jueves, 19 de marzo de 2020

Cuarentena en Antioquia

Tras haber pasado unos 10 días en el Caribe Colombiano, disfrutando de la Dolce vita y de sus paradisíacas playas, y movido por el deseo de ver más lugares de este maravilloso país, decidí tomar un autobús nocturno a Medellín y moverme por sus alrededores para visitar el eje cafetero y algunas otras localizaciones del departamento de Antioquia.
Por otra parte, el día 2 de abril tengo el vuelo de vuelta a Barcelona, con escala en Madrid. Un vuelo que empiezo a pensar que no podré tomar, ya sea por el cierre de territorio Colombiano o por del territorio Español.
En fin, me preocupa poco que así acabe siendo. La verdad es que la idea de volver a casa, tal como están las cosas y con la posibilidad de que la cuarentena por allí se alargue y deba confinarme en a saber que casa, a saber cuanto tiempo, no me resulta demasiado atractiva.
Viendo las cosas en perspectiva, quizás me debiera haber quedado en el Caribe. 
Ayer alargué el desayuno “arreglando el mundo” con los 2 colombianos de Bogotá que pernoctan en el hostel donde me alojo, y con su propietario, un buen tipo de cierta edad, tiros pegados, mundo recorrido e interesantes historias que contar.

Cuando me encuentro en una situación de este tipo, suelo acordarme de mi abuelo.
Mi abuela lo acusaba constantemente de no querer viajar, y lo cierto es que fue algo que nunca acabé de entender, ya que él era un tipo despierto al mundo, siempre interesado en conocer otras culturas y formas de entender la vida, y al que le encantaba hablar con aquel con quien se encontraba aquí y allá. Pero su aquí y allá era la avenida de un pueblo llamado Torrente en la provincia de Valencia.
Recuerdo haber paseado por allí con él cuando era pequeño, y recuerdo que los tipos con los que solía hablar no le daban mucho juego. No quiero decir que no le tuvieran simpatía, pero los pobres no daban para mucho más que para hablar del tiempo y poco más. Y ya imagino que tratándose de tierras de PPeros y del caloret de Rita Barberà, el pobre tenía aprendido que entrar en política o temas ideológicos no era un itinerario dialéctico que pudiera llevarle a nada mínimamente edificante.

Bueno, el tema es que nunca le pregunté el porqué de que no le gustase viajar más. Nunca me hubiera contestado la verdad, ya que veneraba a mi abuela y jamás decía nada negativo de ella.
Con la edad y viéndome en situaciones como la del desayuno de ayer, me acabé contestando yo solo: Mi abuela tenía poca paciencia, cierto carácter intolerante y pocas ganas de hablar de cosas que no fueran sus logros en la vida, chismes familiares o cómo ganar más dinero, un tema que a mi abuelo le importaba 3 pepinos, cosa que ella siempre utilizo para arremeter contra él.
Puedo imaginarlos en un viaje juntos, y no tengo ninguna duda de que ante una conversación de más de 2 minutos de mi abuelo con alguien, un minuto a lo sumo si el tema era política, ella debía sacar el látigo e instarle a dejarse de hostias y mamarrachadas, seguir con la vista clavada en el suelo hasta llegar a otro monumento que alguna guía casposa de turismo dijera que era un delito no ver, y así pasar los días cual autómata, no fuese que se dejasen sin visitar algún pedrusco, plaza o mirador recomendado, y eso hiciese que no les cambiase la vida, como todos sabemos que la cambia el hecho de visitar cada porquería turística que la típica guía indica como un “must”.
Ello sumado a que mi abuelo amaba andar y mi abuela lo detestaba, hace que pueda imaginarle descontando las horas para volver a casa. Y pese a que mi abuelo era bastante sumiso y no le compensaba entrar al trapo, ella rara vez volvía contenta por lo vivido.

Bueno, volviendo a mi desayuno de ayer, el dueño del hostel nos dio su punto de vista sobre la problemática de Venezuela y la marea de inmigrantes que en los últimos años les han estado llegando desde allí: “El problema es que la gente olvida muy rápido la historia, y como hordas de Colombianos inmigraron a Venezuela en sus épocas de bonanza, cuando aquí tuvimos tiempos difíciles y allá había abundancia”.
A mí me ganó al instante y ya no pude dejar de escucharle con respeto y atención.
Se trataba de ese tipo de personas de la que Santiago Abascal diría que se consideran “moralmente superiores”, por el simple hecho de no ser una rata fascista, poco empática, egoísta e intolerante, como lo es él y la inmensa mayoría de los votantes de VOX.

En fin, a partir de ahí nos estuvo dando su punto de vista sobre Pablo Escobar, y bueno, sin dejar de hablarnos de todo lo mucho malo que hizo, nos habló de su voluntad real de ayudar, a su manera, a las clases desfavorecidas y del porqué de que mucha gente lo quisiese. También del motivo real del gobierno Colombiano para permitir que la DEA metiese sus narices aquí y les ayudase a acabar con él, que, según él "man", no fue otro que las pretensiones de Pablo Escobar de entrar en política e intentar nivelar, de alguna forma, esa eterna y desnivelada lucha de clases, donde hay unos pocos que se creen con derecho a vivir con todo tipo de privilegios, pisoteando para ello a todos los demás.
Según él, Colombia sigue siendo un país totalmente preso del narcotráfico y las cifras de la droga exportada a otros países, son bastante superiores en la actualidad de lo que fueron en la época de Pablo Escobar, pero los que mueven esos hilos ahora lo hacen discretamente y en connivencia con el estado.
Para acabar, nos contó como en la época más negra de las FARC, tuvo que huir de su finca ante el terror que la banda revolucionaria instauro en esta zona. Según él, la utilización de una supuesta doctrina Marxista-comunista que aquella banda hizo, fue uno de los motivos de que por estos lares poca gente vea con buenos ojos a quien comulga con opciones radicales de izquierda.
Según nos contó, más allá de mantener a raya a narcotraficantes y ladrones, las FARC utilizaron su posición para enriquecerse y vivir a cuerpo de rey, extorsionando y aterrorizando al supuesto pueblo a quien decían querer liberar.

Bueno, cambiando de tercio, tal como acabe de publicar esto, caminaré, a través de la montaña, los 25 km’s que me separan de un pueblo llamado San Carlos, donde tengo fichado un tranquilo hostel, alejado del pueblo, con wifi, piscina y junto a un manantial.
Me quedaría haciendo el mandril (vídeo) aquí donde estoy, pero el dueño del hostel me ha dicho que los ánimos están caldeados en este pueblo y que ayer hubieron un par de episodios de hostigamiento verbal a turistas en el centro del pueblo.
En fin, si abro la boca es evidente que, desgraciadamente y según mi DNI, soy Español y, dada la historia genocida del país, el racismo que tienen que aguantar en España sus compatriotas, y el imperialismo que España nunca ha dejado de ejercer en Sudamérica, solo les falta que les traigamos más pestes y porquerías a países que lo tendrán muy difícil para lidiar con las consecuencias que el coronavirus está generando en países mucho más preparados para afrontar esta crisis.

viernes, 13 de marzo de 2020

Cosas que no sabes de la sanidad privada. Lávate las manos, que ellos también lo hacen.

Hará cosa de un mes, me estuve planteando plasmar aquí lo que ahora, una vez dentro del contexto de pandemia por el coronavirus y con el debate abierto, sí me he visto motivado para ponerme a redactar.
Este post no va de coronavirus, sino de la falta de ética y las malas praxis que, como norma general y fuera de situaciones excepcionales, la sanidad privada tiene totalmente normalizadas en su desempeño diario.
La verdad es que van bien para no hacer largas colas en las colapsadas urgencias de la sanidad pública, y suelen garantizar también la realización rápida de pruebas diagnosticas que, en muchos casos, responden más a las necesidades que genera la hipocondría -no es un juicio, sino una realidad que alimenta y aprovecha constantemente el neoliberalismo- de la gente, que a la necesidad real basada en criterios médicos. 

Puedo entender que, ante depende que nivel adquisitivo y teniendo hijos, uno se vea tentado por alguna de esas ofertas de alguna mutua de salud. Da igual que estén diseñadas para atraer al populacho y que eso implique que estén llenas de clausulas que, en letra pequeña y con palabras bonitas, te vengan a decir que "cuando estés jodido de verdad, te tendrás que buscar la vida". Y es entonces que ahí estará esa sanidad pública que cada vez menos gente se preocupa de defender.
Es evidente en que consiste el negocio de las mutuas de seguros de salud, y es que de todos los pacientes que paguen sus 40-50 e al mes, pocos serán los que acaben haciendo un uso que amortice lo invertido.
Teniendo en cuenta que las mutuas pactan condiciones Kafkianas por los servicios sanitarios que los centros de salud han de suministrar al paciente, ¿en que consiste el negocio para un supuesto hospital privado que pacte con dichas mutuas?.
Para empezar, no te esperes encontrar a los mejores profesionales sanitarios en la sanidad privada. Los mejores profesionales, en general, están donde más se paga. No sé en otros países, pero en España quien mejor paga es la sanidad pública. Por ejemplo en Catalunya, el mejor convenio es el del ICS (Institut Català de salut) que es el organismo 100% público que provee de servicios sanitarios a la ciudadanía de Catalunya.
De la misma forma que los profesionales de la sanidad privada no disponen del mejor sueldo, tampoco disponen de ratios enfermera-paciente que puedan garantizar siempre una correcta asistencia. Por no hablar de la calidad del material del que dispondrán, ni del control y las restricciones a las que estarán sometidos a la hora de hacer uso del mismo.
A partir de ahí, es mucho pedir que los profesionales de la sanidad privada no acaben cayendo en el síndrome de "burnout" (profesional quemado o fundido).

Una vez descrito el contexto, vamos a lo grave.
¿Qué pasaría si, siendo joven, se te complicara un resfriado común y acabaras siendo atendido en un hospital público ante la sospecha de pneumonía? Tras realizarte las pruebas oportunas indispensables (una radiografía básica y una analítica, por ejemplo) y confirmarse una pneumonía en ambos pulmones, se iniciaría el tratamiento en una planta de hospitalización convencional, o en una unidad de "corta estancia" con el objetivo de tratar la patología y mantenerte en observación el tiempo estrictamente necesario para comprobar la efectiva respuesta al tratamiento, de cara a enviarte a casa lo antes posible para no exponerte a los riesgos que supone estar ingresado en un hospital.
¿Qué pasaría en un hospital privado? Para empezar es probable que te sometieran a pruebas que no respondieran a la estricta necesidad diagnostica, sino a otros intereses o circunstancias. Por ejemplo, a las de la falta de pericia del médico a la hora de diagnosticar mediante la exploración física del paciente y sin abusar de más pruebas que las necesarias o, yéndonos a hechos de más gravedad, a la necesidad económica del hospital de inflar la factura que acabará haciendo llegar a la mutua.
Si la petición de pruebas solo supone que el laboratorio del hospital tenga que realizar procedimientos más complejos, a la hora de procesar la sangre que te han extraído, y eso infle la factura final, es cosa de ellos. Pero puede que, ante depende que patología como pueda ser una litiasis renal (piedras en riñones o vías urinarias), acaben sometiéndote a un TAC que no siempre será necesario y que te someterá a muchísima más radiación de la que quizás fuera necesaria.

Volvamos a la pneumonía que quizás a ti se te hubiera acabado diagnosticando y que en la sanidad pública te hubiera supuesto quedarte ingresado el tiempo estrictamente necesario y corriendo el menor riesgo posible.
Puede que la misma situación acabara derivando en un ingreso en una unidad de cuidados intensivos (UCI), con el inmenso riesgo de infecciones nosocomiales (las derivadas del hecho de estar hospitalizado) que ello supone, por no hablar de otros como puedan ser la desorientación cognitiva del paciente
El hospital tendrá así ocupadas las camas de UCI, sacará un "pastizal" a la mutua por cada día de ingreso y, para redondear la jugada, hasta puede que paciente y familia acaben contentísimos y hablando a su entorno de que "anda que en la sanidad pública me hubieran tratado así. Me hubieran despachado rápido, patada a casa  rapidito y cama libre para otro paciente". 

En fin, acabo con una conversación que tuve trabajando como enfermero con un buen traumatólogo Cubano, con el que compartía servicio en un hospital público de Catalunya.
En una tranquila tarde de un mes de agosto salimos a tomar un café y me explicaba que él venía a Catalunya a trabajar unos 6 meses al año y luego se volvía a Cuba a pasar los otros 6 meses. Me explicaba que para él era sumamente cómodo y ventajoso, económicamente, trabajar en España. Cómodo sí, pero en absoluto motivante ni ético, ya que no entendía a que punto habíamos llegado en Europa y en las sociedades capitalistas, en general, en el cual se irradiaba gratuitamente y por sistema a los pacientes, se les administraba medicaciones que no siempre respondían a las necesidades reales del paciente, sino a intereses de la industria farmacéutica y donde, para cerrar la distopía hecha realidad, los pacientes salían contentos y satisfechos.
Me confesó que sus pretensiones de trabajar en España, de acuerdo a criterios éticos y deontológicos, se habían esfumado, hace mucho tiempo, después de un par de trifulcas con pacientes, por no querer irradiarles gratuita e inútilmente, y de haber comprobado lo fácil que era acabar imputado en un juzgado Español por el hecho de querer trabajar bien.

Lo cierto es que la sanidad pública Española tampoco queda exenta del cáncer que supone el paradigma capitalista en que retozamos alegremente, pero, habiéndome movido en ella en su día y habiendo comprobado los esfuerzos de tantos grandes profesionales que la integran y que consagran buena parte de su tiempo y dinero en formarse y mantenerse a la altura de una seguridad social bastante decente y mucho mejor que cualquier alternativa privada, creo que es digna de ser defendida siempre, ante la vomitiva ideología neoliberal que trata de destruirla.
N. del A.: Dado que hace tiempo que no ejerzo de enfermero, puede que haya alguna imprecisión o que la argumentación del texto escrito sea mejorable. En parte porque he tratado de mantener un equilibrio razonable entre la calidad de lo escrito y lo que debía ser un texto dirigido a un posible lector ajeno al mundo sanitario.
Por otra parte, no me entusiasma generalizar, pero hay ámbitos y sistemas donde las excepciones son contadas, y donde procede hacerlo, sin por ello estar faltando a la realidad.

jueves, 5 de marzo de 2020

¿Plata o plomo?, no. Plata o casco, la colonización perpetuada.

Ya no soy capaz de experimentar aquella sensación de cierta inseguridad que me acompañó en los primeros compases de mi periplo por Sudamérica.
Más allá de las precauciones lógicas, que también tengo en cuenta en Barcelona, mis andanzas por aquí no difieren demasiado de las que tendría yendo por las Ramblas o el Raval de la ciudad condal.
Algunos taxistas siguen indicándome que no es buena idea salir de terminales o aeropuertos para ir a buscar el colectivo (suena a comunista y es barato. ¿Cómo no va a ser buena idea?), ya que cuando "ahí fuera" me vean y oigan mi acento puedo tener problemas.
Ya no creo en el "¿plata o plomo?", más allá de ser sabedor de que son cosas que pueden pasar.

Odio ser borde con nadie, y mucho más con quien trata de ganarse la vida, pero el colectivo del taxi se me hace bastante indigesto y la verdad es que, en general, no difiere demasiado vayas donde vayas. El día que me la jugó un taxista Japones se desvaneció mi fe en dicho colectivo...y en la humanidad casi.
Sí, y a veces voto a Ciudadanos, si no a VOX. También ejerzo de "cuñao" titular en mi familia cada nochebuena
En fin, tras 2 autobuses y un by-pass en teleférico, para solventar el desprendimiento de una montaña que se había comido la carretera, salí de la estación de Bucaramanga, una pequeña ciudad del noreste de Colombia. No me gustó nada y, sin ver motivos para pasar una noche allí, me volví a la terminal y pasé la noche durmiendo en el trayecto entre aquella ciudad y la de Cartagena de Indias.

Sin haber conseguido ver una película entera en 14 horas y aún adormilado, bajé del autobús y allí esperaban varios motoristas ofreciéndome el casco -el único que tenían-  y un precio irrisorio por llevarme hasta el centro de la ciudad.
La verdad es que prefiero evitar las motos. Unos cuantos accidentes atendidos en mi época de técnico de emergencias en una ambulancia, y la certeza de que cualquier accidente tonto te puede dejar hecho un guiñapo, hacen que, si puedo escoger, prefiera otros medios de transporte. Pero si hay algo que prefiero evitar sí o sí, y en esto si se suele poder escoger, es la sensación de que estoy jugando con la vida de alguien, colaborando así a perpetuar una especie de forma de esclavitud contemporánea.
Si bien es cierto que, después de unos meses por aquí, he entendido que hay realidades Europeas que no se pueden extrapolar a esta parte del mundo, también lo es que tengo límites a la hora de relativizar mis principios o lineas rojas. O al menos la sana intención de no traicionarlos. Algo es algo, porqué los momentos donde las circunstancias y el egoísmo quieran que me engañe con la mentira que más me guste, siempre acecharán...

En fin, no me monté de paquete con un tipo de clara ascendencia Africana que, de habernos caído, es probable que hubiera visto su cabeza abrirse como un melón y su cerebro esparcido en la carretera. Son cosas que no me trauman pero que prefiero no volver a ver, y mucho menos estando de vacaciones.
Aquí tampoco me veo subiendo. Prefiero el romanticismo del que no esclaviza animales
Hubiera sido una forma de continuar con la esclavitud que la "gloriosa nación Española" -entiéndase la ironía, por favor- trajo por aquí, desde el Congo, en su día y que, de hecho, continuó ejerciendo en toda Sudamérica hasta que sus vecinos le empezaron a decir que era hora de dejarlo.
España fue el ultimo país Europeo en hacerlo. Puede que te digan que, en concreto, fueron Catalanes los últimos que estuvieron haciéndolo en Cuba. Claro, Catalanes de aquella burguesía que representaban los Pujol, sus muchos amiguetes y aquel famoso 3%. Catalanes de aquella antigua derecha rancia que tan bien se llevaba con la Española, que decepcionó a la inmensa mayoría de Catalanes, y de la que reniegan hasta los más "Pujolistas" de la época.
No, la derecha Española y la Catalana actual (pese a que no me guste) no son el mismo perro con distinto collar. Siempre hay detalles, y siempre aquel que cierra los ojos y no le da la gana verlos: si gran parte de los votantes del PP se fueron a Ciudadanos y ahora a VOX, es porque el PP dejó de hacerle caso a Aznar. A Pujol no, pero al genocida de las Azores sí que se le echa de menos en España.
De camino al centro de Cartagena, el colectivo cruzó parte de la periferia de la ciudad y pude ver lo que es la realidad de este país, más allá del parque temático que suelen ser el centro de las ciudades turísticas en cualquier parte del mundo.
No han sido ni cinco ni seis, las veces que he visto una familia entera (padre, madre y niño pequeño) en moto, y donde el único portador de casco era el padre. Mas allá de entender que solo haya plata para un casco, ¿Qué puedo decir?. Nada. Prefiero no juzgar realidades que no estoy preparado para entender y que quizás solo respondan al caos y el sinsentido que es la vida a veces.
Como la de que aquí, en general, se considere una oportunidad (y no esclavitud) trabajar para este tipo de multinacionales que contratan como "falsos autónomos" y se enriquecen a costa de chavales que se juegan la vida cada día
En fin, llega la noche y el centro de Cartagena hierve de animación.
Acabo "volcando unos fresquitos", que diría Broncano, con una parejita de agradables Argentinos que conocí desayunando, en una de las mejores "rooftop" de por aquí. De tanto en tanto, aparece una pareja de esas que "no cuadran", o sí, si piensas en clave de esa otra forma de esclavitud que supone el que dicen que es el oficio más antiguo del mundo.
De hecho, observando con atención, muchas de esas parejas no atienden al típico perfil de "putero Looser" que, de forma errónea, hay en el imaginario popular.
Esto está lleno de tipos de buen ver y cartera llena que se quieren dar el lujo de estar con una de las muchas mujeres explosivas que se mueven por la noche de esta ciudad. Mujeres que no tienen pinta de irse a la cama si no es con una cifra de por medio.
Sé que esto suena feo y cosificador. Diría que nada más lejos de la realidad, pero bueno, soy un hombre blanco heterosexual, educado en la  España de los 80, así que tengo mis limitaciones y quizás sí pueda haber algo de eso.
En fin, pudiendo sacar una pasta al típico turista que llega por aquí haciendo gala de un nivel elevado de prepotencia y mezquindad y con planes de hacer un montón de cosas que no haría en Japón, Europa o EE.UU, lo que me extrañaría es que, depende que chica de este tipo de ambiente nocturno que describo, haga algo gratis. ¿Motivadas por ensoñaciones amorosas quizás?. Diría que, en el ambiente al que me refiero, la peli "pretty woman" las hace reír desde la más tierna adolescencia.

sábado, 29 de febrero de 2020

Socialismo vs capitalismo (II): Utilizando a una iaia para ligar con su nieta en un tren de Shumen a Varna

Corría el mes de agosto del 2018. Tras haber recorrido en bici parte de Hungría, Croacia, Serbia y Rumanía, entré a Bulgaria desde la ciudad Rumana de Constanza.
El asfixiante calor de aquellos días me estaba empezando a desgastar, y mi mala costumbre de empezar las etapas cuando el sol está llegando a su punto más alto no ayudaba a evitarlo.
Tras llegar a la ciudad de Varna, pegar un vistazo a sus playas y bonito ambiente y almorzar allí, mi ruta debía continuar, dejando la costa y virando hacia el interior del país. 5 días después debía reunirme en Sofía, la capital del país, con Sergio y Alberto, 2 grandes amigos que se acercarían por allí buscando turismo "chill" y un poco de cancaneo nocturno por Sofia. ¿Qué mejor manera para mí de celebrar el final de mi viaje?

Dejé atrás Varna, sin estar demasiado convencido de lo que hacía, mientras el paisaje se hacía cada vez más árido, las sombras cada vez escaseaban más y la temperatura empezaba a flirtear con la barrera de los 40º. Tras completar los 60 km que quedaban y con mi cuentakilómetros superando las 3 cifras, llegué a Kaspichan.
Esta foto es del día que entré a Bulgaria y creo que expresa bastante bien el tórrido ambiente que se vivía por allí durante aquellos días.
Tras comer y beber como si no hubiera un mañana, dormí una mega siesta y desperté destruido muscularmente, distérmico y, por el aspecto de mi orina, totalmente deshidratado.
Me acosté pronto, esperando recuperar de cara al día siguiente y me puse el despertador a las 6 am para empezar etapa temprano y así evitarme otro severo castigo de Ra.
Tras 20 km de etapa y llegando al pueblo de Shumen, asumí que no había recuperado y que estaba "Game over". Debía descansar y mi cuerpo me decía que no era discutible.

Tras valorar las opciones en la estación de tren de Shumen, decidí volverme a Varna y disfrutar durante 3 días de las playas de una de las principales metrópolis de Bulgaria, de la que, por otra parte, había leído que le llamaban "la Ibiza Bulgara". 
Allí podría recuperarme bien y a nadie le importaría un pepino si, para llegar a Sofia, cubría los últimos 500 km's de mi viaje en bici o si lo hacía en tren.
Estación de tren de Shumen
Ya sentado en mi vagón y sin atisbo de culpa o remordimiento de conciencia, me disponía a disfrutar de las vistas, cuando se me sentaron al lado lo que parecían ser una abuela y su nieta de unos 28 años.
La nieta hablaba bien inglés y me preguntó por mi viaje. Parecía francamente impresionada e interesada por todo lo que le iba contando. Su abuela iba interviniendo en Bulgaro y yo intenté hacerla participe de nuestra conversación, mediante la traducción que Aleksandrina (el nombre es inventado) me iba haciendo.

En fin, llegó un momento en que la conversación pasó a ser entre la abuela de Aleksandrina y yo, y la joven Búlgara quedó relegada a una mera mediadora que se ocupaba de levantar la barrera idiomática que nos separaba. La generacional no era un problema, ya que durante mis años de enfermero, creo que aprendí a hacer sentir cómoda a la gente mayor.

En fin, lo cierto es que permití que la situación discurriera por aquellos derroteros por varios motivos. El primero es que sabía que Aleksandrina iba a pasar el día sola en la playa de Varna, así que, si se terciaba, ya tendría tiempo para hablar con ella. 
El segundo es que pensé que quizás a Aleksandrina le estuviera resultando "mono" verme hablando y escuchando a su abuela con interés, y demostrando así cierta sensibilidad.
Para terminar, lo cierto es que me interesaba realmente todo lo que la abuela de Anastasiya me empezó a contar, hasta llegar al punto de que mi interés por hablar con su abuela, empezó a superar al que sentía por hablar con Aleksandrina.

A aquella señora la recuerdo como una mujer carismática, despierta, locuaz y bastante más expresiva que la mayoría de mujeres de su edad por allí. El tema es que se ganó mi atención muy rápido. 
Me explicaba que, antes de jubilarse, había trabajado toda su vida para el gobierno Bulgaro en una especie de puesto administrativo, según pude entender.
Foto del trayecto ferroviario entre Varna y Sofia
Pasábamos por una zona de lo que parecían fabricas abandonadas, con cierto aspecto fantasmagórico, y donde la vegetación crecía salvaje, acrecentando más aún la apariencia de dejadez y abandono.

Aleksandrina me tradujo: -"Que pena que los turistas como tú veáis todo esto así de abandonado y triste. Antes de la Perestroika (Política reformista que se llevó a cabo en la Unión Soviética tras la llegada al poder de Mijaíl Gorbachov, caracterizada por una apertura hacia los países del bloque occidental y "cierta" liberalización del sistema económico), la actividad industrial aquí era intensa y había trabajo para todos. Nuestros hijos se quedaban aquí con sus padres y la vida era mejor que ahora".
-"¿Qué pasó?", pregunté yo, fingiendo que no lo sabía, queriendo oírlo de boca de alguien que lo hubiese vivido en persona.
- "Pues que el gobierno vendió por 4 duros toda la prospera industria nacional a parte de la casta del país que, como si de hienas se tratara, llevaba tiempo conspirando para conseguir la caída de la URSS y la oportunidad que ello generaría para quien tuviera dinero y pudiera aprovechar la sangría que se desataría si eso sucedía.
Ellos, tras prometer que harían lo posible por mantener los puestos de trabajo, o lo hicieron pero en condiciones de semiesclavitud, o no lo hicieron y echaron a los trabajadores, desmantelaron las fabricas, vendieron la maquinaria y especularon con las naves industriales, vendiéndolas por altas sumas, en muchos casos, a inversores extranjeros que, también como buitres carroñeros, esperaban impacientes para meter hocico en el inmoral, asqueroso e indecente pastel que se estaba cocinando.
Desde entonces, las nuevas generaciones no tienen futuro aquí y si deciden quedarse es a costa de vivir con salarios miserables y trabajando de sol a sol. Ya no hay tiempo para leer, para tocar un instrumento o para pasar tiempo suficiente con la familia y poder educar a los hijos.
Al final, gran parte de la juventud de este país se ha ido y vive en la Europa rica. Allí están mejor. No cobran mucho y no es fácil estar lejos de casa, pero al menos ganan más que aquí, no trabajan tanto y pueden dar más cosas a sus hijos y ahorrar para que vayan a la universidad cuando crezcan.
Para la gente mayor no es fácil porque los echamos de menos y a veces nos sentimos solos. No siempre pueden estar con nosotros si enfermamos o cuando llega nuestra hora."

Llegados a este punto, me dijo que tenía a un hijo trabajando en Inglaterra. Recuerdo como las mirada de aquella mujer había cambiado y ya no expresaba lo mismo que antes de empezar a hablar de este tema. 
Joder, hasta me sentí mal por haber querido ahondar en sus miserias.
Relacionado con ellas, no pude evitar recordar las circunstancias de la muerte de la madre de Anita debido a una neoplasia maligna. Tras pedir un permiso en el trabajo y desplazarse a Letonia, desde Irlanda, para estar con ella, el fallecimiento no se produjo en los días previstos y, ante la imprevisibilidad de la defunción en estos casos, Anita tuvo que volver al trabajo. Su madre acabó expirando unos días después.

Pero todo va bien. ALEGRIA COJONES!!!. Que es maravilloso disfrutar de las libertades de las democracias occidentales, tan estupendas ellas, con sus mercados liberalizados y todas la oportunidades que ello genera. Claro, como las de que cualquier mediocre "pelapipas", por ejemplo del Reino unido, se pueda aprovechar de las bondades de la unión Europea, su libre circulación y la oportunidad que ello le da de contratar Bulgaros, Rumanos, Letones, Lituanos, pagarles menos de lo que les pagaría a trabajadores locales, y que ademas se sientan agradecidos por la oportunidad de salir fuera de su país.

Bueno, para acabar con un tono más amable y volviendo a Aleksandrina, resultó que no eran abuela y nieta, sino amigas. A la señora mayor creo que le acabé cayendo bien y, ya despidiéndonos en el andén, hizo un comentario ingenioso que interpreté como su intención de ayudar a romper el hielo y ayudarme en mis intenciones de acompañar a Aleksandrina en su día de playa.

Y así, una bonita playa del mar negro nos deparó un agradable día de conversación y la intención de volvernos a ver si me decidía a hacer escala de un día en Shumen, de camino a Sofia, para que así me enseñara su ciudad.
Paseo en bici por el bonito "old town" de Varna
Varna me gustó y volvería, pero no resulto ser, ni por asomo, algo parecido a Ibiza. 
El club que en su día había conseguido dar esa fama a la ciudad, había ardido en llamas unos meses antes. Se dice que las mafias, que operan mucho más libres ahora dado el caos que supuso romper el férreo armazón que suponía la URSS y haber dejado las ruinas, campan a sus anchas por allí y que el dueño del club no veía claro pagar el impuesto de protección que las mafias le exigían.

N. del A.: La transcripción de la conversación con la iaia de Aleksandrina es evidente que no es 100% real y que la he mezclado con algo de cosecha propia, pero en esencia y en lo más significativo, puedo asegurar que responde a la realidad de forma bastante fiel.

lunes, 24 de febrero de 2020

Socialismo vs capitalismo (I): De vetustas teteras y fogones a gas, a Nespresso y vitrocerámicas

En unas horas tomaré un vuelo con destino a Colombia, tierra de café, de cocaína, del "plata o plomo" y, por el entusiasmo con el que me han hablado del país muchos de los viajeros que me han aconsejado ir, seguro que de muchas otras cosas buenas y un poco menos relacionadas con la mala vida y los caminos del vicio y la perdición.
Mi pequeña bombona de gas butano no podrá subir al avión. Se quedará en el hostel donde ahora escribo, y espero que alguien la pueda aprovechar.
Desde el mes de julio, cuando empecé a viajar en bici por el norte de Europa, para luego seguir haciéndolo sin bici por Sudamérica, no sé lo que es la electricidad a la hora de cocinar. 

Ya sea cocinando en mi pequeño fogón, acoplado a mi bombonita de butano, o en las cocinas de los innumerables hostels donde he pernoctado y cocinado, siempre ha sido gas lo que me ha estado suministrando la energía necesaria para hacerlo. Siempre en fogones antiguos y nunca en vulgares y ofensivas vitrocerámicas.
Una de las muchas cosas que hizo que me enamorara de mi última casa, a primera vista, perdidamente y anulando cualquier posibilidad de que valorara la posibilidad de cualquier otra, fue su cocina. A parte de ser encantadora en su totalidad, tenía unos enormes fogones donde me encantaba cocinar y que además, a la hora de hacer el café, hacían juego con mi clásica cafetera de acero, de esas que ya no se anuncian y que, de ser así, no creo que nunca anunciara George Clooney.
Por aquí, en los hostels, también abundan las teteras de acero. La gente pone el agua a calentar, y todos los presentes en la cocina la solemos compartir.

Joder, empiezo a pensar, cada vez más a menudo, que mi edad biológica no concuerda con mi edad real, en ningún sentido, y que ese pequeño conflicto se va agudizando cuanto más crezco. Quizás sea una verdad objetiva, o quizás sea una fantasía de un pobre iluso al filo de la crisis de los 40.
En todo caso, este tipo de escritos creo que no ayudan a que parezca más joven de lo que soy y, en todo caso, sí a todo lo contrario. En fin, en depende que, me gusta lo antiguo. ¿Qué le vamos a
hacer?.

Siguiendo con el gas y con cosas que me enamoraron en su día, aquí procede hablar de los relatos de infancia de Anita, mi exnovia Letona. Lo cierto es que a mi me "flipaba" escucharlos y a ella le gustaba tenerme totalmente pendiente y absorto en los "cuentecillos" que me explicaba.
Me hablaba de su humilde infancia en una casa de campo en las afueras de Rezekne, una pequeña ciudad Letona cerca de la frontera con Rusia. Allí vivía junto a sus hermanos mayores, su madre, algunos animales de granja y unos cuantos perros que, según me decía, siempre durmieron fuera de la casa y nunca los vio caer enfermos o morir a edad temprana.
No sé hasta que punto exageraba la historia para satisfacer mi necesidad de cuentos que me evadieran de la realidad, pero conseguía deshacerme cuando me relataba sus salidas de la cama al baño seco, en pleno invierno Letón y situado a la intemperie (cubierto por una estructura de madera), y como volvía helada a su pequeña cama de niña pequeña, y temblaba, durante algunos minutos, antes de conseguir volver a entrar en calor con la ayuda de la chimenea que calentaba la estancia principal de la casa.

Tras el fin de la relación, ella se fue a vivir a un piso cercano y me explicaba que estaba algo preocupada por la bombona de gas butano y el peligro que ello entrañaba. La verdad es que, cuando yo la conocí, ella llevaba 13 años viviendo en Irlanda, habiendo abrazado, hace mucho tiempo ya, a la electricidad y a sus abusivas facturas mensuales. Claro que en "Irish land" las facturas no alcanzan la indecencia de las de las hidroeléctricas Españolas.
En fin, le dijé: "Come on Anita...!!", y le intenté explicar que no era un peligro tan significativo como para que no se sintiera segura. Claro, que teniendo en cuenta que, jugando con fuego junto a su hermano, quemó parte de la casa y a algunos de los animales que no pudieron escapar del establo, entendí su necesidad de abrazarse al capitalismo y dejar atrás su infancia socialista.

Bueno, el post ya se me está alargando más de la cuenta, y además se acerca la hora de salir hacia el aeropuerto, así que habrá una segunda parte donde dejaré de divagar e iré al grano.
Acabo el post con una foto de la cocina de la que hablaba al principio de este escrito.

viernes, 21 de febrero de 2020

Tránsito entre cielos: Del del trekking Patagónico al del Caribe

Tras haber aprovechado al máximo los 4 días que he estado pasando en el Chalten, uno de los centros neurálgicos del trekking a nivel mundial, aquí ando, de nuevo en el Calafate, aprovechando las 14 horas que restan para tomar el autobús que esta noche me llevará a Punta Arenas en Chile.
Desde allí tomaré un vuelo hacia latitudes algo más benévolas a nivel climatológico, esperando poder disfrutar del verano Caribeño en Colombia.
El dueño del hostel donde me estuve alojando en la semana que pasé por aquí, antes de irme al Chantel, ha tenido a bien acogerme, altruistamente, en sus instalaciones y que pueda utilizar sus servicios hasta esta madrugada, así que aquí ando disfrutando de su café y de la paz y satisfacción que siempre me da escribir.
Además, resulta que esta noche actúan, en el importante festival que se anda celebrando por aquí, 3 importantes artistas de la escena Sudamericana del hip hop. Así que, entre unas cosas y otras, la obligada escala que me ha tocado hacer por aquí no va a resultar del todo inútil.

En el contexto del festival que comentaba y antes de irme al Chantel, el pasado lunes disputé una carrera-"pachanga" de 5 km. En fin, a parte de matar un poco el gusanillo competitivo, que espero no perder nunca, conseguí un 5º puesto que no me supuso demasiada satisfacción, ya que de haber estado en un estado de forma mínimamente admisible, el podium estaba regalado y, no sé hasta que punto, la victoria también.

En fin, con las piernas aún castigadas y muerto de sueño, llegué al Chantél en un horrible día de perros, lluvia y viento.
Entre mis dudas de si meterme en cama y pasar el día haciendo el "rata de hostel" o meterme en alguna cafetería agradable a ver la vida pasar desde la ventana, me topé con una Canadiense que no parecía contemplar demasiado lo de perder el tiempo, así que me uní a ella y salvamos el día con un trekking fácil y unas bebidas espirituosas en la "happy hour" vespertina. Y así, con algo de alcohol en el cuerpo y el sentido común ligeramente enturbiado, decidimos lanzarnos a la piscina e iniciar al día siguiente el trekking del Huemul, un exigente recorrido circular de 65 km y 4 días, más aún si la intención era completarlo en 3, de los cuales los 2 primeros -los más exigentes- se preveían potencialmente difíciles a nivel climatológico.

Todo salió genial y, tras 3 días con los paisajes mas espectaculares que haya visto nunca- dejando de lado Islandia- , lluvia, viento, nieve y mucho frío, ayer la comida me supo a gloria y la cama del hostel me resultó un placer de dioses.


 A pesar de que la comunicación con Priscilla no fue demasiado fluida -su Español era nulo y mi inglés es más que justito, por no hablar de que, ante un acento Canadiense, mi "listening" hace aguas por todos lados- hicimos un buen tándem y nos vimos acompañados, un factor importante, dada la poca gente que encontramos y los recónditos y poco accesible lugares donde nos movimos, ante la posible aparición de problemas.
En fin, una recomendable experiencia que, desde aquí, aconsejo. Ya que estamos, aconsejo también alojarse en el hostel "La cabaña", al lado de la estación de autobuses del Chantel, un alojamiento económico y muy confortable.
Un saludo a los lectores que anden por ahí!:-)

viernes, 14 de febrero de 2020

Negrito "el matapacos" y el Trauco: De la realidad al mito Chileno

Tras 14 días geniales, donde he estado viajando junto a  Marc y los 5 amigos que le acompañaban, vuelvo a mi rutina habitual en esta larga etapa "Sudamericana" del viaje, donde he estado alternando días de movimiento real y descubrimiento de nuevos lugares, con días, más o menos activos, pero donde me he mantenido estático en algún lugar donde me sintiera cómodo y pudiera satisfacer las necesidades básicas sin que el presupuesto se me saliera de madre.

De los 5 amigos que venían con Marc, dos eran Chilenos y enfermeras -un chico y una chica, pero ya que Florence Nightingale era mujer, al igual que todas las demás iconos de la historia de la enfermería y del grueso de profesionales que integran la loable ocupación de cuidar personas, prescindo aquí de lo del lenguaje inclusivo de Podemos, pese a estar a favor del mismo-, al igual que Irene, Nidia y Pedro, los 3 Catalanes que componían el grupo.

"Mily", una "animal lover" de Santiago, y Diego, un divertido tipo de Temuco que nos vacilaba diciéndonos que por sus tierras, al sur de la capital, anda a caballo y sin camiseta, nos estuvieron contando interesantes cosas de Chile.
A colación de las protestas que cada viernes se siguen sucediendo en Chile, ella nos habló de Negrito "El matapacos", un perro, aparentemente callejero -aunque no lo fuese- que pasó los últimos 7 años de su vida participando en las manifestaciones, no siempre pacíficas, que el movimiento estudiantil de Santiago ha venido celebrando durante la última década.
Negrito vivía con una mujer que lo adoptó en 2009.
Dicen que siempre que habían manifestaciones, los estudiantes venian a buscarlo o, si no lo hacían, él podía intuirlas, poniéndose muy nervioso, ladrando, rascando la puerta y pidiéndole a su dueña que le dejara salir a las calles.
Ella lo bendecía, le abría la puerta y él, ataviado con su pañuelo rojo de revolucionario y comunista libertador, corría hasta llegar al foco de las revueltas, enfrentándose con gran fiereza y agresividad a los "pacos" y a sus vehículos policiales.

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Los estudiantes lo amaban con locura, erigiéndolo así como un icono de su lucha.
Los "pacos" no lo amaban tanto. De ahí que acabara siendo atropellado y herido gravemente por uno de sus vehículos. Pero Negrito se recuperó y volvió a las barricadas junto a sus amigos humanos.
Murió en paz y por causas naturales en el año 2017.

Aquí dejo un bonito documental que, más allá de la historia de Negrito, ayuda a entender los fundamentos del lógico descontento social que estalló por aquí recientemente, pero que se venía gestando a fuego lento y desde hace años.
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Para acabar este post con unas risas y mejor sabor de boca, Diego nos habló sobre el "Trauco", un divertido personaje de la mitología Chilena que, durante muchos años, fue utilizado como excusa para justificar embarazos de difícil justificación.
Según el mito, el Trauco embaucaba a las mujeres con la mirada, lanzándoles su aliento, metiéndose en sus sueños y seduciéndolas para luego dejarlas embarazadas.
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Lo del aliento no suena muy hot, pero supongo que fue su horrible apariencia física lo que debió contribuir, decisivamente y en mayor medida, a que aquellas historias dejaran de sonar creíbles y el mito quedara en eso.
El Trauco nos deparó cachondeo y unas cuantas risas, y Marc quiso escenificar en Torres del paine cómo debía ser un típico abordaje lateral del "coleguita" a 2 mujeres, mientras Irene y Nidia representaron a las 2 indefensas y aterradas víctimas del libidinoso ser.