, yo hubiera optado por rezarle a Poseidón. A bote pronto, imagino que le hubiera pedido que calmara el mar y agitara la tierra. Y ya de paso, que con ello derrumbara algunos techos de la Europa pudiente y de los Estados Unidos de America.