martes, 16 de junio de 2020

Valentina y Marqués: Una historia Hispano-Búlgara de terror Europeo (II)

Balchic es una pequeña ciudad Búlgara, ubicada en la provincia de Dobrich, situada en el noreste del país, no muy lejos de la frontera con Rumanía.
Si llegas allí desde el país vecino, y mas concretamente desde Constanza (la última gran ciudad Rumana siguiendo la costa del mar negro), el contraste es notorio en varios aspectos.
La influencia Rusa se hace patente de golpe. No solo por la aparición y constante presencia del alfabeto cirílico en señales y letreros, sino también por la disminución del innecesario servilismo ante el turista de la Europa pudiente, y por el aumento de la dificultad para comunicarse en inglés.

Llegué allí viajando en bici y, tras ducharme y dormir algo de siesta en un austero hostal, salí a dar una vuelta por el paseo marítimo.
Era agosto y el sol de aquel atardecer calentaba sutilmente, mientras amagaba con empezar a esconderse.
Entre familias y acarameladas parejas que disfrutaban de las vacaciones, eran numerosos los gatos que también andaban por allí luciendo limpio pelaje y actitud despreocupada.
No suelo tener este tipo de pensamientos, pero recuerdo que aquella tarde, mientras veía aquellas parejas y acariciaba felinos cual solitario autista gatofílico, pensé que lo de viajar solo, según el día, no era fácil.
Para acabar de sumirme en la melancolía y disfrutarla por completo, cené en una pizzería de esas que trata de crear un ambiente proclive al romanticismo y, en consecuencia, se llena de parejitas.
Al lado de la puerta, junto a un refrigerador de helados, recuerdo el cuadro en el que centré mi atención gran parte de mi cena.
En él, un oso bailaba en pie, al son de la Galduka de su amo

Ocho meses después, en el día de Sant Jordi, mi novia, en aquel entonces, me regaló un libro sobre la historia de los gitanos Búlgaros y aquellos osos que tenían domesticados con los que se ganaban la vida. 
Por otra parte, el libro trataba la época comunista en Bulgaria y en otros países del este, e iba estableciendo un paralelismo entre la libertad que acabaron consiguiendo aquellos osos, y la supuesta “libertad” que supuso para algunos la disolución de la unión Soviética.
A cierta edad, la verdad es que pocas cosas materiales hacen ilusión. Se valora mucho más la intención y la ilusión que denota la elección de un regalo, y aquello me hizo más ilusión de la que pensaba que, a aquellas alturas, podían llegar a hacerme unas cuantas hojas de papel.

La etnia gitana es originaria de la región de Punyab, situada entre la India y Pakistan.
Tras haber practicado una vida más bien nómada durante algunos tiempo, acabaron estableciéndose en muy diversos lugares de Europa.
En Bulgaria hay una comunidad de unos 400.000 gitanos Romanies, aunque no son cifras oficiales, ya que la unión Europea no permite “discriminar” cuando se hacen censos en sus países miembros.
Ya sabéis, aquellas paradojas de la unión Europea: Sí a globalizar mercados para poder abastecerse de la mano de obra de países pobres y discriminarlos con sueldos miserables, pero no a reconocer la diversidad  y las identidades culturales, que eso es discriminar.
Hitler los calificó como “la plaga más grande de la población rural” y, tras los judíos, fue el segundo colectivo más castigado por su intento de exterminio de todo lo que no fuera raza aria.
Ya antes, se había legislado en Alemania para que fueran esterilizados químicamente o castrados.

La costumbre de domesticar osos con fines lucrativos no es algo que surgiera en Bulgaria, siendo una actividad ya practicada por los gitanos en su lugar de procedencia.
Con la consecución del casi pleno empleo y del exitoso sistema de bienestar social Soviético, gran parte de la población de etnia gitana disfrutó de empleos estatales y pudo prescindir de la necesidad de ganarse la vida mediante la explotación de aquellos pobres plantígrados.
Cayó la unión Soviética y con ella la protección social y, de nuevo, buena parte de la población gitana volvió a hacerse con un oso para ganarse la vida, recorriendo los pueblos y ciudades más turísticos de Bulgaria, ofreciendo espectáculos en lugares como aquella ciudad donde cené.
Espectáculos donde osos como Valentina, bailaban al son de la Galduka de su humanos gitanos, comían caramelos como recompensa y se dejaban caer gimiendo, cuando sus amos les pedían que imitasen a Hristo Stoichcov, aquel jugador Búlgaro de aquel F.C. Barcelona que hizo que, en aquellos tiempos, me apasionase el Fútbol.
Año 2007. Bulgaria entró en la unión Europea y, como si otros de sus países miembros no hicieran reprochables aberraciones y no se les permitieran, esta se vio con la autoridad moral para indicarle al gobierno Búlgaro qué tenía que erradicar el uso de osos con fines lucrativos para no desentonar con la Europa “civilizada”, esa que, por ejemplo, permite a sus países miembros pagar a países del sudeste Asiático para que le gestionen (tiren al océano) toneladas de sus residuos plásticos, o que se da la vuelta e ignora el cementerio en  que se ha convertido el mar mediterráneo, gracias a la crisis migratoria que ella misma provocó en Siria.

A día de hoy, la mayoría de aquellos osos danzarines, desdentados y con problemas neurológicos, debido al consumo de alcohol, están en varias reservas naturales donde, no con demasiado éxito, se les ha intentado devolver a una vida semisalvaje.
Allí algunos se adaptan, de alguna forma muy lejana a su estado salvaje, mientras que otros deambulan perdidos, agresivos y sin llegar a adaptarse nunca.
Sus antiguos amos y sus familias se quedaron sin su medio de subsistencia, sin la mascota a la que amaban y a la que en muchos casos, cumplido el proceso de domesticación, trataban como a un miembro más de la familia, y con la tristeza del que pierde a un ser querido.
Con este ultimo párrafo, no estoy tratando de argumentar que no fuera positivo el hecho de acabar con aquellas prácticas de abuso y maltrato animal.

España entró en la U.E en 1997.
España...”el mejor país del mundo” que rebuznan algunos. “¿Qué no?, ¿a qué hay que ganar?, ¿al COVID? Pues toma! Mayor numero de muertos por millón de habitantes!”.
España, el treceavo producto interior bruto del mundo. La playa de la Europa rica. La del viva el vino. La que acaba de abrir el espacio aéreo para turistas Alemanes, mientras aún no permite desplazarse a sus ciudadanos entre provincias. ¿Cómo no iba a hacerlo, si el exministro de interior Español Jorge Fernández Díaz acaba de confesar que el emérito papa Alemán, Benedicto XVI, le avisó de qué el diablo pretendía romper España? Ni los Catalanes, ni los rojos...el mismísimo diablo!

Los favores hay que pagarlos. Y por esas, siguiendo con el sucio cochambeo, siendo que España ayudó a Alemania en la segunda guerra mundial y le sigue comiendo el culo, ¿cómo se le iba a sugerir en 1997 a la gloriosa nación Española, aquella donde no se ponía el sol, que debería empezar a erradicar la tauromaquia? Ni en 1997 ni en 2020, año en qué la presidenta de la comunidad de Madrid acaba de sugerir que se homenajee a los sanitarios de España con una corrida de toros.
Mucho de lo que aún es España, en una sola imagen
Marqués era un pobre toro que en una tarde del año 2011 tuvo la desgracia de ser escogido para que lo toreara una escoria humana llamada Juan Jose Padilla.
Tras cornearle la cara, tratando de defenderse del intento de homicidio de aquel payaso vestido de luces, Marqués fue sacrificado, mientras que Padilla sobrevivió y, a día de hoy, debido al ojo que perdió aquella tarde, se hace llamar “el pirata”, teniendo en twiter la frase: “Dios es el ojo que me falta”.
Con esa frase y tratándose de un torero Españolazo (no gitano), ¿cómo no iba a ser recibido también por el papa Francisco?
La iglesia Católica también le debe mucho a esta clase de abominable gentuza de ultraderecha. Y a la inversa. Tanto el Franquismo como el nazismo fueron apoyados por la iglesia de sus respectivos países.
Así es la unión Europea: Injusta, clasista y fascista (siento la redundancia). Y siendo que el terrorismo, más que en bombas, consiste en ejercer la tiranía mediante el terror que provoca todo lo anterior, en conclusión, terrorista.
Amor por el toro
N. del A: El libro del que hablaba se titula "Los osos que bailan", del autor Polaco Witold Szablowski. Viniendo de un escritor de uno de los países más Rusofobos que existen en la actualidad, se deja leer, no haciéndose demasiado insoportable.

viernes, 12 de junio de 2020

Valentina y Marqués: Una historia Hispano-Búlgara de terror Europeo (I)

El post de hoy pivota sobre el eje de la gestación de la unión Europea, un tema que aunque inicialmente pueda no resultar muy sugerente, creo que os puede sorprender y, a parte de acabar disfrutándolo, resultaros muy clarificador para, viendo de donde venimos, entender donde estamos.
En todo caso, para fundamentar la segunda parte de esta historia (en el próximo post) y darle más sentido, necesitaba contextualizar algunos hechos históricos de los que, independientemente de eso,  hacía tiempo que quería escribir y así plasmar aquí.
Si os quedáis hasta el final de la historia, acabareis viendo aparecer a personajes tan diversos como un oso, un toro, un gitano y, para acabar de asemejar este vodevil a un circo ambulante, también un payaso vestido de luces.

Si bien la segunda guerra mundial acabó en 1945, lo cierto es que, en algunos aspectos, se cerró en falso, como ocurre en tantos conflictos armados, sobretodo cuando en ellos participan actores tan nauseabundos como los EEUU.
Aunque en la película "Salvar al soldado Ryan" te hayan mostrado a los Norteamericanos como los salvadores del mundo, lo cierto es que estos llegaron a las costas de Normandia cuando "el pescado ya estaba vendido" y la URSS ya habían cambiado el rumbo de la guerra y se había dejado en el campo de batalla a unos veinte millones de aquellos hombres que salvaron a la humanidad de los nazis.
El único e indecente legado que la historia debería haber asignado a los EEUU tras aquella guerra, es el de haber dado el pistoletazo de salida a la utilización de bombas nucleares en conflictos bélicos.

Una de aquellas dos bombas que los mayores terroristas de la historia de la humanidad lanzaron en las ciudades Japonesas de Hiroshima y Nagasaki, ya tuvo como posible destino a Rusia.
Ya con la guerra finalizada, en 1949, el general Curtis LeMay, famoso por haber dirigido aquellos bombardeos y habiendo recibido por ello el Doctorado Honoris Causa por varias universidades Norteamericanas, recibió el encargo de implementar la operación Dropshot, el plan que establecía el lanzamiento de trescientas bombas nucleares sobre la Unión Soviética, con fines "preventivos".
Se iniciaba la década de los sesenta, y el pentágono volvía a poner sobre la mesa un nuevo plan con el objetivo de “destruir China y la Unión Soviética como sociedades viables”.
Entiendo que pueda parecerlo, pero no me invento ni inflo nada. Se puede comprobar en el documento desclasificado y publicado el pasado quince de agosto del 2018 en la web de los Archivos de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington.

De forma paralela, y aunque el alumbramiento no se produciría hasta 1993, el monstruoso embrión de la actual unión Europea iba anidando en el útero de ese espectro llamado Alemania, que la URSS debería haberse anexionado por completo, y no solo parcialmente, tras el fin de la 2º guerra mundial.

Una imagen vale más que mil palabras
De haber sido así, ahora nos ahorraríamos escuchar la tan cacareada y cansina monserga del muro de Berlin.
De vez en cuando, aún oigo algún testimonio de algún Alemán quejicoso del comunismo y la época de la República democrática Alemana.
Ellos pueden expresar sus quejas, a pesar de ser descendientes o, directamente, ser de los que apoyaron a Hitler en aquella guerra.
Los hijos y nietos (no nacidos) de los más de viente millones de Soviéticos su país mató, no pueden dar su opinión.
Por otra parte, ademas de soflamas anticomunistas, también nos hubiéramos ahorrado la OTAN y las treinta bases Norteamericanas que, a día de hoy, hay en territorio Alemán.

Volviendo a la gestación de la unión Europea, esta se fue desarrollando con la constante presencia del espíritu nazi.
Los acuerdos, tratados e instituciones que fueron conformando aquel feto, contaron con la presencia de repugnantes personalidades como, por ejemplo, la de Walter Hallstein, abogado del Partido Nacionalsocialista, estratega político del Estado nazi y, décadas después, primer presidente de la Comisión Europea y uno de los doce firmantes de los Tratados de Roma de 1957, un acto que, extraoficialmente, se considera como el verdadero nacimiento de la U.E.
Otro ilustre nazi, presente en aquellos días que perpetraron la perpetuación del terror, fue Hans-Dietrich Genscher. Antes de ministro de Asuntos Exteriores de la Alemania Occidental y autor de un nuevo plan de profundización de la Unión Europea, fue miembro de las Juventudes Hitlerianas y de la Luftwafe —las fuerzas áreas nazis—, además de miembro del Partido Nazi —carnet NSDAP nº 10.123.636—.
Su pasado nazi y su condición de prisionero de guerra alemán no impidieron que alcanzase las más altas cotas de poder en la Alemania occidental y, tampoco, que se reconvirtiera en otro de los pilares y promotores de la U.E.
Sobre la formación de la U.E y demás monstruosidades similares, podéis encontrar más información en el post que adjunto del interesante blog "Un Vallekano en Rumania".

Y aquí entra en juego Bélgica, mi país de nacimiento. No la salva ni eso (solo faltaba...), ni el hecho de que den algo de justicia (la que no hay en el indecente e inmoral estado Español) y alojo al electo y legítimo presidente de Catalunya, Carles Puigdemont, o a Valtonyc, el rapero Mallorquín que España quiere encarcelar por enaltecer el terrorismo, cosa que el estado Español hace cada 12 de octubre al celebrar su terrorismo de estado, el que provocó un genocidio en Sudamérica y el que, tras no regenerarse en esa teatral farsa que fue la transición, ha seguido perpetrando mediante estructuras policiales y judiciales que rezuman infectos efluvios Franquistas.

Bruselas alberga el parlamento Europeo y, por otra parte, la sede de la OTAN, la organización criminal transatlántica en la que la U.E participa activamente y donde colabora con EEUU en su actividad terrorista a escala mundial. ¿O piensas que las bases que los EEUU tienen en 150 países del mundo son un adorno?
Como supongo que entenderéis, nada bueno pudo salir de un conglomerado así de mafioso y criminal, comandado por unas élites fascistas interesadas, básicamente, en mantener sus privilegios y en aniquilar los sistemas comunistas que, en aquella época, ponían en entredicho el capitalismo.


Paralelamente a todo lo relatado hasta ahora, allá por el año 1955, la burguesía Belga aún andaba ejerciendo su particular terrorismo en el Congo, esclavizando adultos y metiendo niños negritos en jaulas para divertimento de sus pequeños vástagos Europeos

lunes, 8 de junio de 2020

Paguitas y pegotes (II): "Mirando a la miseria a los ojos"

En una tranquila tarde otoñal, de hace algo más de cinco años, preparé el maletín asistencial, me subí al cochecillo del centro de atención primaria de Montcada i Reixac y me dispuse a hacer la ruta de domicilios que tenía asignada en aquella población de la comarca del Vallés occidental.

Me gustaba aquel CAP, me gustaban mis compañeras, mis jefas, el sueldo y también aquella función de visitar pacientes a domicilio un día a la semana.
Acabé apreciando aquella población, a pesar de hacer gala de un notable "feismo" en lo estético, y de un estatus socio-económico que poco tiene que ver con el de poblaciones cercanas como Cerdanyola o Sant Cugat del Vallés.
Difícil no acabar queriéndola, cuando fue recorriendo sus calles durante 6 años, en una ambulancia junto a Marc, donde pasé algunas de las mejores horas de mi vida. Riéndome con él y aprendiendo a su lado el significado de la palabra cuidar, un termino excesivamente manido en la carrera de enfermería, pero que rara vez había visto poner en práctica de verdad, o al menos no de una forma tan holística, palabra también muy usada en los estudios de enfermería y que a los dos nos hace reír aún por motivos que no escribiré aquí.

Aquella dirección me resultaba familiar, pero después de siete años habiendo recorrido aquel pueblo en la ambulancia, ¿qué dirección no me resultaba familiar ya?
Me abrió una mujer que no reconocí, al contrario que aquel edificio en que sabía que sí había estado. A medida que entré y recorrí el domicilio, fui situándome. Al abrir la puerta de aquella habitación, vi a aquel matrimonio que, definitivamente, sí conocía. Pero ya no era solo ella la que estaba en cama.
Tras tomarles las constantes, hablar con ellos un rato y hacerles el test de Barthel para corroborar el evidente avanzado grado de dependencia que presentaban ambos, me despidieron acariciándome la mano y sonriéndome con una expresión de profundo agradecimiento por el tiempo que les había prestado.
Pese a que, tras media hora allí dentro, ya me había acostumbrado, me supuso cierto alivio salir de la habitación y dejar de respirar aquel olor rancio, mezcla del olor de la orina y el del abandono.
Desde la muerte de mis abuelos, en aquellas situaciones me costaba algo más de lo habitual no dejar caer alguna lágrima. Siempre me duraba poco, eso sí.

Salimos de la habitación y la hija se puso a llorar y a explicarme que no tenía quien les cuidase, que ella no podía dejar el mísero trabajo que tenía, donde le pagaban una puta mierda por jornadas de doce horas, y que la nimia pensión de su padre (su madre no tenía) no permitía florituras del tipo de ingreso en esos mataderos que, como se ha evidenciado (más aún) con el COVID, suelen ser la mayoría de residencias.
Si no recuerdo mal, aquello estaba en espera de que servicios sociales moviera ficha y asignase algún tipo de ayuda personal al matrimonio. Una ayuda que, a buen seguro, sería anecdótica y que no resultaría suficiente, ni a nivel práctico y, desde luego, tampoco a nivel de satisfacer la necesidad emocional de aquella mujer de acompañar a sus padres en aquellos difíciles tiempos, previsiblemente, no muy lejanos a su muerte.

Quien no ha visto de cerca situaciones como la relatada (sin entrar en el índice de hogares pobres o en el de desnutrición infantil, impropio de un país perteneciente a la U.E) y no está a favor de la redistribución de la riqueza, es un ignorante y algo de disculpa tiene. Quien las ha visto y aún así está en contra de medidas como la "renta vital mínima", que el actual gobierno de España ha aprobado recientemente, es un psicópata.


A mí que la iglesia católica, la monarquía o el sector de la tauromaquia, instituciones patrocinadas con la "paguita" estatal, (la primera con una asignación estimada de 11.000 millones de euros anuales, y la segunda con 65.000 e solo en comida), opinen sobre el tema, solo me produce intensa repugnancia. Que ademas consideren que no es una medida pertinente, me suscita palabras de esas que, de ser expresadas en España, pueden ser motivo de ingreso al trullo por "delito de odio".
Que las "grandes fortunas" se puedan ir del país por nuevos impuestos que puedan afectarles, me sugiere decirles, al igual que le dijo Pablo Iglesias a Ivan Espinosa de los Monteros, "cierren la puerta al salir". Y es que si alguien es tan miserable que, teniendo un patrimonio de dos millones de euros (descontando los primeros 400.000 de primera vivienda), le molesta pagar 20.000 e de impuestos al año, creo que tenerle lejos es un verdadero placer y una enorme ganancia moral para el país.
Es esa misma gentuza que tiene miedo de que a partir de ahora, de explotar a sus trabajadores con la impunidad que acostumbran, estos dejen el trabajo y les digan que se lo metan por el culo.
Es importante tener claro el tipo de ratas interesadas en perpetuar el capitalismo.

Personalmente, sueño con una legión de receptores de "paguita", liberados de la dictadura del capital y ociosos. Libres para tomarse la cerveza y la tapita (si pueden vivir así y es lo que deciden hacer con su tiempo) o para leer, escuchar podcasts, poder mirar algo más que su propio ombligo y, con un poco de suerte, que las masas viren hacia una ideología socialista, ya sea por conveniencia o por convicción.
Al fin y al cabo y según la doctrina liberal, el ser humano es egoísta por definición e instintivamente tiende hacia el capitalismo. De ahí que, según ellos, el comunismo sea una utopía. Así que, de acuerdo a esa teoría,  serán pocos, y por pura necesidad, los que se resignen a vivir con la "paguita".

El viaje en el que ando inmerso me ha permitido vivir algún acontecimiento que me ha abierto los ojos en algunos aspectos y ha reforzado unos ideales que, aunque ya estaban fundamentados, necesitaban de alguna reforma.
Me impresionó vivir las protestas que tuvieron lugar en Ecuador el pasado mes de octubre. Me fascinó ver como gran parte de la población Ecuatoriana se volcó en aquello y paralizó el país durante un mes, forzando a Lenin Moreno a recular en su asqueroso e indecente servilismo ante el F.M.I  y los recortes que este exigía imponer al país.
Un triunfo de la clase obrera como aquel, solo es posible con una población con cierta libertad y no totalmente encorsetada por obligaciones económicas que le asfixie y no le permita salir a las calles si la situación así lo requiere.

“Exponer a los oprimidos la verdad sobre la situación es abrirles el camino de la revolución”

                                                                                                                                 Leon Trotsky

sábado, 30 de mayo de 2020

Paguitas y pegotes (I): "Conexión España-Argentina"

Echo de menos Argentina.
Si bien mi entrada al país y la estancia en Mendoza no fueron demasiado halagüeñas, los trekkings en alta montaña, los viajes en bici que hice en la Patagonia y el tiempo compartido allí con Marc y sus amigos, me dejaron muy buen sabor de boca.
Viaje en bici por la ruta de los siete lagos
El primer Argentino que conocí en mi vida, del que me llevé muy buena impresión, no lo conocí en Argentina, sino en Serbia.
Tras haber pedaleado cien kilómetros siguiendo el curso fluvial del río Danubio, en el transcurso de un viaje en bici por el este de Europa, llegué a Belgrado en una calurosa tarde de julio del 2018.
Entré al Hostel "Fair and Square" (muy recomendable) y el recepcionista cambió al Español al escuchar mi acento al hablar Inglés.
El tipo era un Argentino que trabajaba allí, a cambio de manutención, mientras hacía un doctorado sobre el conflicto que acabó derivando en la guerra de los Balcanes, la disolución de la antigua Yugoslavia y sus posteriores consecuencias geopolíticas.
Aquella fue la primera vez en mi vida en que me hubiera gustado que un Argentino me diera la turra con sus historias. Y no sé si fue por el hecho de que no era Porteño o por qué nunca hubieron mujeres presentes en nuestras conversaciones, pero la cuestión es que el tipo estaba mucho más interesado en mi viaje que en hablar de él mismo.

Dos años antes había tenido una novia medio Argentina (había nacido y vivido allí hasta los 20 años) con la que compartí un tiempo especialmente significativo de mi vida y de la que guardo gran recuerdo, y mi predisposición hacia los Argentinos ya había mejorado un poco.
Ella contrarrestó, en gran medida, el concepto que me había formado sobre ellos, tras unas cuantas horas de conversaciones con un buen amigo Uruguayo y con algunas de mis propias experiencias.
Si lee esto algún Argentino/a, espero que no se ofenda. España es un destino predilecto para mucho Porteño con ciertas ínfulas y aires grandilocuentes. ¿Y para qué engañarnos?, también con admirables habilidades para enbelesar féminas, cosa que por cuestiones antropológicas y algo primarias, nos suele joder a Catalanes y Españoles.

Ya en Argentina, acabé conociendo muy buena gente, y en Cartagena de Indias (Colombia) fui topando, de una forma bastante casual, con varios Argentinos de muy buena onda y de los que guardo bonito recuerdo a pesar del poco tiempo que acabé compartiendo con ellos.
Una de ellos/as fue una profesora con la que concerté un "Couchsurfing" en Dina Huapi, un pequeño pueblo junto a San Carlos de Bariloche.

Pocos meses atrás se habían celebrado las elecciones en Argentina, y las había ganado Alberto Fernández, representando una coalición peronista-kirchnerista, que había conseguido derrotar a Mauricio Macri y devolver así a Argentina a la senda de las políticas sociales.
Hablando con aquella mujer de los motivos que aducían los detractores de Alberto Fernández, basados en sus reticencias a los subsidios y las "paguitas" (por el supuesto freno que suponen para el desarrollo de un país), ella concluyó con un tajante: "Yo lo único que sé es que ahora mis alumnos no vienen con hambre a clase, cosa que antes sí ocurría".
A mí este tipo de motivos cada día me convencen y me ganan más. Más aún si vienen de una persona ilustrada (hablo de algo muy diferente a estudios reglados) y con suficiente experiencia en la vida para haber tenido tiempo de comprobar la miseria moral que comporta el liberalismo.

Unos meses después, desayunando en la terraza de un hostel en Cartagena, coincidí con otra profesora de Córdoba con un discurso casi idéntico.
Hablando sobre el impuesto del 30% a las compras y viajes al exterior que Alberto Fernández impuso tras su llegada al poder, para promover el turismo y el consumo interno y recuperar así el eterno déficit de las arcas públicas Argentinas, me dijo: "Yo estoy contenta por poder contribuir a la recuperación de la economía de mi país y pago a gusto. Además, así me obligaré a viajar más por mi país y tendré la oportunidad de conocerlo".
"No hay más preguntas señoría", pensé. Es a partir de estos niveles de empatía y de supremacía moral (que diría el nazi de Santiago Abascal), que acabo conformando mi propio concepto de la idiosincrasia de un país.

Hoy el actual gobierno Español comunista (cágate lorito) del "coletas" ha aprobado la "renta mínima vital", un hito histórico que hace que me sienta un poquito reconciliado con el concepto de España y un poquito menos avergonzado de la ignominiosa y deshonrosa nacionalidad que consta en mi D.N.I.

La que no está tan contenta por ello es la Marquesa Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos (esta gente de rancio abolengo suele tener apellidos para dar y regalar), que se lleva la "paguita" del estado Español, por ensuciar el congreso de los diputados como portavoz del PP.
Hija de la oligarquía argentina, de orígenes castellanos, heredera de los que invadieron y saquearon América Latina, de aquellos que robaron a los hijos de las mujeres pobres de su país y de los que hicieron desaparecer a miles de militantes por la justicia social, esta botarate es la directora del área internacional de la fundación FAES de Aznar y se dedica a hacer el ridículo en Twiter.

¿Se puede ser más ridícula y despreciable? Sí, si eres Cubana y, como Rocio Monasterio, representas al fascismo de VOX en Madrid y despotricas del comunismo porque a tus padres les expropiaron su esclavista negocio de caña de azucar.

De menuda joyita se han librado en Argentina y menudo pegote tenemos que subvencionar con "paguita" estatal en España. Como si la derecha Española no tuviera suficiente cochambre autóctona.

En la segunda parte de este post argumentaré el porqué de mi satisfacción con la "paguita", una medida con la que hace un año no hubiera comulgado de forma tan radical, pero que ahora me reconcilia en cierta medida con un país que, eso sí, siempre consideraré ajeno.

jueves, 21 de mayo de 2020

De Ucrania a Catalunya. Horrores y errores en el camino hacia la independencia.

Hacía mucho tiempo que demoraba un post sobre un tema del que me interesa y me motiva especialmente escribir.
Hay dos motivos para ello: Por una parte, por lo representativo y clarificador que espero que resulte al respecto de la miserable y criminal forma en que occidente sigue interfiriendo en países que considera claves como piezas del tablero geopolítico mundial, y para la consecución de sus intereses.
Por otra parte, creo que puede ser paradigmático del gran error que supone dejar cualquier proceso revolucionario -la independencia de Catalunya, en este caso- en manos de formaciones políticas con ideologías de derechas. Y es que a la acertada frase de "la revolución será feminista o no será", añadiría yo qué será de izquierdas o no será.

Lo que ha desencadenado que me decida a escribir el post ahora, son una serie de noticias que se han ido sucediendo en los últimos tiempos y que creo que, de alguna forma, cierran un círculo.

Es imposible relacionar los hechos que pretendo, sin rememorar algunos sucesos y contextualizarlos. Más aún, cuando creo que la gran mayoría de los que leáis esto, no los recordareis apenas, y me atrevería a decir que el 90% nunca supisteis los detalles claves necesarios para poder posicionarse con criterio.

Corrían los primeros meses del año 2014 y cada día llegaban noticias desde Ucrania sobre una supuesta preciosa revolución de colores en la calles de Kiev. El epicentro de la misma era la plaza Maidan y el nombre que le pusieron a aquel movimiento fue el Euromaidan.
Según la propaganda oficial, la indefensa, maravillosa y nada manipulada ciudadanía de Kiev estaba siendo masacrada por la policía del malvado presidente Víktor Yanukóvich, prorruso y poco receptivo a los cantos de sirena de la Europa occidental.
El motivo era que los Ucranianos de a pie se estaban manifestando pacíficamente a favor de pasar a ser parte del eje del bien, abrazarse a la maravillosa Europa occidental y desvincularse de una vez por todas de Rusia, miembro honorifico del eje del mal.
Al final y tras meses de conflicto, aquello acabó con la supuesta victoria de los manifestantes, el derrocamiento de Yanukóvich, cien mártires a los que se les llamó la "centuria celestial", y con un supuesto prometedor horizonte lleno de esperanza y libertad.
A día de hoy, la realidad es que Ucrania sigue igual de pobre o más, ya no puede disfrutar del acuerdo de libre comercio que tenía con Rusia y de las ventajas que ello le daba (sobre todo en materia energética), y ademas ha perdido la península de Crimea (aunque nunca lo ha reconocido, parece evidente que Rusia recuperó un territorio que le había pertenecido hasta 1954 y cuya población se siente Rusa en su inmensa mayoría), por no hablar de las 13.000 perdidas de vidas humanas en la guerra del Donbass, que Ucrania sigue librando contra sus propios ciudadanos prorrusos.

¿Qué motivó y qué sucedió en realidad en el Euromaidan?
Tras meses de negociaciones con la unión Europea, Víktor Yanukóvich, presidente de Ucrania en 2014, se negó en el último momento a firmar un acuerdo que nunca acabó de ver claro, a pesar de las presiones de la Europa pudiente y la de los Oligarcas Ucranianos que, en aquel país, siguen siendo dueños y señores del estado.
La razón que adujo Yanukóvich fue que quería a Rusia (con la que tenía acuerdos que se romperían si firmaba aquel acuerdo) en la mesa de negociación, a lo que la unión Europea se negó tajantemente.
Los medios de comunicación se hicieron eco de la negativa a firmar de su presidente.
Aquello desencadenó que grupos de estudiantes, hartos de la corrupción sistémica de su país, salieran a manifestarse pidiendo cambios significativos en las instituciones Ucranianas. No la adhesión a Europa y la desconexión con Rusia, específicamente, tal como se explicaba en los medios de comunicación.
Una muy representativa foto de los amigos que querían hacer los oligarcas Ucranianos
Posteriormente, la espontaneidad inicial de aquellas manifestaciones se empezó a ver intoxicada por grupos de extrema derecha con estética neonazi, y con una sorprendente organización e infraestructura que era de todo menos espontanea o barata.
Llegaron los muertos. Ahora se sabe que de los 100 muertos, entre 35 y 40 fueron policías (los supuestos "malos") de Kiev. Se sabe también que se contabilizaron como víctimas, y parte de la "centuria celestial", a muertos que no tuvieron que ver con la violencia de los tumultos.
Y lo más importante, se sabe que la manifestación estaba infestada por mercenarios a sueldo (incluyendo a francotiradores Georgianos y Lituanos), que tenían como misión abrir fuego, dinamitar las manifestaciones y ejercer violencia de alta intensidad contra la policía para que esta respondiera con fuego, el caos se desatara, hubieran victimas inocentes y el pueblo enfureciera y exigiera la caída del gobierno.
Resultado: Cayó el gobierno de Yanukóvich, mediante la forma en que actualmente se derrocan los gobiernos que no comulgan con el imperio del bien, es decir, el golpe de estado híbrido.

Pero hay mucho más.
Actualmente, a raíz de las disputas entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el candidato a presidente (vicepresidente en la legislatura de Obama), Joe Biden, ha salido a la luz que Biden fue el encargado de las relaciones diplomáticas con Ucrania y que, gracias a ello, su hijo Hunter Biden trabajó en el congreso de administración de una de las más importantes compañías de gas de Ucrania, cobrando 600.000 dolares anuales.
Para poner el broche final a tan truculenta historia, hay un documental donde Joe Biden, entre risas y y jolgorio, presume de haber forzado a Petró Poroshenko (el presidente que relevó a Yanukóvich tras el golpe de estado) a relevar de su puesto al fiscal general de Ucrania, por haber iniciado una investigación por corrupción contra la empresa de gas donde trabajaba el hijo de Biden.
De no hacerlo, nunca llegarían a Ucrania las ayudas económicas que los Estados Unidos le habían prometido a Poroshenko.
La realidad, a día de hoy, es que muchísimos Ucranianos se sienten realmente engañados y les gustaría poder volver al 2014.
Llegados a este punto, alguien pensará: "¿qué tiene que ver aquí Catalunya y su proceso de independencia?".
¿Recordáis un vídeo llamado "Help Cataluña" que lanzó Òmniun cultural para mediatizar el conflicto Catalán y denunciar al indecente estado Español a ojos de Europa?.
El fin era loable, pero los medios fueron nauseabundos. Hubo quien criticó el vídeo por el hecho de que imitaba al vídeo que el movimiento Euromaidan hizo en su día para mediatizar su causa y ponerla ante los ojos de la Europa "civilizada" (estas comillas tienen sentido desde ya, pero lo tendrán más aún al final del post).
Para mí el problema no es imitar un vídeo, sino algo mucho más grave, como es no saber mirarse más allá del ombligo (algo muy propio de quien no profesa ideologías "radicales" de izquierdas) y compararse con el movimiento Euromaidan, cuando ya en aquel entonces habían sospechas, más que fundamentadas, de que aquella supuesta revolución de colores Ucraniana olía muy mal.
Aquel tremendo error desvirtuó el proceso de independencia a ojos de la izquierda (la real) Española y Europea. Ante Rusia tampoco quedamos como unos revolucionarios precisamente.

Para acabar, ahí voy con la traca final.
¿Qué intereses tenía la Europa pudiente en llegar a acuerdos comerciales y de "semilibre" circulación con Ucrania?. ¿Y las oligarquías de Ucrania en que esta firmase los acuerdos con Europa?
Hay muchos. Los que conozco, o supongo, y los que no. En todo caso, sería muy cansino abordarlos todos, así que me voy a centrar en uno especialmente nauseabundo e indigno.
Ahora mismo hay unos 100 bebés en Ucrania, fruto de gestación subrogada (o vientre de alquiler, como se conoce coloquialmente), a los que sus indignos y explotadores padres de la Europa civilizada (¿recordáis las comillas de dos párrafos atrás?) no pueden recoger, debido a la pandemia.

35 de los bebés en el hotel Venice de Kiev
Después de que varios países Asiáticos (India, Nepal y Tailandia, entre ellos) prohibieran la práctica, debido a la abusiva explotación (triple redundancia) a la que se sometía a sus mujeres, Ucrania se ha consolidado como el país de referencia a la hora de obtener un niño gestado en el vientre de una pobre (económica y moralmente. La primera pobreza suele conllevar la segunda) infeliz que es explotada, como si fuera una vaca en una granja, para que alguna feliz, adinerada y explotadora parejita de la Europa rica tenga el hijo que no le ha dado la gana de adoptar.
Parejas Españolas liandola parda, mucho antes de la pandemia, por no poder sacar a los bebés de Kiev por problemas con el pasaporte. La bandera de España siempre presente a la hora de adornar cualquier tipo de acto asqueroso y nauseabundo que tenga que ver con la explotación de otros pueblos.
Si habéis llegado al final (lo consideraría una gesta), espero que os dé la sensación de que he cerrado un circulo y de que os haya compensado hacerlo.

N. del A: Si os habéis quedado con ganas de saber más sobre el Euromaidan o la guerra del Donbass, recomiendo un documental de Ricardo Marquina, un periodista Español que posee uno de los mejores canales que se pueden encontrar en Español en Youtube, sobre Rusia y los conflictos geopolíticos de los países de la extinta unión Soviética.
Aunque es antiguo y ha quedado algo obsoleto por las nuevas informaciones y evidencias de las que no se disponían en aquel momento, trata el conflicto con objetividad y da voz a todas las partes implicadas.

lunes, 11 de mayo de 2020

Amor y misterio en Užupis (parte IV)

Fiódor abrió una botella de Vodka "Tsarskaya" y nos lo sirvió en unos pequeños vasos cuidadosamente ornamentados con motivos del folklore Yakuto.
Reconocí aquella marca. Era un Vodka de altísima calidad y el favorito del Zar Pedro "el grande" de la dinastía de los Romanov. 
No tenía a Fiódor por un tipo roñoso, pero que abriera aquella botella indicaba que la ocasión no era una cualquiera para él.
Tras tres rondas (seis para Fiódor), aquel hombre de duras facciones Orientales, me miró serio.

– Amancio, jamás estaría aquí hablando contigo si fuera por mí, pero confío en la sabiduría e intuición de mi mujer, y ella creé que mereces nuestra confianza.
Sabiendo lo que sabes ahora, aún puedes volver a tu país y seguir con tu vida tal como la conoces. 
Si tu intención es quedarte, tal como parece ser, seguiré contándote algunas cosas más de las que mi esposa te acaba de contar. Eso sí, después de ello, tu vida habrá cambiado para siempre – me dijo Fiódor.

Llegados a aquel punto y aunque no hubiese estado enamorado de Audra, no me imaginaba algo mejor que hacer con mi vida que quedarme allí escuchando lo que Fiódor me tuviese que decir y afrontar las más que seguras emocionantes consecuencias.

– Su hija no es un capricho para mí señor, y no me voy a separar de ella. Agradezco su confianza y me gustaría escucharle – le contesté sin titubear.
– Bien, como ya sabes, mi nombre real no es Mikita y no soy de Minsk. Esa es la falsa identidad que se me asignó para protegerme tras el final de la guerra. 
Trabajo para el KGB y, después de la gran guerra patria, estamos quizás ante la situación más complicada de nuestra historia.

Me vino a la cabeza la figura de Jaime Ramón Mercader del Río, aquel Catalán, militante comunista y agente del servicio de seguridad soviético que, por encargo de Stalin, tras ir hasta Mexico y hacerse novio de Sylvia Agelof, la hija de León Trotski, para poder acceder a él, lo mató clavándole  un piolet en la cabeza.
El arbol del espionaje Soviético tenía ramas por todo el mundo y, aunque yo, Amancio De los Cobos Brugillo, era un simple "pelagatos" y no León Trotski, lo cierto es que ahora también estaba en disposición de poder traicionar a la unión Soviética.
Supongo que Stalin no conocía de mi existencia, pero Fiódor sí.

– Como ya debes saber, en agosto se celebró la "Baltijos kelias" (vía Báltica). Una gran cadena humana unió Tallin, Riga y Vilnius, las tres capitales de las repúblicas Bálticas – me dijo Fiódor.

– Como para no acordarme – pensé. 
Aquella manifestación y clara expresión de buena parte de los ciudadanos de Lituania, Letonia y Estonia a favor de la independencia de sus pequeñas repúblicas, había resonado con fuerza en todo el mundo.
Nunca había tenido una clara opinión al respecto. Pero recordaba aquellos días, tan solo cuatro meses antes, cuando, en mi base militar en Murcia, el tema estaba en boca de todos mis compañeros y superiores. Lo más suave que se escuchaba era: "A esos comunistas de mierda se les está acabando la broma..." y frases por el estilo.
Mirando atrás, no me reconozco. No sé cómo pude aguantar durante tanto tiempo aquel nauseabundo ambiente post-Franquista. Pero aquello iba haciendo mella en mí y cuantos más comentarios así oía, más simpatía crecía en mí hacía aquellos "rojos comeniños".

– Lituania, al igual que Estonia y Letonia, está llena de agentes de la CIA ahora mismo – continuó Fiódor  – La OTAN está ejerciendo altas presiones en los mandatarios de las tres repúblicas. 
Se les está empujando a proclamar la independencia mediante promesas de apertura de mercados hacia los países del bloque occidental y liberalización del sistema económico. 
Eso supondrá la libertad total para implantar el capitalismo y que se enriquezcan, tanto ellos como todos los estratos altos de la sociedad. Pero el pueblo, aunque lo ignora, quedará ante la más absoluta desprotección social.

  –  záychik (pequeña liebre) – interrumpió Audra a su padre – Gabija vino ayer a casa para decirme que en breve necesitará mover hilos en en plano terrenal. Que enero será un mes decisivo en la historia de esta república y que soy la designada para, a través de mi cuerpo, no permitir que las fuerzas del mal vuelvan a quebrantar el equilibrio espiritual de estas tierras.

Tras terminar con la botella de Vodka, ante el discurso cada vez más radical de Fiódor y el relato sobre situaciones y hechos que no era necesario que yo conociese, Audra se levantó y anunció a la familia que nos ibamos a dormir.
La idea de dormir allí y la insistencia de Daina para que durmiéramos juntos, me aterraron.
Las estrecheces de la pequeña cama de noventa centímetros que Audra aún tenía en la habitación que le había pertenecido en su infancia, me recordaban que dormir allí era una insensatez. Por no hablar de aquel ruidoso somier que chirriaba con tan solo tocarlo, y de aquel cabecero que, apoyado en un murete que, en su otro lado, tenia apoyado el cabecero de la cama de Fiódor, hacía que se me encogiese el alma.
Confiaba en mi autocontrol y absoluto respeto por Fiódor, pero mi relación con Audra aún no había cumplido el mes de vida y la capacidad del ser humano para autoengañarse con la mentira que más le gusta o le conviene, es impredecible. Tanto como si yo sería capaz de evitar a Audra en caso de que me despertara en mitad de la noche tras haber tenido sueños paganos, o si sería capaz de no engañarme pensando que, al fin y al cabo, ese somier no era tan ruidoso, ni el murete que separaba aquellos dos cabeceros tan fino.

Tras una apacible noche, amaneció. Audra se levanto de la cama para ir al lavabo.
Cinco minutos después me despertaron sus gritos. Entré corriendo al lavabo y, desnuda y empotrada contra una esquina, gritaba mientras señalaba algo en la bañera. Una enorme araña caminaba tranquilamente por la misma.

– Mátala, mátala!! – me repetía una y otra vez.
– ¿Qué dices? No la voy a matar – le contesté.
Me miró desquiciada y, aunque no dijo nada, pude imaginar sus pensamientos, de naturaleza medio Eslava, sobre cuales eran mis responsabilidades como hombre, en una situación como aquella.
– Me siento afortunado y feliz, desde el día que te vi desnuda, así que sé lo contenta que vivirá esta araña el resto de su vida, y no voy a ser yo el que le prive de ello – le dije.
Sonrió y olvido sus expectativas sobre como se suponía que yo debía actuar en aquella situación.
En el fondo, una vez superada la histeria del momento, le gustaba que respetara la vida de un insecto. También que le dijese lo feliz que me hacía verla desnuda.

Los bosques bálticos son mágicos para mí. Con sus grandes abetos, nogales y abedules nevados, lo son más aún. Recorrer sus senderos en compañía de Audra, me hacía sentir que tenía más de lo que merecía o tenía derecho a pedirle a la vida.

– Amo a tu padre – le dije a Audra – Creo que el día que te pida que nos casemos, lo haré tanto por ti, como por saber que eso me convertirá en su yerno.
– Pues quizás convenga que lo hagas pronto... – me contestó – Estoy embarazada.

No sé si, a día de hoy, podría iniciar una relación seria con una mujer de la que pudiera dudar llegado un momento así. Creo que sí podría haber sucedido en aquellos tiempos, pero de ella no dudé ni por un solo segundo.

– Vaya..."¿y cómo ha sucedido?" – acerté a contestarle para coger aire y gestionar un momento que, aunque no esperaba en absoluto, me llenó de alegría y me dejó en shock a la vez.
Contestó con aquella mueca de fingida inocencia que sabía dibujar en su cara y que tanto me gustaba. Podría haberle sorprendido en nuestra cama sumergida en una orgía y, si me hubiese hecho aquella mueca, hubiese conseguido que pensase que estaba siendo obligada a estar allí.
Nos abrazamos intensa y prolongadamente, sumergidos en el silencio de aquel bosque nevado, tan solo roto por el sonido de agua corriendo por un pequeño riachuelo con más estalactitas que agua en estado liquido.

– No es un buen momento para esto záychik – me dijo con algunas lágrimas cayéndole por las mejillas – tengo mucho miedo. Mi padre tiene razón en muchas cosas de las que dice y pienso como él, pero la realidad es que se ha llegado a un momento en que gran parte de Lituania quiere separarse de la unión Soviética, y aunque sé que es un error, no soporto la idea de que esta situación conlleve más dolor...sé que es pan para hoy y hambre para mañana, pero no quiero que nadie de mi entorno vuelva a perder un solo ser querido más – Concluyó Audra.

Recordaba haber leído en mi infancia el libro "rebelión en la granja" de George Orwell.
Ya en Lituania, me di cuenta de que el hecho de que los dirigentes de la unión Soviética fueran representados por cerdos en aquella obra, no era ninguna casualidad. Y de que el problema para aquellos que utilizaban aquel libro como propaganda anticomunista, no era la presencia de unos pocos cerdos en la granja, sino el hecho de que la granja no se pudiera derribar para convertirla en una gran piara. Una enorme pocilga abierta a occidente, donde tanto las clases pudientes de la unión Soviética, como cualquiera que viniera de fuera con ganas de retozar, pudieran ser cerdos también y revolcarse en el barro libremente. Y que el resto de animales tuviesen que irse de allí y buscarse la vida en un mundo cruel e indigno para el que nadie les había preparado.

Respecto a las clases sociales más humildes de Lituania, la cruda realidad es que por cada vídeo musical de la MTV que entraba al país, habían mil Lituanos que dejaban de valorar el hecho de no pasar hambre ni frío y de no ver a ninguno de ellos en la calle, y pasaban a pensar que el muro de Berlín les estaba privando de la libertad de poder optar a tener vidas como la que veían en aquellos vídeos.
El enterarse de que había algo, llamado chocolate o plátanos, que ellos no tenían la libertad de comer, hacía que se olvidasen del hecho de que no vivían en riesgo de quedarse sin techo un día, dependiendo de cómo les pudiera ir la vida.
El hecho de que la sanidad o la educación estuviesen totalmente subvencionadas y de que las necesidades más vitales estuviesen aseguradas para todos los ciudadanos, pasaron a ser futilidades en la escala de valores de muchos, que soñaban con ese mundo del otro lado del telón de acero donde podías tener más de lo que necesitabas, aunque eso supusiese que los hijos de tus vecinos pasasen hambre.

Aquellas navidades fueron felices para mí.
Hacía años que no había disfrutado especialmente de aquellas fiestas, pero celebrarlas en Vilnius, con el espeso manto de nieve que cubrió la ciudad aquel año de 1990, y vivir aquellas celebraciones paganas que me transportaban casi a otras épocas, fue algo así como volver a la infancia.
Por no hablar de mi futura paternidad. Aunque en aquel entonces lo que había en el vientre de Audra no era más que un embrión de cuatro o cinco milímetros, me entusiasmaba pensar que podía escuchar las notas musicales que invadían nuestra vieja casa en Užupis cuando ella tocaba su violín.

Por otra parte, no todo fue paz y sosiego en aquellas navidades.
Audra y Fiódor discutieron mucho y aquello ensombrece mis recuerdos de aquello días..
Fiódor no soportaba la idea de que las injerencias externas y los intereses capitalistas de occidente, pudieran socavar aquella unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que, a pesar de integrar diferentes etnias y sensibilidades culturales y religiosas, se había mantenido unida hasta entonces, y en la que, de alguna forma, aún perduraba algo del espíritu de la revolución proletaria de 1917.
Fiódor no veía personas en los ciudadanos partidarios de la independencia de Lituania. Veía robots totalmente abducidos a los que habría que aplastar en el caso de que las cosas llegaran a una situación límite. De no hacerlo, sería occidente el que aplastaría lo construido con tanto dolor y sacrificio de vidas humanas.

Audra entendía y respetaba a su padre como nadie más podía hacerlo. Estaba de acuerdo con él y le hubiese gustado que las cosas fuesen de otra forma, pero no lo eran y, aunque le dolía, respetaba la decisión de su pueblo y sus pretensiones de soberanía.
En las calles de la ciudad se respiraba un evidente clima antisoviético y, tras los informes de KGB de que los mandatarios Lituanos perpetraban la inminente y definitiva escisión del territorio Lituano, Moscu envió los tanques del ejercito Soviético a Vilnius.

Desperté en la madrugada del doce al trece de enero. Me volteé hacía el otro lado de la cama, buscando el cuerpo de Audra. No estaba allí. Me levante al lavabo y tampoco la encontré. Ni rastro de ella en toda la casa. Lenin maullaba desconsoladamente. Un escalofrío recorrió mi cuerpo desde la cabeza a las puntas de los pies.
Me vestí y salí de casa. Corrí hacía el centro. Tanques Rusos recorrían las calles y el ejercito se había movilizado para tomar el control de puntos estratégicos de la ciudad, como el parlamento o la torre de la televisión en las afueras de la urbe.
Corrí desesperado por aquellas calles. Habían muchos heridos y se rumoreaba que algún muerto.
Los ánimos estaban caldeados y grupos de independentistas blandían la bandera de Lituania interponiéndose al paso de los tanques Rusos. Aquello era un polvorín. Debía encontrar a Audra.

Grupos de manifestantes empezaron a movilizarse hacía la torre de la televisión ante los rumores de que el ejercito Ruso pretendía hacerse con ella.
Corrí y corrí todo lo rápido que mis piernas y mi corazón me permitieron.
Aquellos siete kilómetros se me hicieron eternos.  Recuerdo la sensación de impotencia al no saber si aquello sería útil y la encontraría en la torre, mezclada con la incerteza provocada por no saber si habría sido poseída por Gabija, tal como ella había venido a anunciarle un mes antes. De ser así, no sabía si sería posible verla físicamente.
Saber que estaba embarazada, tampoco ayudaba, y convertía aquello en, si cabía, una situación más preocupante aún.

Lo recuerdo como si fuese ayer. Cruzando el bosque donde hoy está la Reserva natural de Karoliniškės, empecé a escuchar lo que me parecieron gritos.
Aceleré el ritmo aún más. Necesitaba llegar allí, encontrar a Audra y comprobar que estaba a salvo.
Llegué. Las tropas Rusas tenían cercado el recinto y los grupos de manifestantes que les habían estado esperando, les impedían entrar y tomarlo.

De nuevo, aterradores gritos venían de entre los manifestantes.
Desde fuera, pude ver como habían cuerpos ensangrentados en el suelo y cundía el caos. Algunos se escondían donde podían. Otros levantaban los brazos y gritaban mirando hacía los edificios próximos. Otros empezaron a sacar a los heridos, entre desgarradores gritos de ira y dolor, fuera del recinto para que se les pudiese atender.

Se oyó un disparo y de nuevo vi un cuerpo caer al suelo. Ahí entendí que se estaba abriendo fuego contra los manifestantes.
Me acerqué para intentar ayudar. Desde lo alto de un tanque, un militar Ruso, con mirada de hielo y gesto impasible, me miró. Recuerdo aquel momento. La situación y la aparente evidencia de lo que estaba sucediendo, sumado a la educación que se me había inculcado y el mensaje anticomunista que, se quiera o no, siempre cala de alguna forma en occidente, se mezcló con aquella mirada y les odié. Deseé que todos aquellos tanques explotaran, y que aquellos invasores se fueran y jamás volvieran a molestar a las gentes de aquella pequeña república.

Escuché mi nombre. Levante la mirada y vi a Kristina, una compañera de estudios de Audra que, junto a más manifestantes, sacaban un cuerpo fuera del recinto.
Kristina me miraba con la cara desencajada y repetía mi nombre. Corrí hacía ellos y el cuerpo que arrastraban era el de Audra . Tenía una herida de bala en la cabeza, le salía sangre por un oído, tenía los ojos cerrados y no se movía.

Ahora que, quince años más tarde, escribo sobre lo sucedido, lo hago desde la paz que me ha dado la perspectiva del paso del tiempo. También desde la felicidad que me da saber que Audra pasó aquella noche intentado que aquellas aguas no se agitaran aún más de lo que ya lo estaban. Lo consiguió en parte. También traer a Ugné al mundo antes de irse.


Audra se aferró a la vida unos meses más. Los suficientes para alumbrar a nuestra hija.
Ugné estudia piano y violín. Cuando llega el buen tiempo le gusta bajar al lecho del río Vilnia, a pocos metros de casa, y tocar el viejo piano abandonado que allí reposa.
Llega allí con una vieja bici de la que no quiere deshacerse, pese a que le empieza a quedar pequeña.

A veces le acompaño y le oigo tocar. Suelo pensar que parte de Audra vive en ella. No solo por su cabello pelirrojo, igual que el de ella, el de su abuela o el de Gabija.
Sobre esta, no sé si poseyó a Audra, o no, aquella fatídica noche. Solo espero que no se le vuelvan a dar motivos para volver.
Daina sigue viviendo en la dacha de Druskininkai y le encanta que vayamos a visitarla.

Fiódor se suicidó unos días después de "los sucesos de enero".
No soportó lo de Audra, ni que la mayoría de Lituanos pensaran que la gran madre patria había ejecutado, de una forma tan cobarde e indigna como fueron los disparos de francotiradores desde azoteas, a sus propios hermanos. Más aún, habiendo vivido aquella noche desde el centro de control del KGB en Vilnius y sabiendo de primera mano las directrices de minimizar los daños, venidas desde Moscu.


N. del A.: Esta parte del relato mezcla grandes dosis de realidad, trufada con algo de ficción.
La noche del doce al trece de enero de 1991 se saldó con trece muertos (de once a quince, dependiendo de la fuente) y cifras cercanas a los mil heridos.
Diez años después de aquellos hechos, Audrius Butkéviciusel, director del departamento de defensa de Lituania en aquel momento, reconoció que los francotiradores que provocaron la mayoría de muertos, eran parte de un pseudoejercito paramilitar financiado y dirigido por el gobierno de Lituania:
“No puedo justificar mi acción ante los familiares de las víctimas, pero sí ante la historia, porque aquellos muertos infligieron un doble golpe violento contra dos bastiones esenciales del poder soviético: el ejército y el KGB. Así fue como los desacreditamos. Lo digo claramente: fui yo el que planeó todo lo que ocurrió. Había trabajado bastante tiempo en la Institución Albert Einstein con el profesor Gene Sharp, que entonces se ocupaba de lo que se definía como “defensa civil”, en otras palabras la guerra psicológica. Sí, yo programé la manera de poner en dificultades al ejército ruso, en una situación tan incómoda que obligara a cada oficial ruso a avergonzarse. Fue guerra psicológica. En aquel conflicto no habíamos podido vencer con el uso de la fuerza, eso lo teníamos muy claro, por eso trasladé la batalla a otro plano, el del enfrentamiento psicológico, y vencí”.

Aunque esta forma de operar, por parte de la "chupipandi" Unión Europea-Estados unidos, es ya de sobra conocida y demostrable, y se ha estado utilizando en múltiples conflictos que afectan a países de la antigua URSS en su convivencia con Rusia (Georgia o Ukrania, entre los más recientes y graves), en el imaginario colectivo se sigue teniendo a Rusia como ese peligroso monstruo sin alma que amedrenta, somete y pone en riesgo la convivencia y paz en el mundo.

jueves, 7 de mayo de 2020

Amor y misterio en Užupis (parte III)

Tras comernos el Tinginys en una silenciosa y tensa atmósfera que presagiaba tormenta, Daina empezó a hablar:
– Amancio, creo que deberías volver a España. La situación es…
– Mama!!! – Le interrumpió Audra notablemente enfadada – No le he traído aquí para esto y lo sabes.

Se levantó de la silla violentamente y, con fuego en la mirada, se acercó al perchero donde habíamos dejado nuestras chaquetas.
Nunca la había visto así antes y, aunque ya empezaba a conocer algunos matices de su fuerte carácter, hasta aquel día nunca había pensado que el significado de su nombre, que en Español era tormenta, le hiciese justicia.
Daina miraba al vacío sin proferir palabra. Yo no sabía muy bien cómo actuar y mantuve silencio.

– Vámonos. – me dijo Audra.
– Ven y siéntate por favor. – le contesté. – Tengo derecho a escuchar a tu madre. Si no, no haberme traído hasta aquí.

Su mirada me recordó a la de un tiburón blanco: Fría, inexpresiva e inquietante. En ese momento el consejo que me acababa de dar su madre me pareció bastante razonable y acertado.

– Siéntate por favor. – Le insistí – Tengo la suficiente personalidad para saber lo que tengo que hacer. Y no voy a volver a España, pero me gustaría escuchar a tu madre.

Audra volvió hacia su silla mirando a su madre igual que me había mirado a mí medio minuto antes.
Daina suspiró y se volvió a hacer el silencio. Empezó a hablar de nuevo:

– Amancio, se avecinan tiempos difíciles y convulsos para este país. Van a pasar cosas muy graves y Audra se va a ver envuelta en complicadas situaciones que nadie sabe que final tendrán.
Ayer por la noche vino a visitarle Gabija...creo que te diste cuenta y Audra me ha dicho que ya te ha estado explicando quién fue ella.
Desde que murió, Gabija ha estado visitando a mujeres de nuestro árbol genealógico en diversos y significativos momentos de la historia de este país. La última vez que sucedió fui yo la elegida.

Corría el mes de junio del año 1941 y el ejercito nazi entró en Vilnius.
Dos años antes,  Joseph Stalin había invadido Polonia con el ejercito Soviético y devolvió Vilnius a Lituania. Aquella ciudad había sido Polaca desde 1922.
Lituania mantuvo su independencia durante casi un año, pero el contexto de guerra mundial y la más que evidente incapacidad de la pequeña república báltica para defenderse de la inminente llegada de la Alemania nazi, aconsejó a los Soviéticos ocuparla de nuevo.

Pese al tratado Lituano-Soviético de Asistencia mutua y tras valorar pros y contras, las autoridades de Vilnius decidieron colaborar con los nazis.
Hubieron dos grandes motivaciones para aquella decisión: La primera, legítima y comprensible, desde un punto de vista biológico, fue intentar sobrevivir. La segunda, no tan legítima, fue deshacerse de los Polacos que les habían tenido invadidos y a los que muchos allí odiaban.
Si conseguían meterlos en el mismo saco que a los Judíos y arrinconarlos en guetos junto a ellos, los Alemanes los exterminarían a todos juntos.

Ante el imparable avance de los nazis y sus aliados, Stalin hizo un llamamiento radiofónico a toda la unión Soviética. Aquello derivó en el "movimiento Partisano", un frente popular de guerrilleros que representó de forma heroica el emblema de "solo el pueblo salva al pueblo".
Desde la región de Yakutia, situada en una remota zona Siberiana de la Rusia más oriental, un humilde cazador, llamado Fiódor, se alistó al movimiento y, junto a su hermano, viajó desde sus remotas tierras hasta Vilnius.
Allí tenían una hermana de etnia Yakuta, al igual que ellos, y de fuertes convicciones en pro de la defensa de los oprimidos y la justicia.
Fiódor y su hermano sabían que no se quedarían de brazos cruzados ante el genocidio que en Vilnius se estaba gestando.

– Era una fría noche de septiembre de 1941 – prosiguió Daina – Gabija irrumpió en mí a las tres de aquella madrugada. Me explicó el motivo de su visita. No hizo falta que me explicara quién era, ya que ella sabía que mi madre me había preparado para cuando llegara la ocasión.
Me habló de Fiódor, de su hermano y de Leontieva, su hermana.
Me dijo que los dos hermanos de Fiódor morirían en los días siguientes, pero que él debía sobrevivir y que las poderosas y extraordinarias fuerzas del mal que actuaban en aquella situación, dejaban demasiados posibles acontecimientos en el terreno de lo "no escrito".
Si Fiódor no sobrevivía, el futuro de la humanidad era más que incierto.

El hermano de Fiódor murió, tras recibir un balazo en la frente, en unas escaramuzas que sucedieron en los bosques de los alrededores de Vilnius. Allí, partisanos Soviéticos (ciudadanos de Vilnius incluidos), Judíos y Polacos, luchaban, sin apenas oportunidades y en clara desigualdad, contra el ejercito nazi y los auxiliares Lituanos que se habían unido a ellos.
Daina "poseida" por Gabija
– Una semana más tarde, Gabija vino a verme de nuevo – continuó Daina – Su espíritu entró en mí y ya no volvería a salir hasta el día siguiente.
Tras ingerir un brebaje de plantas cuya composición desconocía totalmente y que preparé como  una autómata que lo hubiera hecho mil veces antes, salí corriendo desde la casa de Audra, donde vivía yo en aquel entonces, crucé el río Vilnia y llegué a un parque de la calle Trakų.
Leontieva y siete chicas Judías permanecían de pie ante soldados de un destacamento de la Einsatzgruppen, escuadrones de ejecución de las SS nazi.
No podía ver a Fiódor. ¿Donde estaba?, ¿se suponía que debía estar allí?, ¿debía buscarlo?.
Rememorando todo aquello, puedo decir que fue una analogía de lo que es la vida. No había tanto de que preocuparse y todo se fue sucediendo sin más y sin verlo venir del todo. Y acabó bien, No tanto como me hubiera gustado, Pero acabó bien – Concluyó Daina.

Entre el estruendo de los disparos de las ocho balas, los gritos de desesperación del público que deliberadamente fue llevado allí y el silencio sepulcral tras la caída al suelo de aquellos ocho cuerpos inertes que tan solo contaban con dieciséis años de vida, una fuerza ajena a Daina hizo que abordara al hombre que tenía delante.
Fiódor, con sus ojos rasgados empañados por las lagrimas, se había entremezclado con el público y apuntaba a los soldados nazis con una pistola Korovin, un arma Soviética que había resultado ser un fracaso y que el ejercito había desechado para su uso. El pobre Fiódor no había podido hacerse con algo mejor para luchar contra aquellas bestias.
Era un hombre de complexión fuerte, pero Daina se hizo con él con facilidad. Ni si quiera tuvo la sensación de que él luchara un mínimo.
La pistola cayó al suelo y la mujer situada delante de él se dio la vuelta y miró la pistola. Ni a Daina, ni a Fiódor, ya inconsciente en sus brazos.
Daina se dio cuenta de que, con el espíritu de Gabija en su interior, se hacía invisible. Ella y quién ella hiciese suyo. Y de que el tiempo dejaba de medirse en segundos. Y la distancia en metros.
Gabija volvió al "patio de los muertos", Daina volvía a estar en casa, y Fiódor reposaba, aún inconsciente, en la cama de ella.

– Fiódor despertó – Continuó Daina – Totalmente destruido por la muerte de sus hermanos y confundido ante la inverosimilitud de la historia que le expliqué, lloró durante dos días sin que yo pudiese ver lágrima alguna en sus ojos.
Me mantuve a su lado durante su desahogo. Me estuvo explicando lo que había vivido en aquellos bosques durante aquel último mes. El recuerdo de su hermano cayendo abatido a su lado con un agujero en la frente y el de su hermana Leontieva siendo fusilada, junto a aquellas otras siete chicas, lo llenaba de angustia, ira y culpabilidad a la vez.
Me estuvo hablando de la extrema crueldad de aquellos Alemanes y de lo que les había visto hacer con sus propios ojos en los bosques que rodeaban la ciudad.
Yo que hasta aquel entonces no había sido consciente del genocidio que perpetraban aquellos salvajes, abrí los ojos. Nunca dudé de Fiódor. Aquellos ojos rasgados, aunque llenos de rabia y sed de venganza en aquellos días, también irradiaban nobleza, integridad y enorme valentía.

Durante el siguiente año, hicieron crecer juntos la Fareynikte Partizaner Organizatsye (Organización de Partisanos Unidos) en Vilnius. El movimiento partisano había germinado y empezaba a dar sus frutos, con lo que pudo empezar a organizarse.
Las batallas contra los nazis y los policías auxiliares Lituanos, vendidos a su causa y apoyados por el alcalde de la ciudad, ya no eran divertidas cacerías para aquellos nazis asesinos hambrientos de sangre.
Jugándose la vida cada día, Fiódor y Daina alternaron la lucha armada en el campo de batalla, con la organización de una red de contrabando de armas y otras actividades para financiarse, y dieron cobijo en su casa a alrededor de cien judíos durante todo aquel tiempo.
En aquel año, salvaron a miles de ellos, pero de poco sirvió en realidad. 70.000 Judíos y Polacos fueron asesinados solo en la ciudad de Vilnius.

Audra se había calmado horas atrás y, totalmente absortos y cogidos de la mano, estuvimos escuchando a su madre sin apenas pestañear.
Audra se levantó y se dispuso a preparar agounų pienas (leche de Amapola), una sopa hecha con semillas de opio hervidas, muy típica en la celebración pagana de la nochebuena Lituana, llamada Kūčios, donde es tradicional servir doce platos. Entre ellos, unos pasteles de Cannabis.
La noche había caído y la nieve caía suave pero de forma persistente.
Pasear al día siguiente en aquellos bosques, entre nogales y abedules nevados, sería un placer que siempre me ilusionaba.

– Una noche, a principios del mes de agosto de 1942,  Fiódor me dijo que debía partir hacía sus tierras – Siguió explicándonos Daina.

Los Alemanes habían llegado a Stalingrado, la actual ciudad de Volgogrado. El mundo dependía de lo que sucediera en el frente oriental en aquellos próximos meses.
Entre besos y lágrimas, Daina y Fiódor se despidieron sabiendo que era muy probable que jamás se volvieran a ver.
Daina debía quedarse en Vilnius. Muchas vidas de Judíos, Polacos y Lituanos seguían en juego, y ella se había erigido en una importante líder moral. Sin ella allí, los ánimos de los partisanos decaerían notablemente.
Fiódor fue afortunado. Dado su pasado de cazador y su pericia en el manejo de rifles de precisión, fue destinado al grupo operativo de Francotiradores del ejercito rojo.
Estos debían demostrar una probabilidad del 50 % de alcanzar a un hombre en bipedestación a ochocientos metros de distancia, del 80 % de alcanzarlo a quinientos, y del 90 % a distancias que no superaran los doscientos metros.
Fiódor pasó más de seis meses en diversas localizaciones elevadas de aquella ciudad.

– La madrugada del 30 de enero de 1943,  Gabija volvió a mi habitación y se volvió a meter en mí interior – Continuo Daina.
Ahora ya sabía lo que implicaba estar "poseída" por Gabija. No me extrañó sentirme como teletransportada y de repente me encontré al lado de mi futuro marido.
Fiódor no podía verme a mí. Recuerdo que estaba muy sucio y temblando de frío, pero estaba guapísimo, o al menos así lo recuerdo yo.

Salía el sol en la mañana del día 31 de enero.
La noche anterior, Adolf Hitler, en un intento desesperado de insuflarle ego y orgullo, había ascendido a "mariscal de campo" al comandante del 6º ejercito nazi, un hombre llamado Friedrich.
Nunca en la historia un mariscal de campo Alemán se había rendido en el campo de batalla.
Friedrich, junto a sus hombres, estaba al límite de sus fuerzas, tanto física como anímicamente. Asediados por un ejercito rojo qué, tras haber revertido el rumbo de aquella batalla ayudado por la llegada del frío invierno, tenía cercados los sotanos de un edificio donde Friedrich, los escasos hombres útiles que le quedaban y tres mil nazis heridos, solo deseaban rendirse y que aquel infierno acabase.

Friedrich se dirigió a diez de sus hombres y les ordenó sacar a la calle a algunos de los cadáveres de los soldados que habían perecido la noche anterior.
El nauseabundo olor a carne muerta mermaba el ánimo de los pocos soldados que aún estaban dispuestos a hacer algo más que preguntarse el porqué de que su Führer no les sacase de allí. Otros  escribían cartas a sus familias para despedirse.
Ya no tenían ganas de disparar con lanzallamas a los soldados Soviéticos heridos. Tampoco de echarlos a sus Rottweilers para que les despedazasen.
Friedrich, dando ejemplo a sus hombres, salió a la calle arrastrando, cogido por las axilas, al primero de los tres o cuatro cadáveres que le tocaban.

Tras haberse recibido, unos días atrás, un soplo desde el servicio de espionaje Soviético, Fiódor había estado esperando aquel momento.
Nervioso, se posicionó y apuntó con su rifle Moisin Nagant 91/30.
La frase “Si malgastamos balas con la pescadilla, los peces gordos nunca asomarán la cabeza” que sus instructores de tiro tanto le repitieron en su formación, resonaba en su cabeza.
Los otros nueve nazis sacaron un cadáver cada uno. Fiódor esperó paciente. Calculó la distancia y calibró la mira telescópica.
Sus probabilidades de acertar a 1.100 metros de distancia eran mínimas, pero aquel uniforme de comandante y marca Hugo Boss, y la alta probabilidad de que aquel hombre fuese quien él creía que era, hacían que valiese la pena intentarlo.
Friedrich volvió a salir arrastrando su segundo cadáver. Fiódor situó su tórax en el centro de la mirilla y tensionó su dedo sobre el gatillo.
Friedrich dejó el cadáver y, erguido por un momento, indicó algo a alguno de sus soldados.
Tres, dos, uno. Fiódor presionó el gatillo y la bala salió disparada surcando los cielos de Stalingrado.
– "Mierda. Demasiado rápido...he perdido mi oportunidad –pensó Fiódor.

Daina, guiada por el espíritu de Gabija, acompañó a aquella bala en su recorrido hasta el corazón de Friedrich. Fiódor no lo sabía, pero la invisible presencia de su prometida, poseída por Gabija, hacía que el destino estuviera escrito y que no hubiese posible calibración errónea o vientos mal calculados que pudieran evitar que aquella bala no impactara en su blanco.
Dos segundos después el mariscal de campo Friedrich se desplomó y cayó al suelo.
Dos días después el 6º ejercito Alemán se rindió en Stalingrado.
Tres meses después Adolf Hitler se suicidó en Berlin y Belcebú salió de su cuerpo.

Atónito aún ante la historia que Daina nos acababa de relatar, los ladridos del perro de la casa colindante a la de los padres de Audra, me sacaron de aquel ensimismamiento.
Se abrió la puerta y entró el padre de Audra con el abrigo cubierto de nieve. Miré sus ojos rasgados. Audra y  Daina me miraban sonrientes y yo las miré totalmente desconcertado.

– Hola, soy Fiódor – me dijo aquel hombre al que yo había conocido como Mikita hasta aquel momento.
Fiódor Ojlópkov,
Me ofreció la mano, le correspondí con la mía y nos la reventamos mutuamente. Por primera vez adiviné algo parecido a una sonrisa en su rostro. Quería abrazarle.

Continuará...con la 4º y última entrega.

N. del A.: Fiódor Ojlópkov existió en la realidad y se le atribuyen 429 victimas en la batalla de Stalingrado.
Friedrich Paulus también existió, pero no fue víctima de Fiódor Ojlópkov. Tras rendirse, los Soviéticos fueron piadosos con él. Tras pasar diez años cautivo, fue liberado.
Leontieva no es un personaje real, pero el fusilamiento de aquellas ocho mujeres Judías sí lo es, y marcó el inicio del exterminio Judío en Vilnius.

Esta parte del relato mezcla grandes dosis de realidad, trufada con algo de ficción.
Habrá quien piense que incluye también cuestionables interpretaciones de algunos sucesos clave en la 2º guerra mundial, y un punto de vista algo parcial sobre lo sucedido allí.
Es posible. Desde la observación del mundo actual, prefiero interpretar la historia yo mismo, e incluso, si hace falta (no es el caso), llevar a cabo mi propio revisionismo histórico, antes de que otros lo hagan por mí.